lunes, 27 de octubre de 2025

Carlos - In Memoriam

Intentando rescatar la esencia de su Alma...

Sé que muchísimas personas lo recordarán como jovial, alegre, atleta, gran futbolista y además súper fiebre. Mi perspectiva es otra, o mejor dicho, complementaria.

Hay personas cuya presencia deja una huella tan profunda que, aun en su ausencia, siguen uniendo lo que parecía imposible de unir. Carlos era una de esas almas luminosas. En un mundo donde abundan las divisiones, los prejuicios y las diferencias, él tenía el don —natural y genuino— de conectar a las personas. No importaba si se trataba de amigos con ideas opuestas, compañeros distantes o familias fragmentadas: donde aparecía Carlos, aparecía también la armonía.

Carlo era un hombre con un carisma enorme, pero no del tipo que busca brillar o sobresalir. Su fuerza no nacía del ego, sino del alma. Tenía una energía única, positiva, una disposición constante a escuchar, aconsejar, consolar o simplemente estar presente. En sus silencios había comprensión; en sus palabras, equilibrio; y en su manera de mirar, un respeto profundo por las historias ajenas.

Carlos no unía solo por simpatía: unía desde la empatía. Sabía leer el corazón de los demás sin necesidad de juicios, y por eso todos se sentían cómodos a su lado. En los grupos donde había tensión, él encontraba el punto medio. No era casualidad su banda de capitán. Donde había distancia, tendía puentes. Y donde había dolor, ofrecía su hombro con la serenidad de quien realmente comprende la fragilidad humana.

Por eso, ahora que su cuerpo descansa, su alma sigue viva en todos aquellos que lo conocimos. Nos toca a nosotros mantener encendida su luz, recordando que orar por él —sea una oración formal o un pensamiento lleno de gratitud— es también una forma de agradecer lo que nos enseñó: a ser mejores personas.

Orar por el alma de Carlos no es solo pedir por su descanso eterno; es también pedir que su ejemplo permanezca activo en nosotros, que su manera de unir, escuchar y amar se multiplique en nuestras acciones cotidianas. Porque si cada uno aprende a ser un poco más comprensivos, menos reactivos, más pacientes, seremos como Carlos: más humanos y transparentes.

Que su recuerdo nos inspire a vivir en armonía, a tender la mano, y a creer —como él creía— que siempre vale la pena unir antes que dividir. 

Que Dios en su infinita Misericordia lo reciba en su regazo.


PD. Actualización 03/11/25 Ayer la Iglesia celebró la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos.

Para quienes reconocen que la fe cristiana —en su liturgia, en la Biblia y en la Tradición— está profundamente tejida de simbolismos, incluso numéricos (como el número siete, que representa la plenitud de la creación y el descanso divino, Gn 2, 2-3), resulta conmovedor notar una coincidencia que no parece un simple azar de la vida: el fallecimiento de Carlos ocurrió precisamente para que al cumplirse su septenario, coincidiera con la conmemoración de ayer.

Hay misterios que sólo el corazón puede comprender.

miércoles, 16 de febrero de 2022

Apuntes de la primera ronda electoral 2022

 Me referiré brevemente a los partidos que superaron los 150 mil votos, a excepción del PLN y PSD, pues por ser finalistas, merecen un análisis aparte.

Frente Amplio: la configuración del partido ha tenido serios altibajos pues sus resultados del 2010 y 2018 no fueron muy halagüeños. Algunos aseguran sin embargo, que en el 2018 su caudal se cedió voluntariamente para sumarle votos al PAC y su agenda progresista (LGS y JMV son los representantes de Costa Rica en la organización internacional de izquierda progresista llamada Grupo de Puebla). En el 2014 Frente Amplio consiguió 354 mil votos, mucho mejor que los 159 mil de este 2022. Pero no nos engañemos: el futuro del Frente Amplio está garantizado y el análisis del Semanario Universidad lo confirma: su norte ideológico va de la mano con los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) que corresponden a la Agenda 2030 de la ONU. En otras palabras, siempre y cuando la ONU siga imponiendo su agenda por encima de la soberanía de los países, la izquierda progresista se manifestará culturalmente hasta conseguir que el Frente Amplio llegue al poder. (https://semanariouniversidad.com/universitarias/partidos-politicos-integran-agenda-de-desarrollo-sostenible-en-sus-planes-de-gobierno/). 

PUSC: Inquieta el desenlace del partido, debido a dos errores puntuales: el primero, su candidata. El desempeño de la señora Saborío en los debates fracturó la confianza del votante, pues el concurso entre candidatos implica un dominio absoluto de los temas político-estructurales ante la rigurosidad que deriva cuando se está optando por la posición más importante que puede alcanzar una persona a nivel político. Existe un lobby en rr.ss. que asegura que a Lineth se le "castigó" en los resultados por ser mujer. Un argumento poco creíble cuando Laura Chinchilla arrasó en la primera ronda del 2010 con el 47%, gracias a su temple, su seguridad y su absoluto dominio de todos los temas que el puesto amerita dominar. El segundo error fue postular a Juan Carlos Hidalgo como diputado por el tercer lugar de San José. Era una gran pieza que lamentablemente fue relegada por razones ajenas a la preparación y la capacidad. Unidad pagó el precio por hacer malos cálculos políticos.

PLP+: Para los liberales era preocupante ver en la papeleta a cuatro partidos liberales diferentes, incapaces de unirse y sumar fuerzas y esfuerzos. A pesar de ello, el votante sabía que Eli Feinzaig era su máximo representante y los 225 mil votos conseguidos, lo demuestran (Unidos Podemos sacó 15 mil votos, Unión Liberal 6 mil y Movimiento Libertario, mil setecientos...). Y ahora corresponde al partido buscar los medios para consolidarse como fuerza política de respeto. Veremos si sus diputados se desempeñan a la altura.



