lunes, 12 de agosto de 2013
Amati en el Teatro Nacional
viernes, 19 de julio de 2013
La revolución política
Como los cientos de miles de costarricenses decepcionados de la política en este país, no tengo por quién votar en las próximas elecciones. Profundizando en las razones, me he dado cuenta que no son los candidatos quienes me hacen sentir desidia; los partidos políticos se han encargado, en los últimos 15-20 años de acabar con el ánimo hasta del votante más entusiasta. Como lo señaló don Jorge Guardia en su columna esta semana, el problema podría ser la falta de claridad en la ideología de los partidos. Así por ejemplo, quienes se llaman liberacionistas, saben que dicho partido ya no se rige por los principios social demócratas, sino que ahora son neoliberales.
Lo cierto es que hay muchas causas más. ¿Cuáles? Eso ya no importa. La suerte está echada para los ticos y los próximos cuatro años. NI siquiera una alianza podría evitar lo inevitable, pues una alianza entre partidos (PAC, ML, FA, etc.) tan disímiles, que no tienen vínculos comunes entre sí, ni siquiera ideologías claras, podrán arrebatarle a Liberación su tercera victoria al hilo. (Y sinceramente, prefiero que no lo hagan).
Ha llegado la hora Ahora lo que corresponde es pensar en el 2018. Es hora de iniciar un proyecto más grande que cualquiera de los partidos existentes, que recoja los anhelos de todos y que promueva la participación de aquellos interesados y preocupados porque este país se proyecte a futuro, como un ejemplo a seguir en las democracias latinoamericanas. Un proyecto de gente experimentada y honesta. De gente inexperta pero ansiosa de cambiar al país.
Es hora de hacer ver, sobre todo a los más viejos, que ya no podemos recuperar aquella Costa Rica de los años dorados. Es hora de hacer ver, sobre todo a los más jóvenes, que no podemos construir la Costa Rica que queremos, mientras ellos se sigan alejando de la política. Ya es hora, de que todos nosotros, comprendamos que ha llegado el momento de hacer un giro en la política. Que ya los partidos tradicionales murieron. Que debe surgir un nuevo partido que amalgame la sabiduría de los viejos que anteponen siempre la honradez y la justicia social y la energía de los jóvenes que quieren luchar por un país más equitativo y equilibrado.
Una propuesta limpia Todos los costarricenses sabemos que nuestra bendición como país subyace en la seguridad social y la educación, ambos pilares de nuestra sociedad por años. No obstante, hoy se ha debilitado por un desequilibrio entre el Estado benefactor que ha crecido de forma desmedida y la ineficiencia en el manejo de los recursos públicos. Todos sabemos que ha sido gracias a las oportunidades que el Estado de Derecho nos ha dado, que miles han podido desarrollarse según sus capacidades en negocios propios y es obligación del Estado, el seguir promoviendo más oportunidades para los ciudadanos que quieran surgir.
Por eso, es prioritario el equilibrio entre la salud, la educación y las oportunidades, pues la Costa Rica del siglo XXI deberá sustentar ambos escenarios, el de la izquierda y el de la derecha en una proporción tal, que este nuevo enfoque se ubique ideológicamente en el centro del espectro político. ¿Existe hoy alguna propuesta de algún partido político nuevo, que no involucre gente que ha manchado el honor del país? ¿No deberíamos buscar el espacio para crear dicha propuesta? Urgen ideas y personas honradas para empezar con esta revolución política.
miércoles, 10 de julio de 2013
Escala de valores
Porque normalmente lo que más descuidamos es aquello que tenemos más cerca de nosotros. Imagino que deben ser la cercanía, la costumbre y la cotidianidad, los tres elementos que se confabulan para perder de vista lo hermoso y lo bello que son todas esas cosas que tenemos a mano y nunca valoramos. O mejor dicho, que sí valoramos pero no les prestamos la atención debida.
Es hora de dar a cada cosa su debido peso. Su debido valor y atención correspondiente. Y reorganizar la escala de valores para priorizar aquello que lo merece. El amor, por cierto, debería ser la moneda con la que realizamos las transacciones en esta escala de valores.
