Este 6 de junio se conmemoran 70 años del desembarco de las tropas aliadas en Normandía, durante la Segunda Guerra Mundial. La “Operación Overlord” (también conocida como “Día D”), fue descrita por Winston Churchill como “la operación más difícil y complicada de su tipo en celebrarse jamás”. El asalto se daría en cinco playas francesas –estratégicamente denominadas Utah, Omaha, Gold, Juno y Sword- ubicadas al noroeste de Francia y ocupadas en ese momento por los nazis. La batalla de Normandía sería crucial pues desde el 6 de junio hasta el 25 de agosto, día de la conquista de París, ingresaron más de 250,000 tropas aliadas y 50,000 vehículos.
Ingleses y norteamericanos habían lanzado una estrategia ofensiva que logró desorientar al mando alemán desde mucho tiempo atrás. Tanto así, que seis semanas después del desembarco, Hitler, todavía desorientado con información suministrada por contraespías y por no seguir la estrategia de defensa sugerida por su general Rommel, seguía pensando que los aliados no ingresarían por Normandía. Estaba seguro de que la dificultad del terreno marino impediría a los buques aliados acercarse a tierra por la poca profundidad. No sabía que los aliados contaban con lanchas de desembarco diseñadas especialmente para este fin.
Playa Omaha A estas alturas, Alemania ya había perdido África y estaba siendo cercada por los aliados; el ‘Ejército Rojo’ estaba ya en Polonia y los alemanes invertían grandes recursos de defensa en Italia. Era evidente la posibilidad de que los aliados abrieran un segundo frente de batalla (algo en lo que Stalin insistía mucho) y por ello, ante el temor de una invasión desde Inglaterra, Hitler encargó construir lo que denominaron el “Muro del Atlántico”: un corredor a todo lo largo de la costa francesa, provisto de artilleros, búnkers de toda clase, y miles de obstáculos en las playas, tales como pilones minados, vigas de acero denominadas ‘erizos checos’, estacas de acero enterradas en la arena para destrozar naves anfibias, miles y miles de minas y rollos de alambre.
Si bien la operación de este asalto anfibio resultó un éxito, Playa Omaha, con 8 kilómetros de ancho, era la que presentaba una dificultad especial por sus condiciones particulares: acantilados, ciénagas y pantanos que entorpecían las tareas de asalto más básicas. A eso hay que sumarle que dicha playa era defendida por la 352° División de Infantería alemana, la mejor división apostada en estas costas. División que corrió con la suerte de que los bombardeos aliados –que pretendían borrar las defensas alemanas apostadas en las playas- no los alcanzaron.
En la madrugada del 6 de junio de 1944, el mar se agitaba furiosamente al iniciar el desembarco, pasando una alta factura pues al menos diez lanchas cargadas de tropas no lograron siquiera llegar a la playa. Tal era el oleaje, que solo dos de las primeras nueve compañías que desembarcaron en la primera fase del asalto, lograron hacerlo donde les correspondía. Para colmo de males, cuando alcanzaban la playa, eran recibidos por el fuego directo de artillería, morteros y ametralladoras alemanas.
Los soldados norteamericanos (encargados de tomar Playa Omaha) eran masacrados por los alemanes desde antes de bajarse de las lanchas. Si saltaban al mar, los 30 kilos de peso en equipo los hundía hasta ahogarlos. Y en caso de llegar con vida a la orilla, debían sortear 180 metros de playa hasta ocultarse en las rocas. El Sargento alemán Frank Gorkel, comentó que en siete horas y media disparó más de 12,000 proyectiles con su ametralladora a las tropas norteamericanas. Esa mañana, dos mil hombres (la mayoría muchachos entre los 19 y 20 años de edad) perdieron su vida en el asalto.
Los Botes Higgins Resulta interesante considerar que fueron los botes diseñados por Andrew Higgins los que dieron un giro a la ofensiva aliada y por ende, facilitaron el desarrollo de la estrategia que dio fin a la Segunda Guerra Mundial, tanto así, que Dwight D. Eisenhower dijo años después: “Higgins es el hombre que ganó la guerra por nosotros”.
El señor Higgins, que por años había luchado por demostrar que sus diseños eran mejores a los que tercamente proponía y desarrollaba el Buró de Armas Navales, finalmente los convenció, venciendo a otras lanchas en pruebas y competencias. Por fin, en Noviembre de 1940 se le autorizó a construir más de 20,000 lanchas de desembarco de tropas y equipo, que fueron llamadas los Botes Higgins. Para ello requirió contratar más de 20,000 trabajadores en su planta en Nueva Orleans. Aquí sorprende que Higgins, además de ayudar a la causa aliada, demostró estar adelantado a su época: un 50% de su fuera laboral estaba conformado por mujeres; blancos y negros trabajaban hombro a hombro pese a la segregación racial de la época; en la planta, trabajaban personas con discapacidad; y a todos, sin excepción, se les pagaba el mismo salario.
Cuando finalmente se le explicó la forma como los aliados habían desembarcado en Normandía, Hitler, refiriéndose al hombre que había diseñado estas lanchas, dijo: “este hombre es el nuevo Noé…”.