miércoles, 4 de junio de 2014

El desembarco en Normandía: Playa Omaha y los Botes Higgins

Este 6 de junio se conmemoran 70 años del desembarco de las tropas aliadas en Normandía, durante la Segunda Guerra Mundial. La “Operación Overlord” (también conocida como “Día D”), fue descrita por Winston Churchill como  “la operación más difícil y complicada de su tipo en celebrarse jamás”. El asalto se daría en cinco playas francesas –estratégicamente denominadas Utah, Omaha, Gold, Juno y Sword- ubicadas al noroeste de Francia y ocupadas en ese momento por los nazis. La batalla de Normandía sería crucial pues desde el 6 de junio hasta el 25 de agosto, día de la conquista de París, ingresaron más de 250,000 tropas aliadas y 50,000 vehículos.

Ingleses y norteamericanos habían lanzado una estrategia ofensiva que logró desorientar al mando alemán desde mucho tiempo atrás. Tanto así, que seis semanas después del desembarco, Hitler, todavía desorientado con información suministrada por contraespías y por no seguir la estrategia de defensa sugerida por su general Rommel, seguía pensando que los aliados no ingresarían por Normandía. Estaba seguro de que la dificultad del terreno marino impediría a los buques aliados acercarse a tierra por la poca profundidad. No sabía que los aliados contaban con lanchas de desembarco diseñadas especialmente para este fin.

Playa Omaha A estas alturas, Alemania ya había perdido África y estaba siendo cercada por los aliados; el ‘Ejército Rojo’ estaba ya en Polonia y los alemanes invertían grandes recursos de defensa en Italia. Era evidente la posibilidad de que los aliados abrieran un segundo frente de batalla (algo en lo que Stalin insistía mucho) y por ello, ante el temor de una invasión desde Inglaterra, Hitler encargó construir lo que denominaron el “Muro del Atlántico”: un corredor a todo lo largo de la costa francesa, provisto de artilleros, búnkers de toda clase, y miles de obstáculos en las playas, tales como pilones minados, vigas de acero denominadas ‘erizos checos’, estacas de acero enterradas en la arena para destrozar naves anfibias, miles y miles de minas y rollos de alambre.

Si bien la operación de este asalto anfibio resultó un éxito, Playa Omaha, con 8 kilómetros de ancho, era la que presentaba una dificultad especial por sus condiciones particulares: acantilados, ciénagas y pantanos que entorpecían las tareas de asalto más básicas. A eso hay que sumarle que dicha playa era defendida por la 352° División de Infantería  alemana, la mejor división apostada en estas costas. División que corrió con la suerte de que los bombardeos aliados –que pretendían borrar las defensas alemanas apostadas en las playas- no los alcanzaron.

En la madrugada del 6 de junio de 1944, el mar se agitaba furiosamente al iniciar el desembarco, pasando una alta factura pues al menos diez lanchas cargadas de tropas no lograron siquiera llegar a la playa. Tal era el oleaje, que solo dos de las primeras nueve compañías que desembarcaron en la primera fase del asalto, lograron hacerlo donde les correspondía. Para colmo de males, cuando alcanzaban la playa, eran recibidos por el fuego directo de artillería, morteros y ametralladoras alemanas.

Los soldados norteamericanos (encargados de tomar Playa Omaha) eran masacrados por los alemanes desde antes de bajarse de las lanchas. Si saltaban al mar, los 30 kilos de peso en equipo los hundía hasta ahogarlos. Y en caso de llegar con vida a la orilla, debían sortear  180 metros de playa hasta ocultarse en las rocas. El Sargento alemán Frank Gorkel, comentó que en siete horas y media disparó más de 12,000 proyectiles con su ametralladora a las tropas norteamericanas. Esa mañana, dos mil hombres (la mayoría muchachos entre los 19 y 20 años de edad) perdieron su vida en el asalto.

Los Botes Higgins  Resulta interesante considerar que fueron los botes diseñados por Andrew Higgins los que dieron un giro a la ofensiva aliada y por ende, facilitaron el desarrollo de la estrategia que dio fin a la Segunda Guerra Mundial, tanto así, que Dwight D. Eisenhower dijo años después: “Higgins es el hombre que ganó la guerra por nosotros”.

 El señor Higgins, que por años había luchado por demostrar que sus diseños eran mejores a  los que tercamente proponía y desarrollaba el Buró de Armas Navales, finalmente los convenció, venciendo a otras lanchas en pruebas y competencias.  Por fin, en Noviembre de 1940 se le autorizó a construir más de 20,000 lanchas de desembarco de tropas y equipo, que fueron llamadas los Botes Higgins. Para ello requirió contratar más de 20,000 trabajadores en su planta en Nueva Orleans. Aquí sorprende que Higgins, además de ayudar a la causa aliada, demostró estar adelantado a su época: un 50% de su fuera laboral estaba conformado por mujeres; blancos y negros trabajaban hombro a hombro pese a la segregación racial de la época; en la planta, trabajaban personas con discapacidad; y a todos, sin excepción, se les pagaba el mismo salario.