Para estar bien con nosotros mismos, deberíamos aprender a poner todas nuestras monedas en aquello que más amamos. Porque nos da equilibrio. Nos inspira el alma. Y nos regala ilusión.
Ilusión para vivir una vida plena.
Una vida juntos.
sábado, 1 de junio de 2013
Guerra fría y el origen del Teléfono Rojo
lunes, 22 de abril de 2013
En el Día de la Madre Tierra
Pero la sola experiencia de visitar un restaurante de comida rápida, da al traste con lo enseñado, porque todos sabemos la cantidad tan absurda de papel que se consume con cada 'combo'. Más aún: el solo hecho de vivir en un mundo occidentalizado, obliga a hacer un 'mea culpa' absoluta porque lo queramos o no, cada uno de nosotros consume toneladas y toneladas de recursos.
¿Qué hacer?
A mí solo me ocurre una cosa.
Y no tiene que ver con los cambios que cada uno de nosotros debería hacer para disminuir, aunque sea un poco, la 'huella'.
Tiene que ver con el enfoque del problema.
Normalmente escuchamos a los medios y entidades enfatizar sobre la importancia de la ecología, y la contaminación del planeta, y los cambios climáticos, y etcétera. Todo enfocado en el daño que sufre nuestra Madre Tierra.
Aquí subyace el error de todo.
No es la Tierra quien sufre. Somos nosotros.
Al planeta no le importa si contaminamos, o si hay deshielo, o si nos quedamos sin fuentes de agua potable o atiborramos la atmósfera de CO2. En caso de que la humanidad desaparezca por causa de la contaminación, el planeta hará los ajustes necesarios, se tomará el tiempo necesario (10 mil, 20 mil, 50 mil, 100 mil años) para reestablecer el equilibrio, y la vida de nuevo se renovará (aunque lo cierto es que la vida siempre existirá, solo que no la nuestra -como raza humana-).
¿Y nosotros? Desaparecidos por nuestra propia culpa.
Porque como siempre, el enfoque lo hacemos hacia afuera, como queriéndonos desligar de nuestras responsabilidades y nuestros problemas. Y esa actitud es la que debemos cambiar. Mientras no se insista en el daño que nos hacemos como humanidad, y llevarlo al plano personal de auto exterminio y desaparición de la raza humana, no haremos conciencia real sobre la gravedad de las cosas.
jueves, 18 de abril de 2013
Gente valiosa
En fin, lo cierto es que la profesión no es ni mejor ni peor que otras. Pero tiene ese 'algo' particular que la diferencia de otros empleos o profesiones y es el trato con las personas. Justamente por ahí me enamoré de este oficio. De niño me gustaba acompañar a mi papá cuando salía a visitar clientes, esto es, acompañarlo en su diario vivir. Me gustaba ver su relación con otras personas, el trato, la cordialidad, el respeto, el aprecio, el don de gentes. Conocer personas era para mí algo interesante y me entusiasmaba mucho. ¡Yo quería trabajar en eso!
Confieso también que derivado de lo anterior, el don de gentes, es algo que yo he valorado desde niño, desde siempre. Y tiene, para los efectos de esta historia, dos aristas:
La primera, hacia afuera: es fácil detectar quienes lo tienen y quienes no. En el colegio, por ejemplo, me disgustaba ver compañeros creerse especiales o mejores sin ninguna razón. Y escuchar, ahora viejo, que algunos de ellos siguen 'ignorando' a quienes ignoraban en aquel entonces, me parece absurdo (Ridículo es la palabra). Tenía compañeros que en cambio, sí tenían don de gentes, eran abiertos a todos y todas sin etiquetar ni juzgar. Para mí, ellos son los más valiosos.