Hay un detalle que no podemos dejar pasar: Cuando Eli Feinzaig fundó al Partido Liberal Progresista, su 'partner' era nada menos que Juan Carlos Hidalgo.  ¿Qué habría pasado si Hidalgo no se hubiera alejado de las filas del partido? ¿Qué tal si hubiera aparecido como vicepresidente o diputado por el primer lugar en San José? ¿Qué impacto habrían tenido en los resultados de Unidad si JCH no se hubiera unido a ellos? Estoy seguro que el PLP+ habría sido más relevante, más poderoso. Y bueno, es  inevitable que los cálculos políticos se entremezclen con egos y complejas relaciones interpersonales que impiden tomar la mejor decisión. 

Nueva República: No fue suficiente que el voto comprometido de lo que algunos denominan "neopentecostales" se manifestara en las urnas como hace cuatro años. De hecho, aquí aparece un detalle sumamente importante: En la primera ronda del 2018, Fabricio consiguió 537 mil votos. ¿Ahora? 271 mil. Es decir, un 50% de su supuesto caudal "cautivo" por esta "circunstancia" religiosa. Eso sí, debemos aceptar que la campaña fabricista nunca se centró en un mensaje ni religioso ni mesiánico. Era más bien ambiguo (se movía del centro a la derecha pero nunca se afianzó como para darle certeza al votante); y aunque podríamos suponer que su "approach" es darle un tinte más político y menos religioso, no logró ni lo uno ni lo otro. Recordemos además que el candidato estuvo coqueteando con personalidades de la derecha latinoamericana (Agustín Laje y Pablo Muñoz Iturrieta, para citar un par) pero nunca supieron proyectarlo a nivel político. Y la incorporación de Iván "El Gurú" Barrantes como estratega de campaña, no surtió el efecto que se esperaba: nunca se vio una estrategia clara, nunca se manifestó ese concepto "outside the box" tan indispensable para desligar a un candidato de un perfil preconcebido. En fin, aunque los 'expertos' quieran separar la experiencia actual de la del 2018, lo cierto es que fue un fracaso en virtud del esfuerzo realizado.

Finalizo con un asunto que merece nuestra atención: la tolerancia entre los votantes, o mejor dicho, su ausencia. Nuestra incapacidad para escuchar opiniones diferentes, nos tiene muy limitados a la hora de hacer análisis de propuestas, si es que hacemos alguno. Las rr.ss. solo han servido para sentar las bases de una nueva cultura: la del odio al prójimo. Mientras la batalla cultural avanza y se convierte en una patología colectiva, normalizamos los insultos y las groserías, encerrados en nuestras ego-burbujas y creyéndonos seres humanos superiores a las generaciones que nos precedieron.

Tragicomedia política

Expertos en repetir tragedias, los ticos nos volvimos a lanzar hacia una segunda ronda que se anticipa dramática. Agónicos supervivientes de una campaña política ochentera, predecible y aburrida, no tenemos alternativa: los encargados de la estrategia política volverán a polarizar al país. Los medios y las redes sociales harán eco de las vidas de los candidatos  (no de sus ideas ni propuestas) desgarrando heridas pasadas para desangrar al rival. Durante las primeras 24 horas luego del "Día E", fuimos optimistas: creímos que el camino hacia la segunda ronda podría versar sobre fortalezas profesionales de ambos candidatos. Ingenuos, hoy confesamos pesimismo: la estrategia para la segunda ronda será "panem et circenses". 

Marketing utópico: Si ya de por sí vivimos inmersos en la cultura del odio al prójimo, la desidia del 'portamí', la desinformación y las "fake news" son los verdaderos rivales de los estrategas del marketing político. A ellos les corresponde proyectar al candidato echando mano de tres pilares: Primero, a través del manejo de la información del candidato y el partido analizando publicaciones, entrevistas y anuncios para dar forma y contenido a mensajes, símbolos y percepciones; segundo, a través de los medios, que siendo hoy tan diversos, exigen segmentar para proyectar mensajes de forma asertiva en función del target; y, tercero, con la creación de una plataforma alrededor de un arquetipo heroico que enamore al votante. 

Si bien estos pilares son herramientas para influir en la decisión del votante, su correcta implementación logra transformar el impulso en razón, el instinto en conciencia. En primera ronda fuimos testigos de ambas estrategias: unas que movieron los hilos emocionales y otras que convencieron de forma objetiva. Para la segunda, veremos la promoción del impulso y la emoción. Nos enfrentamos a una tendencia electoral global: el clientelismo y el populismo son los nuevos pilares del marketing político. Pretender otra cosa, sería utópico. Aquí subyace una verdad incontrovertible que justifica su popularidad: las emociones controlan a la persona más sencilla y también a la más preparada. El experto en estrategia política que consiga mover los hilos de las emociones, será el titiritero en estas elecciones.

Cuidado con las "Breaking News"

Haciendo un repaso de las campañas de los señores Figueres y Chaves podemos proyectar detalles evidentes que demuestran falencias en su 'approach' estratégico.

PLN: Hicieron una enorme inversión de recursos sin conseguir un impacto en nuevos votantes. Si consideramos el voto abstencionista, PLN solo consiguió el 16% de los votos. Las vallas de carretera tenían mensajes estériles. Los vicepresidentes son personas capaces, pero no tuvieron participación mediática. Hubo una absoluta ausencia de elementos básicos para enganchar votantes: símbolos, valores, pasiones, fotos, frases. Tampoco echaron mano de los recursos de marketing que vemos globalmente en mercados emergentes y consolidados. En resumen, consiguieron mantener al liberacionista de tradición, pero no lograron atraer nuevos votantes. Sin duda, la mayor preocupación de la cúpula es que ya hayan alcanzado su techo en la intención de voto.

PPSD:  La participación de don Rodrigo Chaves en cualquier emisora, canal o plataforma, programa o entrevista, le permitió transmitir un mensaje "presidenciable" que sin embargo, nunca fue bien administrado por su equipo estratégico. Existen al menos 300 horas del candidato explicando cómo hará para resolver los problemas del país. Pero nunca vimos mensajes ni videos cortos o audios aprovechando este material. Nunca supieron cómo segmentar las redes sociales. Doña Pilar tuvo mucho protagonismo pero los vicepresidentes siguen siendo unos desconocidos. Y luego, el trampolín: Chaves topó con la suerte de que los ataques personales catapultaron su imagen, apareciendo un día sí y otro también, en portadas y noticias. Recordemos que durante las elecciones del 2016 en los EE.UU, medios como CNN y New York Times invirtieron los últimos 50 días de campaña en horas "prime-time" y páginas enteras para desvirtuar a Trump con diversos escándalos. El resultado: consolidaron su imagen ante el electorado. Surge entonces una duda: de no haber sufrido ataques, ¿estaría Chaves en la segunda ronda? 

