Comparto este excelente comentario del doctor Rojas, estimadísimo cliente pero sobre todo amigo. En 25 años de tener el honor de conocerlo, confieso que es de las personas a quienes tengo en la más alta estima. Espero les guste esta reseña del café tanto como a mí:
La Botánica o Fitología
Estos dos términos, derivados del
griego: botane = planta y phyton = vegetal, son los nombres con los cuales se
designa a una de las grandes ramas de la Biología.
Los conocimientos botánicos se pueden dividir en
diferentes áreas, de modo que tenemos: el estudio de las plantas medicinales y
sus productos; las drogas vegetales; el conocimiento de las plantas venenosas;
el de las plantas que suministran productos nutritivos y bebidas vegetales; la
botánica agrícola, la forestal, la jardinera, etc.
Como lo que se observa en primer lugar es la forma
externa de las plantas, en un principio se creyó que las plantas se podrían
clasificar según algunas características arbitrarias fáciles de reconocer. Esto
dio lugar a sistemas artificiosos basados en aspectos relacionados con la raíz,
las hojas, las flores, las hojas o los frutos.
La clasificación de las plantas ha constituido y lo es
todavía, un asunto sumamente complicado por la enorme variedad de plantas que
pueblan la superficie de la Tierra. La especie de la que queremos hablar en
estos apuntes, es la planta o el arbusto que produce los granos de café, que
maduros y procesados de una manera muy particular usamos para preparar el café,
la bebida conocida universalmente
(nuestro apreciado yodito). El nombre científico de la planta del café es
Coffea arabica. El primero de estos dos términos, ambos latinos, se escribe con
mayúscula y se refiere al género. El segundo, también latino pero escrito con
minúscula es el nombre de la especie. Esta nomenclatura se designa “binaria” y
fue propuesta por un científico, botánico y médico sueco llamado Carolus Linné
( en español Carlos Linneo 1707-1778), que desde muy temprana edad mostró un
interés particular por el estudio de las plantas, lo que le valió el apodo de
Pequeño Botánico, cuando tenía ocho años de edad.
Ubicación del
café en la clasificación de las plantas
Orden 9: Rubiales Familia: Rubiáceas. Esta familia comprende alrededor de
4500 especies, en su mayoría tropicales y consta de dos subfamilias:
a) Las Cinconoideas
(cinchonoideas), entre las cuales se encuentra el género Cinchona y dentro de
éste la Cinchona officinalis, un árbol que crece en los Andes y de cuya corteza
se extrae la quinina, una droga utilizada en el tratamiento de los episodios
febriles que produce el paludismo o malaria. Por esto se le conoce como el
“árbol de la quina o de la quinina”.
b) Las Coffioideas, cuyo género Coffea alberga
la especie Coffea arabica, nuestro cafeto, árbol originario de Abisinia,
Etiopía y otros países de África Oriental. De sus semillas se obtiene un
alcaloide llamado cafeína. Como el cafeto se encontró en estado silvestre en
una ciudad etíope llamada Kaffa, esto posiblemente originó el nombre de la
especie.
El café,
leyendas e historia
En algunas fuentes de historia, se
dice que el cafeto es originario de Etiopía (África nordoriental) y del Cabo de
Hornos (extremo sur de Sudamérica), sitios en los cuales se había reportado
hace años, la existencia de ejemplares silvestres. Se señala a Yemen (antigua
Arabia), como el lugar en donde se inició el cultivo de la planta y en donde ya
para el siglo XV esta actividad estaba plenamente desarrollada. Aparentemente,
aquí comenzó el peregrinar del cafeto por el resto del mundo. Otros
historiadores mencionan que la planta del café es originaria de Abisinia y de
otros lugares de África oriental y que de ahí pasó a la península arábiga,
según una leyenda que nos dice que unos esclavos sudaneses que
pasaban por Etiopía en su viaje hacia
Arabia, llevaban, entre sus provisiones, granos de café para preparar la bebida
con la que esperaban sobrevivir durante aquella travesía.