La segunda, hacia adentro: Muchas veces me juzgan (sé que me pasa a diario) únicamente por la apariencia. Pero lo cierto es que no debería ser así. No sabemos quien tiene don de gentes hasta que no conozcamos a la persona cara a cara. De ahí que no deberíamos juzgar a nadie hasta no estar cerca de la otra persona, ojalá sentados de frente y así darnos la oportunidad para conversar al menos un instante. Estoy seguro que a usted le pasa igual que a mí: que los demás nos juzgan por cómo nos vemos, y muchos de ellos, si lo hacen con algún prejuicio o recelo de por medio, nos pondrá una etiqueta en la frente. La oportunidad de charlar corre entonces el riesgo de posponerse por siempre.
De ahí que me parezca lamentable saber que existen personas a quienes no he conocido y que me gustaría conocer, pero que nunca podré pese a puedan existir afinidades
, si ni siquiera se dan las oportunidades para hacerlo. Y es que nunca sabemos dónde encontraremos una grata conversación. Por ejemplo, me considero amigo de dos señores, uno de 76 y y otro de 74 años de edad. Con ellos disfruto de conversaciones interesantísimas. Con ambos comparto mucho, pues siento que tengo mucha afinidad en diferentes temas, pese a las diferencias de edad. Y yo celebro cada vez que comparto con ellos. ¿No sería extraordinario poder hacer crecer esa red de personas interesantes con quienes poder entablar conversaciones valiosas?
La afinidad con algunas personas merecería celebrarse, pero primero habría que conocerse. Y el solo hecho de proponerlo -el conocerse- en estos días, genera malas interpretaciones, cuando lo cierto es que esto solo denota inmadurez y falta de visión. Y lo que bien podría ayudar a enriquecer nuestras vidas, se quedará por siempre vacío.
jueves, 11 de abril de 2013
Siempre hay otro camino
Este compañero, un extranjero, con esposa y dos hijos, lleva ya ocho meses después del fatal diagnóstico, viviendo su vida de una forma más relajada, más cerca de sus pequeños, apresurando experiencias familiares, y también más cerca de Dios. "¿Pero cómo has hecho para extender el plazo fatal del médico?", fue la pregunta esencial de mi hermano, quien según me decía, estuvo con el corazón oprimido con cada palabra que emergía de este impresionante relato. -"Bueno", dijo su amigo, "todo empezó confrontando de forma directa las dos cosas más básicas que los médicos insisten en hacer cuando se está con quimioterapia: la alimentación por ellos recomendada y el descanso para recuperarme rápidamente de la quimioterapia".
En cuanto a la dieta, este héroe -no encuentro otro adjetivo calificativo más apropiado para encasillarlo- insistió en eliminar permanentemente los cereales y granos tales como trigo, maíz, arroz, y por ende pastas, panes, harinas, etc., así como lácteos. Se alimenta de pescados, pollo, frutas, verduras, semillas, aceites, algo así como lo que recomienda la dieta paleolítica (un link entretenido al respecto es http://www.nerdfitness.com/blog/2010/10/04/the-beginners-guide-to-the-paleo-diet/).
En cuanto al ejercicio, no hay duda que depende de cada persona, cada estado de ánimo y personalidad, el poder llevarlo a cabo durante la durisima etapa de la quimioterapia. Y precisamente por eso, muchas veces los médicos recomiendan reposo absoluto, entendiendo que el paciente de por sí, no está en capacidad de practicarlo. En el caso que nos ocupa, nuestro 'héroe' decidió, la segunda vez que recibió quimioterapia, y pese al absoluto cansancio que sentía, hacer ejercicio. Primero salió a caminar y luego correr. Asegura que el cansancio que sentía por el debilitamiento del tratamiento lo superó rápidamente y le ayudó emocional y anímicamente, ya que se sentía mucho más dispuesto y positivo. Además, le explicaba a mi hermano que de algún modo, sentía y sabía que eliminaba más rápidamente todas las toxinas generadas por el tratamiento. Y está convencido de que dentro del grupo de personas que recibían el tratamiento en ese momento, fue quien más rápido lo superó. (Sugiero buscar varios artículos en la red al respecto: chemotherapy + exercise).