Diluvio democrático

Hace 25 años Alberto Cañas nos advertía que 'la gradería de sol se metió en la Asamblea Legislativa". Y eso que la gente ha llamado "desgobiernos" plantó en el inconsciente colectivo nacional una nueva percepción: la gradería de sol también se nos metió en el Poder Ejecutivo. Dicho de otra forma, las personas creen que cualquiera puede ser presidente. Cualquiera. Y entonces sucedió lo inevitable: la papeleta presidencial se inundó de candidatos. 

Este diluvio era predecible porque nuestros procesos de inscripción electoral son relativamente sencillos, de forma que cualquiera más o menos organizado, tiene la posibilidad de inscribir partidos y candidaturas en el TSE. Pero cuidado, porque lo sucedido en la primera ronda es un espejismo: muchos candidatos no son sinónimo de "más" democracia. Algo más: tampoco son garantía para que "el más bueno" llegue al poder. ¿A qué me refiero? Para las elecciones del 2010, Luis Fishman lanzó la campaña del "Menos Malo". Desde entonces, esta frase se convirtió en nuestro karma electoral. A partir de ahí el tico ya no cree ni en partidos, ni en programas, ni candidatos, ni equipos. Nos convertimos en una sociedad regida por el ateísmo político.

Estamos a expensas de una nueva manipulación emocional para escoger a nuestro futuro presidente. El poeta latino Juvenal ya nos lo advirtió desde hace 1900 años:

"...desde hace tiempo —exactamente desde que no tenemos a quien vender el voto—, este pueblo ha perdido su interés por la política. Y si antes concedía mandos, haces, legiones, en fin, todo, ahora deja hacer y sólo desea con avidez dos cosas: pan y juegos de circo". (sátira X – 100a.D.)

jueves, 26 de agosto de 2021

EL CAFÉ: HISTORIA, LEYENDAS Y ALGO MÁS - Dr. Luis F. Rojas Solano

 Comparto este excelente comentario del doctor Rojas, estimadísimo cliente pero sobre todo amigo. En 25 años de tener el honor de conocerlo, confieso que es de las personas a quienes tengo en la más alta estima. Espero les guste esta reseña del café tanto como a mí:

La Botánica o Fitología

            Estos dos términos, derivados del griego: botane = planta y phyton = vegetal, son los nombres con los cuales se designa a una de las grandes ramas de la Biología.

Los conocimientos botánicos se pueden dividir en diferentes áreas, de modo que tenemos: el estudio de las plantas medicinales y sus productos; las drogas vegetales; el conocimiento de las plantas venenosas; el de las plantas que suministran productos nutritivos y bebidas vegetales; la botánica agrícola, la forestal, la jardinera, etc.

Como lo que se observa en primer lugar es la forma externa de las plantas, en un principio se creyó que las plantas se podrían clasificar según algunas características arbitrarias fáciles de reconocer. Esto dio lugar a sistemas artificiosos basados en aspectos relacionados con la raíz, las hojas, las flores,  las hojas o  los frutos.

La clasificación de las plantas ha constituido y lo es todavía, un asunto sumamente complicado por la enorme variedad de plantas que pueblan la superficie de la Tierra. La especie de la que queremos hablar en estos apuntes, es la planta o el arbusto que produce los granos de café, que maduros y procesados de una manera muy particular usamos para preparar el café, la  bebida conocida universalmente (nuestro apreciado yodito). El nombre científico de la planta del café es Coffea arabica. El primero de estos dos términos, ambos latinos, se escribe con mayúscula y se refiere al género. El segundo, también latino pero escrito con minúscula es el nombre de la especie. Esta nomenclatura se designa “binaria” y fue propuesta por un científico, botánico y médico sueco llamado Carolus Linné ( en español Carlos Linneo 1707-1778), que desde muy temprana edad mostró un interés particular por el estudio de las plantas, lo que le valió el apodo de Pequeño Botánico, cuando tenía ocho años de edad.

Ubicación del café en la clasificación de las plantas

Orden 9: Rubiales                                                                                                                 Familia:  Rubiáceas. Esta familia comprende alrededor de 4500 especies, en su mayoría tropicales y consta de dos subfamilias:                                        

a)  Las Cinconoideas (cinchonoideas), entre las cuales se encuentra el género Cinchona y dentro de éste la Cinchona officinalis, un árbol que crece en los Andes y de cuya corteza se extrae la quinina, una droga utilizada en el tratamiento de los episodios febriles que produce el paludismo o malaria. Por esto se le conoce como el “árbol de la quina o de la quinina”.

                                                                  b) Las Coffioideas, cuyo género Coffea alberga la especie Coffea arabica, nuestro cafeto, árbol originario de Abisinia, Etiopía y otros países de África Oriental. De sus semillas se obtiene un alcaloide llamado cafeína. Como el cafeto se encontró en estado silvestre en una ciudad etíope llamada Kaffa, esto posiblemente originó el nombre de la especie.

 

 El café, leyendas e historia

            En algunas fuentes de historia, se dice que el cafeto es originario de Etiopía (África nordoriental) y del Cabo de Hornos (extremo sur de Sudamérica), sitios en los cuales se había reportado hace años, la existencia de ejemplares silvestres. Se señala a Yemen (antigua Arabia), como el lugar en donde se inició el cultivo de la planta y en donde ya para el siglo XV esta actividad estaba plenamente desarrollada. Aparentemente, aquí comenzó el peregrinar del cafeto por el resto del mundo. Otros historiadores mencionan que la planta del café es originaria de Abisinia y de otros lugares de África oriental y que de ahí pasó a la península arábiga, según una leyenda  que  nos dice que unos esclavos sudaneses que pasaban por Etiopía en  su viaje hacia Arabia, llevaban, entre sus provisiones, granos de café para preparar la bebida con la que esperaban sobrevivir durante aquella travesía.

