Y claro, deleitarse con el sonido de un instrumento musical de más de 350 años no deja de ser un evento imperdible, de tenerse la oportunidad.
Oportunidad que tuvimos el sábado pasado, cuando escuchamos al maestro Gidon Kremer tocar su Amati de 372 años (1641) en el Teatro Nacional.
------***-----
La nota gris, a mi juicio, la pusieron los muchísimos asistentes que llegaron vistiendo pantalón casual y una jacket sport a este concierto inaugural que bien se advertía en los anuncios del Festival Musical Credomatic, era de gala. Muchos -más de los que jamás hubiese imaginado- llegaron en mezclilla. Vistiendo saco, solo algunos. Con corbata, éramos menos.
Me parece lamentable que gente que dice admirar y conocer del arte en todas sus manifestaciones, no comprenda la importancia de vestir apropiadamente según sea la ocasión. Aquí, pude ver a muchos haciendo gala de su propia moda. La moda del relativismo moral...