No tengo cerca a ninguna persona a quien pueda transmitir esta información, la cual según creo, es muy importante y relevante pues en escenarios como éstos, es sumamente valioso buscar soluciones alternativas que permitan a la persona encarar todas las posibilidades de una forma pro positiva. El testimonio de este muchacho (lo llamo así pues menor que yo) es inspirador. Y de algún modo espero que sirva para inspirar a quien así lo quiera, hombre o mujer, a que dé un paso más por buscar lo mejor para sí.
Hoy, este 'héroe' sigue haciendo su dieta y ejercicio...
domingo, 31 de marzo de 2013
Reencuentro vacacional
Volviendo al tema, no entiendo cómo la gente dice descansar viajando a la playa. Yo, de solo imaginar las presas que hay que aguantarse al regreso, me siento cansado. Y ni qué decir del molote de gente que debe haber en cada rincón de cualquier playa de este país. Claro que debo confesar que hay algo que a mí me incomoda -por no decir que me molesta- y es estar alrededor de mucha gente. Puedo estar algún día o dos, sin problema. Pero varios días, bueno, no. Las aglomeraciones me hacen perder la cordura y la calma. En cambio, valoro muchísimo el silencio, el espacio (aunque sea reducido), la tranquilidad; y si he de compartir con otros, que sea con mi familia. O con mis amigos, que de por sí, no superan los cinco.
Lo cierto es que las vacaciones sirven para reencontrarse con uno mismo. Al menos eso he sentido yo en estos últimos días. Tanto trabajo, tantas cosas por resolver, tantos clientes por atender, tantas llamadas, tantos correos, tantos...¿y nosotros? ¿Adónde queda nuestra esencia? ¿Adónde nuestra mente y nuestro corazón?
Valoro mucho el tener la oportunidad de el 'reencuentro' conmigo mismo pues pese a que uno siempre cree que hace bien las cosas -ese es el afán cotidiano- no siempre es así. Y lo más importante que existe (esposa e hijos) probablemente no han tenido, últimamente, al mejor esposo ni al mejor papá que podrían tener.
La discusión de si se hacen cambios en la rutina laboral diaria para mejorar en esto que resulta ser algo medular -mi propio ser enfocado en ofrecerme a ellos como se debe- es definitiva. Y la priorización de tareas, pero sobre todo del amor que merecen, aún más. Porque afortunadamente, no hay que hacer esfuerzos para amarlos. Es más bien, dejar fluir lo que contengo y mostrarlo sin barreras.
Estar al lado de mis hijos solo hace que me enamore más de ellos. Y es que a cada momento me sorprenden con sus ideas, comentarios, pensamientos, juegos y travesuras. Le dan un sentido a mi vida a un nivel muy superior de lo que pueda yo intentar explicar acá.
Y poder compartir con mi esposa, a lo largo de los días (pues trabajando ambos, es difícil compartir en la cotidianidad más allá de las típicas carreras diarias), es una bendición, pues me doy cuenta no solamente del porqué me casé con ella y porqué me gusta tanto. Me doy cuenta de que sigo enamorado de ella. Y de que la amo.
Así que sí, no hice tanto ejercicio, ni leí tanto ni jugué tanto como quería. Pero estas vacaciones pusieron mi mente y mi corazón de vuelta adonde corresponden. Y eso, sin duda, es lo más valioso de todo.
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Finalmente, como nunca, trato de vivir disfrutando de esto que Dios me da: una vida, que yo no pedí que me diera. Porque todo es tan efímero, que a veces siento temor por la rapidez con la que se consumen los años.
¿Soy realmente el hombre que quiero ser? Urge encontrar sentido a todo ésto. (El sentido real de todo, probablemente esté adentro de mi corazón, pero no me atrevo a cambiar. Y creo no estar solo...).
Al menos, de mi parte, lo menos que puedo hacer hoy en día, es dar gracias.
sábado, 16 de marzo de 2013
El Teatro de las Ausencias
jueves, 7 de febrero de 2013
Notables, diputados y utopía ética
miércoles, 9 de enero de 2013
¿Existe la oposición?