            En los primeros años del siglo XVI, allá por 1505, el café hizo su aparición en Sri Lanka (antigua Ceilán), una isla ubicada al sur de la India, en el océano Indico, aparentemente llevada   por los árabes. Según otra leyenda, su expansión por la India se debe al hecho de que un peregrino árabe, después de su viaje a La Meca, llevó a su hogar, en el sureste de la India, unas bayas fértiles de café. Un siglo después, en los primeros años del siglo XVII, las potencias europeas (Alemania, Italia, Francia y Holanda) luchaban entre ellas para introducir el café en sus colonias de ultramar. Los holandeses, con mucha visión comercial, lograron llevar a los Países Bajos, un cafeto procedente de Moka, un importante puerto de Arabia, allá por 1616. En 1696 se transportó café a Java que era, por ese  entonces, una colonia holandesa. Esto dio lugar a lo que se considera como el “primer cafetal europeo”. Unos 10 años después se enviaron a Ámsterdam  las primeras muestras de café y un cafeto, todo proveniente de Java. Por esa misma época, los holandeses extendieron el cultivo del café a zonas del archipiélago indonesio como Sumatra y las Islas Célebes. Indonesia se convirtió de esta manera en el primer país exportador comercial de café.

            Hasta el año de 1714 los intentos de cultivar el café en Francia utilizando cafetos producidos en los Países Bajos no habían tenido éxito. Sin embargo, ese mismo año el rey de Francia, Luis XIV (el Rey Sol, como él mismo se hacía llamar), recibió de Ámsterdam un ejemplar de cafeto que se replantó en el Jardin des Plants de París y se constituyó en el antepasado conocido de los primeros cafetos cultivados en las colonias francesas.

El café viaja a Occidente

            En 1718, los holandeses llevaron los primeros cafetos a Surinam, un país ubicado en la parte norte de Sudamérica, el cual rápidamente se convirtió en el centro cafetero del mundo. De un país vecino, de la Guayana Francesa, llegaron a Brasil, los primeros cafetos, los que fueron sembrados en Pará, dando lugar al primer cafetal del inmenso país suramericano. Esto ocurrió en 1727. Por otro lado, en 1730 los ingleses introdujeron el café en Jamaica, una de las Grandes Antillas, ubicada en el Mar Caribe. El grano fue también cultivado en Jamaica, Martinica y Haití. Hacia finales del siglo, después de la revolución haitiana, Cuba también se interesó en al asunto del café. El cafeto se acercaba a Costa Rica.

            En lo que respecta a Centroamérica, se ha mencionado la existencia de documentos que dicen que entre 1750 y 1760 se inició el cultivo del café en Guatemala y que en 1779, don Francisco Xavier Navarro, introdujo en Costa Rica, cafetos procedentes de Cuba, mientras que al año siguiente se inició su cultivo en México. Es curioso el hecho de que a pesar de que el café de las Antillas competía ventajosamente con el de las regiones de producción más antiguas de Asia, especialmente Ceilán y Java, en el lucrativo mercado europeo y a pesar de que el café era una bebida novedosa, su llegada al istmo centroamericano se produjo en forma poco notable. Esto era de esperar de Guatemala y El Salvador, países en los cuales el añil y la cochinilla eran los principales productos de exportación en el siglo XIX. Recuerde que la cochinilla era una tintura de tonalidad carmesí  muy apreciada en Europa. Se preparaba con los insectos llamados cochinilla que se sacaban de un cacto y luego de ponerlos a hervir hasta reventar, eran secados y empacados para su exportación. El añil, por otro lado, era una pasta de color azul que se preparaba con los tallos y las hojas de ciertas  plantas. Estos productos tenían un excelente mercado y por eso esos dos países  no le dieron  al café, la importancia que merecía. Cuando la exportación de esos productos comenzó a mermar, entonces si volvieron la vista al cultivo del café.

            En lo que respecta a Costa Rica, no se ha podido precisar la fecha de su arribo aunque  la historia nos tiene guardadas algunas. Antes mencionamos la de 1779, relacionada con el señor Navarro. Por otra parte,  don Cleto González Víquez, presidente de nuestra república (la primera vez de 1906 a 1910 y la segunda de 1928 a 1932), mencionó en 1936, que las primeras matas de café fueron traídas en 1908. En ese año, el gobernador don Tomás de Acosta, en una carta enviada al comandante de Matina, mencionó haber adquirido café de un zambo mosquito, lo que probablemente indujo a don Cleto a pensar que el café había venido a Costa Rica desde Jamaica, pues con ese país comerciaban los zambo mosquitos. Algunos otros historiadores indican que las primeras semillas de café fueron traídas a Costa Rica, desde Panamá, en 1791.

Influencia del café en la economía de Costa Rica

            La investigadora inglesa Carolyn Hall, en su libro: El café y el Desarrollo Histórico-Geográfico de Costa Rica, afirma que Costa Rica fue el primer país centroamericano en establecer la floreciente industria del café, a la vez que era la república menos desarrollada de la época en que este producto fue introducido.   Pero, a pesar de la magnitud de su pobreza, los costarricenses vivían en paz, sin las perturbaciones políticas de otros países del istmo y esto era un factor a tomarse en cuenta como un componente importante en el mejoramiento gradual de su agricultura. 

            Al iniciarse el siglo XVII la producción de cacao había constituido una fuente importante de ingresos para la economía de la provincia y un refuerzo para las pequeñas exportaciones de harina, bizcocho, cueros y sebo. El cacao se exportaba entonces a Nicaragua, por vía terrestre y luego a Cartagena, Colombia. Desgraciadamente la actividad cacaotera terminó bruscamente a fines del siglo XVIII, una actividad que durante casi siglo y medio produjo apreciables ganancias. ¿Qué hizo desaparecer la actividad cacaotera? Para comenzar, el costo de producción era muy alto; el transporte del producto hasta Matina, rico en paisajes pero también en peligros: por lo menos dos semanas atravesando ríos caudalosos y selvas impenetrables y como si esto fuera poco los robos frecuentes y cuantiosos de los zambos mosquitos y sus aliados ingleses del Caribe que llegaban a la costa atlántica en barcos desde Curazao, Jamaica y otras islas del Caribe. Todos estos factores juntos le pusieron punto final a la aventura del cacao.