En los primeros años del siglo XVI,
allá por 1505, el café hizo su aparición en Sri Lanka (antigua Ceilán), una
isla ubicada al sur de la India, en el océano Indico, aparentemente llevada por los árabes. Según otra leyenda, su
expansión por la India se debe al hecho de que un peregrino árabe, después de
su viaje a La Meca, llevó a su hogar, en el sureste de la India, unas bayas
fértiles de café. Un siglo después, en los primeros años del siglo XVII, las
potencias europeas (Alemania, Italia, Francia y Holanda) luchaban entre ellas
para introducir el café en sus colonias de ultramar. Los holandeses, con mucha
visión comercial, lograron llevar a los Países Bajos, un cafeto procedente de
Moka, un importante puerto de Arabia, allá por 1616. En 1696 se transportó café
a Java que era, por ese entonces, una
colonia holandesa. Esto dio lugar a lo que se considera como el “primer cafetal
europeo”. Unos 10 años después se enviaron a Ámsterdam las primeras muestras de café y un cafeto,
todo proveniente de Java. Por esa misma época, los holandeses extendieron el
cultivo del café a zonas del archipiélago indonesio como Sumatra y las Islas
Célebes. Indonesia se convirtió de esta manera en el primer país exportador
comercial de café.
Hasta el año de 1714 los intentos de
cultivar el café en Francia utilizando cafetos producidos en los Países Bajos
no habían tenido éxito. Sin embargo, ese mismo año el rey de Francia, Luis XIV (el
Rey Sol, como él mismo se hacía llamar), recibió de Ámsterdam un ejemplar de
cafeto que se replantó en el Jardin des Plants de París y se constituyó en el
antepasado conocido de los primeros cafetos cultivados en las colonias
francesas.
El café viaja a
Occidente
En 1718, los holandeses llevaron los
primeros cafetos a Surinam, un país ubicado en la parte norte de Sudamérica, el
cual rápidamente se convirtió en el centro cafetero del mundo. De un país
vecino, de la Guayana Francesa, llegaron a Brasil, los primeros cafetos, los que
fueron sembrados en Pará, dando lugar al primer cafetal del inmenso país
suramericano. Esto ocurrió en 1727. Por otro lado, en 1730 los ingleses
introdujeron el café en Jamaica, una de las Grandes Antillas, ubicada en el Mar
Caribe. El grano fue también cultivado en Jamaica, Martinica y Haití. Hacia
finales del siglo, después de la revolución haitiana, Cuba también se interesó
en al asunto del café. El cafeto se acercaba a Costa Rica.
En lo que respecta a Centroamérica,
se ha mencionado la existencia de documentos que dicen que entre 1750 y 1760 se
inició el cultivo del café en Guatemala y que en 1779, don Francisco Xavier
Navarro, introdujo en Costa Rica, cafetos procedentes de Cuba, mientras que al
año siguiente se inició su cultivo en México. Es curioso el hecho de que a pesar
de que el café de las Antillas competía ventajosamente con el de las regiones
de producción más antiguas de Asia, especialmente Ceilán y Java, en el
lucrativo mercado europeo y a pesar de que el café era una bebida novedosa, su
llegada al istmo centroamericano se produjo en forma poco notable. Esto era de
esperar de Guatemala y El Salvador, países en los cuales el añil y la
cochinilla eran los principales productos de exportación en el siglo XIX.
Recuerde que la cochinilla era una tintura de tonalidad carmesí muy apreciada en Europa. Se preparaba con los
insectos llamados cochinilla que se sacaban de un cacto y luego de ponerlos a
hervir hasta reventar, eran secados y empacados para su exportación. El añil,
por otro lado, era una pasta de color azul que se preparaba con los tallos y
las hojas de ciertas plantas. Estos
productos tenían un excelente mercado y por eso esos dos países no le dieron al café, la importancia que merecía. Cuando la
exportación de esos productos comenzó a mermar, entonces si volvieron la vista
al cultivo del café.