Cuando finalmente se le explicó la forma como los aliados habían desembarcado en Normandía, Hitler, refiriéndose al hombre que había diseñado estas lanchas, dijo: “este hombre es el nuevo Noé…”.

viernes, 2 de mayo de 2014

Paul

Decir que el concierto de Paul fue buenísimo y dejarlo ahí es demasiado obvio, sencillo; es en esencia no entender quién es él, qué representa, cuanto aporta a nuestras vidas y en fin, cuanto vale como persona.
Ir al concierto, fue para todos, un sacrificio económico, no importa si se cuenta o no con los recursos para hacerlo. Pero para quien es un fan, es sobre todo un tema de costo de oportunidad. Es, poner en la balanza mi ego: qué gano al asistir; qué pierdo si no lo hago. Y en ese sentido creo que son pocos los asistentes que deciden asistir solo porque es un gran concierto o porque en su círculo social es bien visto que lo haga. Es, como ya lo dije, una ecuación en donde el fan sabe que la experiencia vivida se valorará, no ahora, sino por siempre; que los momentos de esta noche los llevará siempre en su retina; que sus canciones favoritas -las clásicas, las que siempre han estado allí para darle consejo o sentido a las cosas cotidianas o simplemente alegría cuando las recuerda, las que le han acompañado toda su vida- las escuchó interpretar en vivo por su creador.
Y es que ver a Paul, de 71 años, no hacer una pausa en 3 horas;  coquetear con el público a cada momento; encantar, no ya con su música sino con su carisma; decir frases ticas como "pura vida", "mae", "tafies", "chivísima"; ondear el Pabellón Nacional; acompañar con su guitarra electrónica el grito ensordecedor del ¡OE OE OE OE! TICOS! TICOS!; en fin, verlo hacer un derroche de energía sin perder nunca el hilo musical, ni la conducción profesional del espectáculo, ni la gracia, ni la atención de un estadio que se llenó - más de lo que se pensaba- consiguiendo que jóvenes y no tan jóvenes sintieran que las casi tres horas de concierto literalmente volaran, es sencillamente asombroso.
¿Y qué sentido tiene, para Paul, todo este sacrificio? Todos sabemos que no lo hace para tener dinero, no lo hace para tener fama, no lo hace para vender discos o promocionar su banda musical. No y no.
Paul entendió que el amor, como él mismo canta y dice en la última frase del concierto ("...in the end, the love you take, is equal to the love you make") es una relación recíproca que alimenta y nutre el espíritu;  que su alegría personal es entregarse musicalmente a sus fans, en una relación recíproca, porque esa es su esencia. Siempre lo ha sido. No perdamos de vista que él es el músico más viejo que aún vive (por viejo me refiero a que, para citar a alguien más viejo que él, tendríamos que escuchar en vivo a Elvis Presley) que hace giras para regalarnos su música ; el más viejo, porque él es el Paul que revolucionó el pop, el rock, la música, el mundo, con sus canciones, con sus modas, y no de forma pasajera, sino de forma perenne; él es el muchacho que revolucionó el planeta de una forma globalizada, hace 50 años, 40 años antes de que los gurús de la economía pusieran de moda la palabrita 'global'; Paul viejo nos regala al Paul joven, ese que vivió en Hamburgo y que luego tocó en La Caverna, que siempre llevó el pelo largo -anoche era el adulto mayor con el pelo más largo que cualquiera de los asistentes contemporáneos- y que siempre lleva encima su cara de muchacho ingenuo.
Por eso el concierto era imperdible: Paul, como ya vimos, no canta por las razones equivocadas. Paul canta porque al poner un pie en el escenario, se transforma en el Paul de 23 años; se transforma y vive en carne propia la emoción de presenciar en primera fila la euforia del público que le clama su talento, su música, su amor. Sí. Porque no hay otra forma de explicar el éxito de Paul, si no es vinculando sus canciones con amor, ese que le ha hecho escribir obras maestras pese a nunca haber tenido preparación musical alguna. Porque sus canciones -letra y música- nunca salieron de la academia, siempre salieron de su corazón.
Mi hermano, fan hasta la médula, me dio el setlist hace dos semanas (las 40 canciones con sus letras), y en casa, mi  hijo y yo nos preparamos a conciencia. Personalmente viví un concierto impecable. Porque asistimos en familia -mi hermano con su famila, yo con la mía y mis papás también- y porque entiendo, ahora más que nunca, que la vida se enriquece de experiencias como ésta, una que nos hará sonreir cada vez que recordemos la noche en que ese muchacho revolucionario de Liverpool nos vino a cantar al país. Y ese momento, en que, siendo primero de mayo,  un beetle se acercó para conocer al Beatle...

martes, 14 de enero de 2014

Escogiendo al próximo presidente

Creo que somos muchos los que a estas alturas seguimos indecisos. Sabemos que es un deber patriótico el acercarnos a las urnas a ejercer el derecho al sufragio y por ello, no nos tomamos tan a la ligera una decisión tan crucial. No en este momento histórico. Pero los candidatos principales tienen tanto puntos a favor como en contra, y estamos como a la espera de que suceda 'algo' que nos facilite la decisión.