            Llega a Cartago en febrero de 1766, la alentadora   noticia  de que se había extendido a Costa Rica el “estanco” del tabaco: es decir el monopolio gubernamental de la siembra, venta y exportación. En 1787, se limitan a esta provincia las siembras de todo el reino de Guatemala. Antes de 1766 el cultivo del tabaco era libre. Se exportaban pequeñas cantidades, primero a Panamá y luego a Nicaragua y se sembraban en amplias zonas del valle Central. Luego de declarado el monopolio, los cultivos se extendieron ampliamente pues, como se dijo anteriormente, eran propias de nuestra provincia, las siembras de todo el reino de Guatemala.

            La provincia se debatía entre los problemas económicos y, atravesando por una situación realmente desesperada, se recibe le noticia en 1787, de que la Real Audiencia de Guatemala derogaba, para Cota Rica las ventajas del monopolio del tabaco lo que significaba un fuerte desaliento para un cultivo que estaba en ese momento en su punto culminante, pero  el tabaco costarricense era, sin embargo, de una muy pobre calidad por lo que el privilegio pronto se negó.

 ¿Sería el café la salvación de nuestra economía?

            A diferencia de lo que sucedió con otros cultivos como el tabaco y la caña de azúcar, el cultivo del café no tuvo restricciones coloniales ni estuvo sujeto al estanco. En los años cercanos   a la independencia, los ciudadanos buscaban afanosamente alguna actividad que generara los recursos que la provincia necesitaba urgentemente. En esos días y por iniciativa municipal, se distribuyeron gratuitamente matas de café entre los pobladores de la zona de San José. Como feliz coincidencia, la Meseta Central, donde vivía la mayoría de la población era, ecológicamente especial para la siembra o el cultivo del café. Los vecinos de San José habían dado pruebas evidentes de su dedicación a las labores agrícolas cuando emprendieron la siembra del tabaco que por algún tiempo había sido la única fuente económica de los costarricenses, hasta que el gobierno colonial suspendió el monopolio.

            Parece que aún en los tiempos de don Juan Mora Fernández, nuestro primer jefe de estado (1824-1833), el café comenzó a cultivarse, ciertamente, en los patios de las casas, pero como una plana de adorno o como una curiosidad botánica. Una de las referencias más antiguas del cultivo del café en Costa Rica se encuentra en el testamento de un clérigo, el presbítero Félix Velarde quien en 1816 tuvo una plantación en San José y que en un mapa de la época se encontró la localización del almácigo que tenía: estaba localizado en el área urbanizada, a sólo cuatro cuadras de la plaza central de San José.

            Al mismo tiempo que las municipalidades regalaban las matas para que la gente las sembrara, llegó un momento en que la Asamblea Nacional decretó que cualquier persona que cultivara café por cinco años en tierras baldías, podría reclamarlas como suyas. En un momento dado, un decreto del presidente don Braulio Carrillo en 1840, en el sentido de que las tierras ubicadas al oeste de San José, en Pavas, fueran sembradas de café, se ha citado como uno de los mayores factores que condujeron al establecimiento del cultivo. Este comenzó a extenderse por los rumbos del Hatillo, de los Desamparados, del Zapote, las Pavas, San Juan del Murciélago (Tibás) y otros puntos cercanos a San José. Comenzaron a aparecer beneficios rudimentarios y la  gente, poco a poco, fue adquiriendo experiencia.

            Sin embargo todavía se dudaba de las posibilidades comerciales del café, a pesar de que se le había liberado del diezmo, junto con el azúcar, el algodón, el cacao y otros productos. Se creía que el café sólo tendría verdadera importancia si tuviéramos posibilidades de exportarlo, cosa muy problemática en esos momentos, sin caminos ni facilidades portuarias.

            Pero el cultivo del café seguía tomando auge y la gente comenzó a preguntarse por qué se sembraba tanto café. ¿Se lo estarían tomando los ticos de aquellos años? No claro, lo que pasaba era que ya algunos estaban “haciendo cerebro” con un posible negocio al que le veían grandes posibilidades. En 1841, un comerciante escocés que aparentemente había conocido las mejores fincas de café del país, escribió que las fincas más grandes las poseían las familias Montealegre y la de Juan Rafael Mora.

Europa y un alemán dan a conocer el café de Costa Rica

            Europa resultó ser el mercado más importante para nuestro café a principios del siglo XIX. Un alemán residente en Costa Rica, Jorge Stiepel, realizó los primeros intentos de vender nuestro café en el extranjero. En 1832 envió un cargamento desde un puerto de nuestra costa pacífica a Chile, café que fue reexportado como “café chileno de Valparaíso”.

 El negocio era inseguro. Afortunadamente, una década después, en 1843, ocurrió un hecho trascendental que terminó de impulsar el cultivo del café y nos sacó del estado de indigencia colonial. Pues bien, a principios de ese año, un velero llamado El Monarca (The Monarch) fue  contratado en Liverpool para llevar una carga a un puerto de México. Allí, su capitán, el inglés William Le Lacheur, oyó decir o le contaron, que en un país ubicado al sur, en Costa Rica, había  una importante y creciente industria cafetalera, desde la cual regularmente se enviaban cargamentos a Valparaíso. Le Lacheur se trajo su velero hasta nuestro pequeño puerto de Caldera, en la costa pacífica

En busca de carga para volver a Europa, dejó el barco para que le hicieran algunas reparaciones y, a lomo de mula, se internó en nuestro territorio. En San José convenció a los cafetaleros para que le confiaran sus cosechas con el fin de llevarlas directamente a Londres, en donde esperaba obtener mejores dividendos. Pudo negociar la compra de su cosecha con don  Santiago Fernández, uno de los cafetaleros más importantes de la época. Así, pues, el Monarch zarpó en 1843, con 5505 quintales de café costarricense entre los cuales iban 1250 de don Jorge Stiepel. William Le Lacheur se convirtió entonces en el que abrió el camino en grande, para que por él transitara nuestro “grano de oro”.

