Iniciaron las Olimpiadas Londres 2012. Y con ellas, las sorpresas. Ayer Michael Phelps decepcionó al no subir al podio durante su primera competencia. Hoy, la Selección Española cayó ante Honduras y quedó eliminada. Es cierto, no son los jugadores de la selección mayor. Pero eso no exime a los entendidos de catalogar su participación en Londres 2012 como un desastre de magnitudes olímpicas (España también perdió contra Japón 1-0).
Y aprovechándome de la coyuntura del tema, quisiera recordar este artículo sobre la forma como los ticos vivimos el día en que casi, casi, le ganamos a los campeones del mundo...(Página 15, La Nación, 19-nov-2011 http://www.nacion.com/2011-11-19/Opinion/-mereciamos--ganar-a-espana-.aspx)
El miércoles pasado vivimos un episodio futbolístico de esos que no se olvidan. Días antes perdimos contra Panamá (de nuevo), y en este año el rendimiento de la Sele llega apenas a un 30%. Pero el espejismo es tal que nos creímos superiores a España en materia futbolística. ¿Realmente merecíamos ganar? La pregunta es cínica y la respuesta no tiene que ver con futbol, sino con un padecimiento que nos afecta a todos los ticos en mayor o menor grado.
España sufre los males crónicos de rigor, como el desempleo y el estancamiento económico, en donde pese al esfuerzo de reformas y políticas macroeconómicas, el problema persiste pues son varios los factores que inciden, entre ellos, un déficit público que llega al 11% del PIB; y el paro que ronda el 20% (y en jóvenes casi el 40%).
Coincidentemente, el día del partido, 15 de noviembre, los indignados cumplieron seis meses de protestas en Madrid. Pese a lo anterior, la Península Ibérica es cuna de deportistas de la más alta talla mundial: Rafael Nadal, David Ferrer, Fernando Verdasco y Feliciano López en tenis; Fernando Alonso en automovilismo; Pau Gasol en baloncesto; y, claro, los campeones mundiales: Xavi, Casillas, Puyol, Villa, el ‘Niño’, Arbeloa, Iniesta, Ramos, Fábregas, Busquets, Torres, Valdés.
Quisimos equipararnos en fútbol y en cambio sí estamos equiparados en problemas económicos. Y mientras ellos ahogan sus penas en el buen desempeño de sus atletas, aquí quienes nos salvan la tanda son Nery , el Tiquito, Hanna y Sharolyn Scott, quien hubiera podido ganar una medalla en los Juegos Panamericanos, de no ser porque entrena sus saltos con vallas imaginarias...
Eficiencia excepcional. ¿Se dio usted cuenta que el día del partido, todas las personas hacían sus trabajos de forma proactiva y sin demoras? No hacía falta que el jefe estuviera encima del empleado diciéndole qué hacer; ni el mensajero, repartidor, vendedor o ejecutivo de cuenta tomándose todo el tiempo para atender al próximo cliente. En la calle el tráfico fluía con cortesía y sin contratiempos. Y así, de forma sincronizada, como una danza entre la economía formal e informal, todos unidos sacamos la faena antes de las 3 p. m. ¿Por qué necesitamos de un estímulo como el partido para hacer las cosas bien? Los mismos jugadores de la Sele parece que jugaron impulsados por una dinámica personal, un motor interno de motivación que justificaba cualquier sacrificio y entrega porque se enfrentaban contra el campeón del mundo. Motivación y dinámica que no vemos nunca cuando juegan en Concacaf. ¿Qué es lo que sucedió el miércoles? ¿Qué pasó con los jugadores? Y ¿qué paso con nosotros mismos?
Este miércoles, Costa Rica giró a una velocidad productiva vertiginosa, cual si fuéramos una potencia económica mundial, enfocada en el trabajo conjunto, sincronizado, eficiente, efectivo, automotivado, proactivo y decididamente funcional. Todos sabemos que urgen cambios, reformas y sacrificios por parte del Gobierno. Pero urge también que cada uno de nosotros dé lo mejor de sí, todos los días, si queremos un cambio en el país. Citando a Kennedy: “No pregunte qué puede hacer el Gobierno por usted; pregúntese ‘qué puedo hacer yo por mi país’ ”. Porque el país somos nosotros y de nosotros dependerá que podamos vivir en un país productivo, sólido económicamente y seguro para nuestros hijos.
¿La motivación? Entender que si un árbol crece y extiende sus ramas lo más que puede, porque esa es su naturaleza, del mismo modo, dar nosotros lo más que podemos, pues esa también es nuestra naturaleza. Y no, como pasó el jueves después del partido, que todos volvimos al mismo ritmo de siempre, de postergar trabajo, de dejarlo para después, de llevarla suave, para seguir viviendo en el ‘pura vida’ y el nadadito de perro. Como si nuestra naturaleza y nuestra misión como hombres y mujeres fuera trabajar menos, hacer menos, producir menos...