En lo que respecta a Costa Rica, no
se ha podido precisar la fecha de su arribo aunque la historia nos tiene guardadas algunas.
Antes mencionamos la de 1779, relacionada con el señor Navarro. Por otra parte,
don Cleto González Víquez, presidente de
nuestra república (la primera vez de 1906 a 1910 y la segunda de 1928 a 1932),
mencionó en 1936, que las primeras matas de café fueron traídas en 1908. En ese
año, el gobernador don Tomás de Acosta, en una carta enviada al comandante de
Matina, mencionó haber adquirido café de un zambo mosquito, lo que
probablemente indujo a don Cleto a pensar que el café había venido a Costa Rica
desde Jamaica, pues con ese país comerciaban los zambo mosquitos. Algunos otros
historiadores indican que las primeras semillas de café fueron traídas a Costa
Rica, desde Panamá, en 1791.
Influencia del
café en la economía de Costa Rica
La investigadora inglesa Carolyn
Hall, en su libro: El café y el Desarrollo Histórico-Geográfico de Costa Rica,
afirma que Costa Rica fue el primer país centroamericano en establecer la
floreciente industria del café, a la vez que era la república menos
desarrollada de la época en que este producto fue introducido. Pero, a
pesar de la magnitud de su pobreza, los costarricenses vivían en paz, sin las
perturbaciones políticas de otros países del istmo y esto era un factor a
tomarse en cuenta como un componente importante en el mejoramiento gradual de
su agricultura.
Al iniciarse el siglo XVII la
producción de cacao había constituido una fuente importante de ingresos para la
economía de la provincia y un refuerzo para las pequeñas exportaciones de
harina, bizcocho, cueros y sebo. El cacao se exportaba entonces a Nicaragua,
por vía terrestre y luego a Cartagena, Colombia. Desgraciadamente la actividad
cacaotera terminó bruscamente a fines del siglo XVIII, una actividad que
durante casi siglo y medio produjo apreciables ganancias. ¿Qué hizo desaparecer
la actividad cacaotera? Para comenzar, el costo de producción era muy alto; el
transporte del producto hasta Matina, rico en paisajes pero también en
peligros: por lo menos dos semanas atravesando ríos caudalosos y selvas
impenetrables y como si esto fuera poco los robos frecuentes y cuantiosos de
los zambos mosquitos y sus aliados ingleses del Caribe que llegaban a la costa
atlántica en barcos desde Curazao, Jamaica y otras islas del Caribe. Todos
estos factores juntos le pusieron punto final a la aventura del cacao.
Llega a Cartago en febrero de 1766,
la alentadora noticia
de que se había extendido a Costa Rica el “estanco” del tabaco: es decir
el monopolio gubernamental de la siembra, venta y exportación. En 1787, se
limitan a esta provincia las siembras de todo el reino de Guatemala. Antes de
1766 el cultivo del tabaco era libre. Se exportaban pequeñas cantidades,
primero a Panamá y luego a Nicaragua y se sembraban en amplias zonas del valle
Central. Luego de declarado el monopolio, los cultivos se extendieron ampliamente
pues, como se dijo anteriormente, eran propias de nuestra provincia, las
siembras de todo el reino de Guatemala.
La provincia se debatía entre los
problemas económicos y, atravesando por una situación realmente desesperada, se
recibe le noticia en 1787, de que la Real Audiencia de Guatemala derogaba, para
Cota Rica las ventajas del monopolio del tabaco lo que significaba un fuerte
desaliento para un cultivo que estaba en ese momento en su punto culminante,
pero el tabaco costarricense era, sin
embargo, de una muy pobre calidad por lo que el privilegio pronto se negó.
¿Sería el café
la salvación de nuestra economía?