¿Dónde y cuándo se tomó café por primera vez?

            Aunque no se conoce la identidad u origen de las primeras personas que tomaron café, es de suponer que se trata de algún o algunos ciudadanos de Etiopía o de Yemen., A falta de esta certeza, la literatura se ha conformado con mencionar leyendas. Por ejemplo una del siglo XIII, nos dice que un jeque (entre los musulmanes orientales un superior que gobierna o ejerce su autoridad en un territorio) descubrió unas bayas silvestres (¿de café?) que, cansado y con hambre en su exilio, las  hirvió en agua para  luego tomar aquel líquido. Fue su efecto estimulante lo que le permitió añadir un elemento nuevo a su dieta. Incluso dice la leyenda que observó su efecto estimulante en varios enfermos a los cuales se les administró. Otra leyenda muy conocida es la de aquel pastor de cabras de Arabia que encontró a sus animales muy animados o estimulados después de comer las bayas maduras de un cafeto. El abad (el director de un monasterio), al oír esta historia, dio café a los monjes de su convento y esto les dio resistencia para permanecer en vela durante las oraciones nocturnas. Otra: en 1454, un muftí (jurisconsulto musulmán con autoridad pública cuyas decisiones son tomadas como ley), que se encontraba de visita en Etiopía, observó tomar café a sus paisanos. Al volver a su tierra de origen ordenó que le trajeran aquella  bebida y ésta le permitió recuperarse de sus dolencias y mantenerse despierto.

            En lo que respecta a las cafeterías, posiblemente La Meca albergó los primeros cafés que originalmente cumplían una función religiosa. Pero rápidamente se convirtieron en centros de reunión en los que se jugaba ajedrez, se cotilleaba, se cantaba y, como había música, pues también se bailaba. Las cafeterías o cafés se fueron desarrollando por todas las ciudades del Medio Oriente, Egipto, Constantinopla, etc. Gracias a los comerciantes venecianos, el café llegó a Europa en 1615, más tarde que el té, que comenzó a distribuirse por Europa en 1610 y mucho más tarde que el cacao que habían traído los españoles en 1528. En Inglaterra, el primer café se instaló en Oxford en 1650, mientras que en Londres el primero se abrió en 1652, es decir, casi 200 años antes de que el Monarch zarpara de la humilde costa pacífica de Cos Rica llevando el primer embarque de café (1843).

En lo que respecta a Norteamérica, la primera mención del café data de 1688, cuando, según parece se consumía con azúcar o miel y canela . Muy pronto se fundaron cafés en Nueva York, Filadelfia, Boston y otras ciudades. El café más célebre de Boston fue el Green Dragon, en donde se planeó el Boston Tea Party, en 1773. William Penn encargó que se le llevara café de Nueva York a su hogar en Pensilvania. En Filadelfia, la tercera ciudad más importante de los Estados Unidos en sus primeros años de historia, el primer café fue inaugurado en 1700.           

 

 

  

Setiembre de 2019

 

 


domingo, 4 de julio de 2021

La inevitabilidad de las redes

 ¿Qué tienen en común Donald Trump, Jair Bolsonaro y Nayib Bukele? Aunque la respuesta

principal es populismo, no es la única. Estos tres personajes se convirtieron en presidentes

valiéndose de promocionar sus campañas políticas en las redes sociales. ¿Habrían logrado tales

resultados en años anteriores sin la ayuda de las redes? Algo es indiscutible: estas herramientas de

comunicación social llegaron para quedarse; y son, desde una perspectiva política, uno de los

eslabones más importantes a la hora de definir la estrategia de una campaña política en el siglo

XXI.

El antes y el después de las campañas. En una campaña política tradicional se proyecta la imagen

del candidato de forma que la opinión pública lo conozca, lo acepte y luego lo considere como el

más valioso. Para ello debe existir un buen manejo de los medios y de la capacidad del equipo

estratégico alrededor del candidato que trabajen de forma orquestada. El director de esta

orquesta es el Jefe de Campaña, responsable del manejo adecuado del presupuesto, de la

transparencia de los donantes, de cuidar la imagen del candidato, de analizar las fortalezas y

debilidades de los oponentes, de manejar un vínculo respetuoso con los medios y de manejar los

hilos de la estrategia de la campaña que los lleve a buen puerto. El barco lleva el nombre del

candidato; el Jefe de Campaña es quien maneja el timón.

Pero las campañas ya no son tan tradicionales. Con las redes sociales hoy resulta fundamental

contar con una figura novedosa: el Community Manager. Este profesional en marketing digital,

tiene la capacidad de manejar las diferentes plataformas sociales y de gestionar la marca (o en

este caso el candidato) en este mundo online. El “CM” construye y administra la comunidad de

fans, clientes, seguidores o votantes en internet. Si tanto el Jefe de Campaña como el candidato

comprenden la importancia que este tema merecen, volcarán su atención a las redes sociales e

impulsarán su campaña por medio de posts diarios, foros, blogs, páginas web, y revistas

electrónicas.

Cordura e impacto. Pero no nos precipitemos: la virtud de la prudencia también nos obliga a

realizar un análisis del ‘approach’ que adoptaron Trump, Bolsonaro y Bukele en sus campañas.

Cada uno se vio envuelto en escándalos con sus publicaciones, algunas cuestionadas y señaladas

como fake news. Aún así lograron alcanzar el poder. Si repasamos el estilo poco ortodoxo de

Trump en Twitter, veremos que si bien le sirvió para la campaña del 2015, en el último año se

expuso más de la cuenta, publicando comentarios retadores y sobre todo confrontativos. Su estilo

disruptivo lo utilizó irracionalmente en su propio detrimento y su debacle se debió en gran parte a

una estrategia de comunicación errática.

Sirva entonces de ejemplo para entender que un buen candidato, hábil y bien asesorado debería

desarrollar una estrategia de comunicación en las rr.ss. que puedan catapultar su mensaje, de una

forma directa, sencilla y económica y sobre todo con cordura y transparencia. Si se conocen bien

los gustos y preferencias de los usuarios de rr.ss. se puede desarrollar una estrategia exitosa. Pero

esta métrica debe analizarse con cuidado, ya que algo que funcionó hace seis meses podría

llevarte hoy al precipicio.

