lunes, 17 de diciembre de 2018

Simbolismos en el Portal

En muchísimas casas del país sigue siendo costumbre apartar un espacio para colocar un portal, la escena de la Natividad, que conocemos como Pasito o portal. ¿Qué simbolismos tiene?
Los elementos que le dan su estructura clásica -aparte de la Sagrada Familia- son: los Reyes Magos, el pastorcito, el buey, la mula, el Arcángel Gabriel, la estrella y el pesebre. Como veremos, no son solo adornitos. Y cuando falta alguno, se destruye el simbolismo de esta sólida estructura.
Lo primero es recordar que Jesús une al mundo, es el principio y el fin, por eso es el Alfa y el Omega. Él une los extremos, de las culturas, de las sociedades y de la fe.
En el Antiguo Testamento el buey representa un animal puro; la mula, un animal impuro. Pero ambos son ganado doméstico que come del pesebre. El buey también representa al pueblo judío, que lleva sobre sí el yugo de la Ley de Dios; simboliza fuerza y resistencia. La mula -o burro- representa a los gentiles, hombres sencillos, sin ley. Ahora, convertidos todos al cristianismo, se alimentan del Pan de Vida. Benedicto XVI señala que los dos animales están en representación de la humanidad. Un caballo, por ejemplo, no tiene cabida allí en esta escena, pues es un animal usado en las guerras. El burro sí, pues representa paz. El buey y la mula simbolizan el trabajo y la paz.
Algo interesante es que en Isaías1,3 dice: “El buey conoce a su dueño, y el burro, el pesebre de su señor, pero Israel no me conoce, mi pueblo no me comprende”. Con el nacimiento de Jesús, simbolizan que a partir de ahora, todos los pueblos le reconocerán.
Mencioné lo del Pan de Vida, pues un pesebre es un recipiente donde come el ganado doméstico. Y ahí es donde María coloca al recién nacido. Por su forma, el pesebre también representa al Arca de la Alianza, que lleva dentro el Maná.
En el Evangelio no se habla de reyes, sino de magos (palabra que en persa significa sacerdote; es decir, no son hechiceros sino hombres sabios), que venían de Oriente y que seguían Su estrella (Mt. 2, 1-2). No dice nada de cuantos eran, ni tampoco sus nombres. Pero sí menciona que traían oro (para el rey), incienso (para el Dios) y mirra (para el hombre).
Lo anterior hace presuponer que eran tres. De ahí que en la cultura medieval se desarrolló el concepto de que eran tres reyes magos. Y en ese entonces se creía que existían tres razas de hombres: los europeos (Melchor, el más viejo de los tres, que llega en camello y entrega la mirra); los africanos (representados por Baltasar, el de edad madura que viaja sobre un elefante y entrega el oro); y los asiáticos, (Gaspar, el más joven, que viaja a caballo y entrega el incienso). Simbolizan a los hombres de todo el mundo que sin importar las distancias, buscan la verdad. ¿Y los nombres? Hay un fresco del siglo VI (año 500), en la glesia de San Apolinar Nuovo, en Rávena (Italia), en el que "se les asignaron los nombres de "Melchor", "Gaspar" y "Baltasar",​ que supuestamente equivalen en griego a "Appellicon", "Amerín" y "Damascón" y en hebreo a "Magalath", "Serakin" y "Galgalath".
En la jerarquía social, no hay nadie más alto que un rey y nadie más sencillo que un pastor (como por ejemplo, Pedro, el de Heidi). Esos son los extremos. Pero en la escena de su nacimiento, ambos están presentes, pues Jesús los une. Además, el pastor también simboliza que Jesús asumirá su rol de pastor y de hecho, inicialmente se acostumbraba colocar 12 ovejas en los portales.
Las estrellas representan sabiduría y conocimiento y brillan en la oscuridad de la ignorancia. Desde siempre, desde el primer día del hombre con conciencia, se convirtieron en mensajeras de lo Alto. En nuestro caso, la Estrella de Belén en el portal es indispensable. Representa la guía de la fe del creyente. También simboliza el nacimiento de Jesús (por eso los árboles de Navidad llevan una estrella en su cima) y simboliza el cielo. Es Jesús quien une al cielo con la Tierra, es el símbolo del hombre y su trascendencia terrenal por medio de la esperanza.
El Arcángel Gabriel simboliza pureza (nos aleja de la falsedad), inocencia y alegría. Nos comunica y recuerda la obligación de todo hombre de purificar su camino terrenal, alejándose del odio, los celos, los rencores y los vicios. Estas son tareas difíciles para el hombre común. Por eso Gabriel significa "Fortaleza de Dios".
La historia dice que fue a raíz de un portal que San Francisco de Asis creo en el año 1223, que luego esta costumbre se popularizó. Pero resulta interesante que en la catacumbas romanas de Priscila (un cementerio romano) se han encontrado escenas paleocristianas de la Anunciación y el Nacimiento.
Cielo y tierra; lo puro con lo impuro; la unión de los hombres; la pureza del hombre. Y el Nacimiento de Jesús, en el centro de todo.