Porque seamos sinceros. No hay rivales. Ni uno solo. Ya no se trata de que don Johnny demuestre sus atestados personales. Ni sus logros en 20 años como alcalde de San José. Ni su línea socialdemócrataNi de si se va a desmarcar de los Arias o buscará acercarse a ellos (algo muy poco probable por las históricas diferencias entre don Luis Alberto Monge y don Óscar). Ni de que por tercer vez consecutiva el PLN llegue al poder; ni de sus propuestas como candidato presidencial. Es más: con suerte no propone nada porque ¿para qué proponer y ponerse la soga al cuello si a como están las cosas lo único que hace falta es juramentarlo?
No. Es que en Costa Rica, no tenemos un solo personaje político de peso que reúna lo necesario para enfrentar a otros candidatos. Lo necesario para convertirse en presidente del país. La debilidad de la oposición es absulta. Debilidad alimentada por varios factores:
(1) Son demasiados partidos. Esta fragmentación, en vez de dar mayor participación al ciudadano, lo que ha hecho es debilitar las fuerzas opositoras que de otra forma se reunirían alrededor de un mismo partido. Por ende, se diluye la fuerza con que una idea se plantearía frente al gobierno y/o un candidato presidencial;
(2) Muchas ideologías. Tanto partido implica ideologías heterogéneas que plantean soluciones diferentes para los mismos problemas. Y para el elector, un arroz con mango.
(3) Ausencia de líderes. No hay una sola figura política que al día de hoy, sobresalga como para asumir el reto de aglutinar a la oposición contra el PLN;
(4) La oposición está enfocada -si es que existiese la posibilidad de unirla- en vencer al PLN. No podría ser peor. La oposición ha gastado (y gastará) más cartuchos desprestigiando al PLN que dándonos, a los costarricenses, ideas, proyectos, soluciones.
Lo grave subyace en que más allá de buscar un potencial candidato opositor, ¿a quienes pondrán entonces como vicepresidentes? ¿A quienes como ministros y diputados? ¿Quienes serían los padrinos políticos y los que apadrinen el financiamiento de este esfuerzo opositor? Es el colmo que en Costa Rica no tengamos una opción sana, sesuda, inteligente, para las próximas elecciones. El futuro del país está en juego, y los políticos tradicionales más bien lo ven todo desde la perspectiva del juego y no del futuro.
Lo que se avecina es un refrito de ex candidatos y ex presidentes gastadísimos, desteñidos y viejos, quienes, a no dudarlo, se frotaban las manos mientras escuchaban a don Rodrigo retirarse de la contienda y ahora están prestos a lanzar sus candidaturas. Que Dios nos agarre confesados.
miércoles, 2 de enero de 2013
Sonreír
Pero lo cierto es que ya no sonrío como antes.
Dicho de otra forma, cosas que antes me hacían sonreír, lo siguen haciendo, solo que sonrío por dentro, ya no por fuera.
Y ahora me contengo en hablar. Callo.
Quisiera decir que tiene que ver con madurez. Pero no estoy seguro.
Quizá la prudencia y el silencio se han apoderado un poco de mí. Lo cual de ningún modo me preocupa.
Es más: diría que por primera vez ingreso en el sendero por el cual debí caminar hace algún tiempo, cuando la razón me decía que debía callar muchas cosas, y en cambio meditar sobre otras. Quizá sea eso.
¿Será un primer paso hacia un nivel de madurez más acorde con las experiencias?
Más de uno -de quienes me conocen realmente- diría que ya iba siendo hora. De niño, y sobre todo de adolescente, me metí en problemas por no mantener mi boca bien cerrada.
Dice Anselm Grüm, en su libro "Elogio al silencio", que pese a que exteriormente guardamos silencio, interiormente hablamos sin parar: "en nosotros hablan los impulsos insatisfechos, las necesidades no atendidas; en nosotros hablan las emociones y los estados de ánimo que no han alcanzado el equilibrio; y en nosotros hablan también la vanidad y la ambición. El silencio exterior no nos dice si hemos aprendido a guardar silencio interiormente...y lo que cuenta es ese silencio interior".
Creo que en esto debo trabajar mucho.
En el silencio interior.