La génesis perenne que viven las redes y su público, exigen del Jefe de Campaña y el CM un

planteamiento estratégico riguroso: el timón de la campaña se moverá según lo dicten las nuevas

tendencias y plataformas de servicios. Si el radar funciona, la estrategia se enfocará en alcanzar a

miles de personas que se desplazan a las redes más populares. Para dar un ejemplo puntual, en

estos momentos el candidato que se proyecte con habilidad en Tik Tok podría acceder al

segmento poblacional con una edad inferior a los 25 años de edad y que hoy representa 650,000

personas en Costa Rica. Un segmento muy amplio, de difícil acceso y muy probablemente, el que

escoja al próximo presidente de la República.

El peligro de la pandemia autocrática

 

Como lo comenté en el artículo titulado “Crisis posmoderna: Apuntes sobre cultura, política y democracia”, vivimos una tercera ola de recesión democrática en donde los populistas y amantes de regímenes autoritarios han ascendido al poder. La estrategia es siempre la misma: alcanzando el poder por medios democráticos, lanzan abiertos ataques a los medios de comunicación y la sociedad civil, polarizan su discurso con ataques difamadores a sus oponentes políticos y se aprovechan de su posición de poder para distribuir información falsa que desestabiliza a la misma institucionalidad del país.

Esta semana, el Instituto V-Dem de la Universidad de Gotemburgo publicó un informe titulado “Autocratization turns viral” (La autocratización se vuelve viral). Puntualmente señalan cómo en la última década se han acentuado tres escenarios en perjuicio de lo que entendemos por democracia: primero, los regímenes autocráticos se incrementaron del 48 al 68%; segundo, los países con tendencias autocráticas pasaron del 6 al 34%; y tercero, solo en los últimos tres años, se dio un retroceso en la libertad de expresión que pasó de 19 a 32 países.

Si bien algunos países avanzaron en sus procesos democráticos hacia democracias electorales o liberales (tales como Barbados, Túnez, Nigeria y Madagascar) otros sufrieron un retroceso (Chile, Portugal, Suráfrica, República Checa, Polonia, Hungría, Bolivia, Serbia, Filipinas, Tailandia, Siria, son ejemplo de ello). Lo relevante es lo preocupante: el nivel de democracia a nivel global cayó a los niveles de 1990; es decir, hay menos democracias (electorales o liberales) y hay más autocracias (cerradas o electorales).

Pandemia y academia. Aprovechándose de las circunstancias propias de la pandemia, durante el 2020 hubo transgresiones a los principios democráticos: en 32 países se violentaron las normas internacionales; en 55 países de régimen autocrático se contabilizaron violaciones moderadas; en dos tercios del total de los países del mundo, se impusieron restricciones a los medios de comunicación; y en un tercio de ellos, se establecieron medidas de emergencia sin definir límites de tiempo.

Aunque el impacto de la pandemia podría no verse como algo peligroso para las democracias liberales, lo cierto es que el reto latente será impedir que estas medidas adoptadas “temporalmente” se conviertan, bajo la excusa de la pandemia, en medidas permanentes. Dicho de otra forma, la “esperanza democrática” consiste en esperar que dichas naciones levanten las restricciones y medidas de emergencia una vez que el riesgo de la pandemia disminuya, sea controlado o bien finalice.

A raíz de lo anterior, el Instituto V-Dem lanzó en Noviembre de 2020 una iniciativa denominada “The Case For Democracy”, que con el apoyo financiero de la Comisión Europea, pretenden impulsar los beneficios de la democracia liberal, esto es, el desarrollo humano y económico, la protección socioeconómica, de salud y ambiental, así como la seguridad doméstica e internacional.

Dicho esfuerzo tiene como meta transferir conocimiento a través de la Academia y el entramado de 3,500 colaboradores a nivel global así como de legisladores en todas las naciones, de forma que los países puedan implementar políticas democráticas que aseguren el éxito en el desarrollo democrático de los países.

El riesgo para Costa Rica. El informe presenta el índice de países con democracia liberal, en donde Costa Rica aparece en la cuarta posición, por debajo de Dinamarca, Suecia y Noruega pero por encima de países como Alemania, Suiza y Finlandia.

Si bien es un aliciente para nuestro país, debemos recordar que la democracia es un concepto volátil que puede desaparecer en un santiamén si no se protegen los elementos que le dan soporte y validez. Uno de ellos es el proceso electoral; el otro, la institucionalidad, que muchos dan por sentado dada la independencia de los tres poderes, la estabilidad jurídica y el control horizontal que ejercen las diferentes instituciones entre sí.

No obstante, a nivel político-electoral, estamos viviendo momentos de insatisfacción y frustración crecientes dentro del electorado. Los ticos se muestran cada vez menos tolerantes a los actos de corrupción, los abusos y excesos en leyes que aplastan al ciudadano con burocracia e impuestos y a la incapacidad de diferentes gobiernos en eliminar instituciones que consumen millones de dólares sin que generen nada valioso para el país. Ni qué decir de la forma como la Academia y hasta el mismo Poder Judicial se han comportado a la hora de negociar sus privilegios.

Estamos ante el riesgo de que aparezca un hábil candidato populista que sepa mover los hilos de la disconformidad social y que, llegando al poder por medios democráticos, ponga en práctica la estrategia de los autócratas.

jueves, 8 de abril de 2021

Video: Foro506 Paolo Araya Muñoz 18 Nov 2020

 Hace unos meses tuve la oportunidad de proyectar algunas ideas sobre los simbolismos a nivel política y cómo se proyectan en la realidad política que se vive en nuestro país. 


Agradezco a Foro506 la gentileza.