A diferencia de lo que sucedió con
otros cultivos como el tabaco y la caña de azúcar, el cultivo del café no tuvo restricciones
coloniales ni estuvo sujeto al estanco. En los años cercanos a la independencia, los ciudadanos buscaban
afanosamente alguna actividad que generara los recursos que la provincia
necesitaba urgentemente. En esos días y por iniciativa municipal, se
distribuyeron gratuitamente matas de café entre los pobladores de la zona de
San José. Como feliz coincidencia, la Meseta Central, donde vivía la mayoría de
la población era, ecológicamente especial para la siembra o el cultivo del
café. Los vecinos de San José habían dado pruebas evidentes de su dedicación a
las labores agrícolas cuando emprendieron la siembra del tabaco que por algún
tiempo había sido la única fuente económica de los costarricenses, hasta que el
gobierno colonial suspendió el monopolio.
Parece que aún en los tiempos de don
Juan Mora Fernández, nuestro primer jefe de estado (1824-1833), el café comenzó
a cultivarse, ciertamente, en los patios de las casas, pero como una plana de
adorno o como una curiosidad botánica. Una de las referencias más antiguas del
cultivo del café en Costa Rica se encuentra en el testamento de un clérigo, el
presbítero Félix Velarde quien en 1816 tuvo una plantación en San José y que en
un mapa de la época se encontró la localización del almácigo que tenía: estaba
localizado en el área urbanizada, a sólo cuatro cuadras de la plaza central de
San José.
Al mismo tiempo que las
municipalidades regalaban las matas para que la gente las sembrara, llegó un
momento en que la Asamblea Nacional decretó que cualquier persona que cultivara
café por cinco años en tierras baldías, podría reclamarlas como suyas. En un
momento dado, un decreto del presidente don Braulio Carrillo en 1840, en el
sentido de que las tierras ubicadas al oeste de San José, en Pavas, fueran
sembradas de café, se ha citado como uno de los mayores factores que condujeron
al establecimiento del cultivo. Este comenzó a extenderse por los rumbos del
Hatillo, de los Desamparados, del Zapote, las Pavas, San Juan del Murciélago
(Tibás) y otros puntos cercanos a San José. Comenzaron a aparecer beneficios
rudimentarios y la gente, poco a poco,
fue adquiriendo experiencia.
Sin embargo todavía se dudaba de las
posibilidades comerciales del café, a pesar de que se le había liberado del
diezmo, junto con el azúcar, el algodón, el cacao y otros productos. Se creía
que el café sólo tendría verdadera importancia si tuviéramos posibilidades de
exportarlo, cosa muy problemática en esos momentos, sin caminos ni facilidades
portuarias.
Pero el cultivo del café seguía
tomando auge y la gente comenzó a preguntarse por qué se sembraba tanto café.
¿Se lo estarían tomando los ticos de aquellos años? No claro, lo que pasaba era
que ya algunos estaban “haciendo cerebro” con un posible negocio al que le
veían grandes posibilidades. En 1841, un comerciante escocés que aparentemente
había conocido las mejores fincas de café del país, escribió que las fincas más
grandes las poseían las familias Montealegre y la de Juan Rafael Mora.
Europa y un
alemán dan a conocer el café de Costa Rica
Europa resultó ser el mercado más
importante para nuestro café a principios del siglo XIX. Un alemán residente en
Costa Rica, Jorge Stiepel, realizó los primeros intentos de vender nuestro café
en el extranjero. En 1832 envió un cargamento desde un puerto de nuestra costa
pacífica a Chile, café que fue reexportado como “café chileno de Valparaíso”.