Adicionalmente, de forma subconsciente tenemos claro que la decisión se ve afectada por otras variables, algunas consideradas por los expertos, como cruciales en la intención de voto. Así, por ejemplo, sabemos de la importancia de no partir el voto. El presidente, hoy más que nunca, requiere de mayoría en la Asamblea Legislativa. Pero todos sabemos que eso es una utopía en Costa Rica, país de donde emergen partidos políticos por doquier y que han logrado abrirse un espacio en el Congreso. Lamentablemente, el Legislativo se convertirá, de nuevo, por egoísmos, inmadurez y egos, en un campo de batalla sin cuartel. El poder estará repartido entre cuatro o cinco fracciones. Y para condimentar, habrá al menos 5 diputados representando cada uno su propio partido y claro, sus propios intereses. La bancada oficialista, que objetivamente hablando, será, por cantidad de diputados, como una más del montón, deberá patrocinar alianzas a diestra y siniestra, sin que ello signifique que las cosas vayan a mejorar. En esta administración que termina no se reformó el Reglamento legislativo y eso significa que el próximo presidente muy probablemente arrastrará el mismo problema de ingobernabilidad que enfrentó la actual Administración. El próximo presidente y su equipo de gobierno, no la tendrán nada fácil.

Debates, encuestas y líderes Estas elecciones se han caracterizado por una mayor cantidad de debates -muchos de ellos foros- en donde hemos visto a cada uno de los candidatos exponer muy brevemente sus ideas (para ello, lo mejor es buscar y estudiar los planes de gobierno), pero en cambio sí sus personalidades, su capacidad intelectual y emocional, y sobre todo, su don de liderazgo. ¿Hay alguno de ellos que usted considere líder? Bueno, yo no. Ninguno de ellos es caudillo. Ninguno mueve masas. Ninguno parece tener 'eso' que permite a un presidente dirigir con fluidez el destino del país. 'Eso' que amarra al Gabinete, cuando la tormenta acecha, a quedarse con él por la lealtad que le tienen. 'Eso' que une las ideas del presidente con las del ciudadano y facilita, por el apoyo mediático y popular, una marcha fluida en la AL. Por eso las encuestas son tan débiles. Por eso han sido tan variadas. Tan contradictorias. Por eso, no podemos confiarnos de ellas. Porque esa falta de liderazgo, nos ha impedido sentirnos identificados directamente con alguno de los candidatos y ha propiciado que la intención de voto siga estando dentro de una nebulosa.

Yadmitámoslo de una vez: los ticos, somos más parecidos de lo que creemos. En esta pequeña aldea todos nos enteramos de  las mismas noticias y eventos y entonces terminamos pensando de forma similar. Hoy, pensamos que aquel es bueno y mañana, según lo que diga o haga, lo cambiamos por el otro. De ahí que, si lo analiza bien, verá que en cada familia hay un muchacho 'rebelde' que piensa votar por Villalta, sin que él  mismo sepa -creo que ni el mismo Villalta lo sabe- cual ideología apoya. Cada familia tiene un tío o  un papá que votará por Araya porque no quiere arriesgar y piensa que es mejor que todo siga así como está. Cada familia, una tía (este es el perfil al que más le temo, pues creo que hay muchas más personas que piensan así y votarán por alguien este 2 de febrero) que era ciega a la completa incapacidad del 'doctor', y aún así lo apoyaba hasta el fin. En cada hogar tenemos a un socialcristiano confundido, pues no comprende cómo los calderonistas de 'hueso colorado' le dieron la espalda a Piza, uno de los dos mejores candidatos (el otro es Luis Guillermo), que ofrece la papeleta. En cada casa, un hermano que opina de política como cualquier otro, pero nunca se ha leído, en toda su vida, un solo editorial ni mucho menos el foro de opinión. Una prima que ya alcanzó la mayoría de edad, pero que no ve los debates y en cambio, no se pierde, cada noche, Combate...

Preguntas y conciencia Araya, Guevara, Solís, Villalta y Piza se repartirán las cinco tajadas más grandes del pastel. Pero solo uno dirigirá los destinos de este país durante los próximos cuatro años. ¿Cual de ellos tendrá el aplomo para enfrentarse a la presión que ejercen hoy, los medios de comunicación y las redes sociales, ante cada error, cada desliz, cada fallo minúsculo que cometa alguno de sus colaboradores? ¿Cual de ellos, la severidad para imponer con mano dura su postura y opinión ante desplantes como los de nuestro vecino Ortega? ¿Cual, el que destituya incompetentes y se rodée de gente capaz y leal? ¿ Cual contará con el mejor equipo de asesores y gabinete?

Para mí, lo más importante es que cada costarricense tenga plena conciencia de lo que se avecina. La excusa del abstencionismo quedó en el pasado. Nadie, ninguno de nosotros, escapa hoy a la importante cita en las urnas. Usted, debe votar. No es solo un derecho. Es un deber que en esta elección tiene caracter de obligatoriedad. ¿Y por quién? Si me lo permite, en otro artículo le comentaré sobre las fortalezas y debilidades que veo en cada uno de los candidatos principales.