El negocio era
inseguro. Afortunadamente, una década después, en 1843, ocurrió un hecho
trascendental que terminó de impulsar el cultivo del café y nos sacó del estado
de indigencia colonial. Pues bien, a principios de ese año, un velero llamado
El Monarca (The Monarch) fue contratado
en Liverpool para llevar una carga a un puerto de México. Allí, su capitán, el
inglés William Le Lacheur, oyó decir o le contaron, que en un país ubicado al
sur, en Costa Rica, había una importante
y creciente industria cafetalera, desde la cual regularmente se enviaban
cargamentos a Valparaíso. Le Lacheur se trajo su velero hasta nuestro pequeño
puerto de Caldera, en la costa pacífica
En busca de carga para volver a Europa, dejó el barco
para que le hicieran algunas reparaciones y, a lomo de mula, se internó en
nuestro territorio. En San José convenció a los cafetaleros para que le
confiaran sus cosechas con el fin de llevarlas directamente a Londres, en donde
esperaba obtener mejores dividendos. Pudo negociar la compra de su cosecha con
don Santiago Fernández, uno de los cafetaleros
más importantes de la época. Así, pues, el Monarch zarpó en 1843, con 5505
quintales de café costarricense entre los cuales iban 1250 de don Jorge
Stiepel. William Le Lacheur se convirtió entonces en el que abrió el camino en
grande, para que por él transitara nuestro “grano de oro”.
¿Dónde y cuándo
se tomó café por primera vez?
Aunque no se conoce la identidad u
origen de las primeras personas que tomaron café, es de suponer que se trata de
algún o algunos ciudadanos de Etiopía o de Yemen., A falta de esta certeza, la
literatura se ha conformado con mencionar leyendas. Por ejemplo una del siglo
XIII, nos dice que un jeque (entre los musulmanes orientales un superior que
gobierna o ejerce su autoridad en un territorio) descubrió unas bayas
silvestres (¿de café?) que, cansado y con hambre en su exilio, las hirvió en agua para luego tomar aquel líquido. Fue su efecto
estimulante lo que le permitió añadir un elemento nuevo a su dieta. Incluso dice
la leyenda que observó su efecto estimulante en varios enfermos a los cuales se
les administró. Otra leyenda muy conocida es la de aquel pastor de cabras de
Arabia que encontró a sus animales muy animados o estimulados después de comer
las bayas maduras de un cafeto. El abad (el director de un monasterio), al oír
esta historia, dio café a los monjes de su convento y esto les dio resistencia
para permanecer en vela durante las oraciones nocturnas. Otra: en 1454, un
muftí (jurisconsulto musulmán con autoridad pública cuyas decisiones son
tomadas como ley), que se encontraba de visita en Etiopía, observó tomar café a
sus paisanos. Al volver a su tierra de origen ordenó que le trajeran aquella bebida y ésta le permitió recuperarse de sus
dolencias y mantenerse despierto.
En lo que respecta a las cafeterías,
posiblemente La Meca albergó los primeros cafés que originalmente cumplían una
función religiosa. Pero rápidamente se convirtieron en centros de reunión en
los que se jugaba ajedrez, se cotilleaba, se cantaba y, como había música, pues
también se bailaba. Las cafeterías o cafés se fueron desarrollando por todas
las ciudades del Medio Oriente, Egipto, Constantinopla, etc. Gracias a los
comerciantes venecianos, el café llegó a Europa en 1615, más tarde que el té,
que comenzó a distribuirse por Europa en 1610 y mucho más tarde que el cacao
que habían traído los españoles en 1528. En Inglaterra, el primer café se
instaló en Oxford en 1650, mientras que en Londres el primero se abrió en 1652,
es decir, casi 200 años antes de que el Monarch zarpara de la humilde costa
pacífica de Cos Rica llevando el primer embarque de café (1843).
En lo que respecta a Norteamérica, la primera mención
del café data de 1688, cuando, según parece se consumía con azúcar o miel y
canela . Muy pronto se fundaron cafés en Nueva York, Filadelfia, Boston y otras
ciudades. El café más célebre de Boston fue el Green Dragon, en donde se planeó
el Boston Tea Party, en 1773. William Penn encargó que se le llevara café de
Nueva York a su hogar en Pensilvania. En Filadelfia, la tercera ciudad más
importante de los Estados Unidos en sus primeros años de historia, el primer
café fue inaugurado en 1700.
Setiembre
de 2019