Ver:

https://www.youtube.com/watch?v=6W72v9cXgU0&t=3508s




Nuestra fragilidad política – Tres cuestiones

 

 


Las condiciones básicas de cualquier democracia moderna las podemos resumir en un sistema multipartidista, la participación universal en el sufragio, el voto secreto, la ausencia de fraude electoral y el libre acceso y participación ciudadana en los partidos políticos. Este engranaje funciona gracias al ciudadano, quien ejerciendo su soberanía y participación cívica en los distintos foros de la sociedad civil, legitima todo entramado democrático: instituciones, leyes y gobierno.

 

Nuestro modelo democrático se desarrolló y consolidó en el periodo comprendido entre 1955 – 1990, gracias a que partidos como Liberación Nacional y la Unidad (antes Republicano) impulsaron una verdadera militancia político-cívica, en donde el ciudadano aportaba su trabajo, sus ideas y proyectos eran verdaderamente escuchados, había consensos y en general, todos los militantes conocían no solo los estatutos de sus partidos, sino que defendían la ideología política que les daba cohesión y sentido de pertenencia. Una primera pregunta sería: ¿El ciudadano del siglo XXI es escuchado dentro de los partidos políticos? ¿’O existe una cúpula, una élite, un “Olimpo” únicamente accesible a los “dioses” del partido?  

Los tiempos han cambiado y la voluntad altruista del ciudadano por aportar al país se ha desvanecido por completo. El tico del siglo XXI ya no quiere involucrarse con ningún partido político. Conoce del rechazo al cual se expondría en caso de acercarse a ayudar de forma desinteresada. Sabe de los intereses egoístas detrás del esfuerzo de muchos. Su apatía al llamado cívico es tan profunda, que para el TSE resulta una epopeya homérica conseguir voluntarios dispuestos a colaborar en las mesas de votación el “Día E”. Este deterioro tendrá consecuencias nefastas para la sostenibilidad de nuestra democracia en el mediano y largo plazo si seguimos ausentándonos de las urnas.

Virtud cívica Damos por sentado que Costa Rica es un país democrático, desconociendo la realidad global, latinoamericana y regional, que nos demuestra una y otra vez cómo la democracia no es otra cosa que un frágil sistema que permite que sus enemigos muevan los hilos con tal de dar un giro al sistema de gobierno. Ante esta sincera preocupación, deberíamos recapacitar sobre el valor más importante que tiene el tico: su patriotismo cívico. Surge una segunda cuestión: ¿queda hoy algo de virtud cívica en el costarricense? 

En el escenario de la discusión política, los temas político-electorales tradicionales, tales como desarrollo humano, crecimiento económico, distribución económica, etc., han sido hoy reemplazados por temas que impactan al costarricense en su fuero más privado: sus valores y sus creencias son ahora el campo de batalla entre el bando “conservador” y el bando “progresista”. Esta división, que confunde y polariza al ciudadano común, nos lanza una tercera pregunta: ¿serán las discusiones políticas durante las elecciones del 2022, políticas o ideológicas?

 

Mientras los partidos sigan siendo controlados por élites excluyentes, los ciudadanos desincentivados cívicamente de participar en política y se siga alimentando una agenda de discusión ideológica por encima de los verdaderos problemas nacionales, seguiremos avanzando hacia un destino oscuro y un futuro sin esperanza.

 

Crisis posmoderna: Apuntes sobre cultura, política y democracia

 

Vivimos momentos en que el colapso cultural cada día se manifiesta con mayor intensidad. La creciente tendencia al uso de redes sociales ha traído una suerte de libertad de expresión perversa, en donde resulta evidente la esclavitud del individuo a los algoritmos de des-información que permean diariamente ideas contrarias a la verdad y a la razón. Esta nueva concepción de ‘verdades y razones’ ha socavado las mentes de los ciudadanos del mundo, al punto que estamos siendo testigos de una destrucción de la persona, en su núcleo más fundamental. Pertenecemos así a una sociedad cada vez más tribalizada, aislada, individualizada y abandonada a su suerte, carente de los pilares tradicionales que históricamente sirvieron al individuo para subsistir en la colectividad de su familia, su comunidad y su país.

La destrucción antropológica del individuo. La modernidad y posmodernidad nos han dejado expuestos a ideologías que lamentablemente son impulsadas por intelectuales y académicos progresistas que siguen enamorados de la Revolución del ’68 y que, cincuenta años después, alcanzaron el poder político para imponer sus ideas desde el Estado y así “resolver los problemas” que sus nefastas ideologías pretenden enmendar. Así, alcanzamos una doble manifestación de caos: por una parte, la inevitable infiltración de grupos intelectuales en el poder para modificar leyes e impulsar políticas públicas disfrazadas de buenas intenciones pero que en el fondo son, por definición, neomarxistas y que buscan la ‘deconstrucción’ antropológica de la persona; por otra, los algoritmos de redes sociales que con precisión matemática, alimentan diariamente y de forma personalizada, ideas contrarias a los valores del individuo: la cristianofobia, el rechazo a la ciencia y la biología, y la victimización como virtud, son claros ejemplos de ello.

No es casualidad entonces que la persona occidental del siglo XXI se sienta abandonada a su suerte y viva un momento de crisis personal que se manifiesta de diferentes formas, entre ellas, su incapacidad para alcanzar la felicidad pese a vivir en el mejor momento material, laboral, educativo y médico en toda la historia de la humanidad. Ante la necesidad de encontrar respuestas y soluciones a sus problemas, proyecta sus esperanzas en los políticos, los cuales, por su parte, son incapaces de resolver los problemas ‘posmodernos’, ya que éstos viven enfrascados en los temas políticos tradicionales a resolver, llámense economía, salud, educación, seguridad; y son incapaces - por no saber leer la realidad de los tiempos políticos actuales - que el ciudadano busca respuestas a nivel antropológico: biológicas, sociales, culturales e históricas.

Una democracia en riesgo. Soy de la tesis de que esta crisis antropológica, que emerge de la Academia posmoderna ha tenido un impacto en lo que los expertos denominan la “tercera ola de recesión democrática”, la cual, en los últimos 20 años, ha desatado un crecimiento de regímenes autoritarios en todo el mundo. Dicho de otra forma, la crisis del individuo precede a la crisis política; y esta circunstancia ha propiciado un escenario de dos vías, en donde por un lado existe la necesidad del individuo para resolver encrucijadas éticas que ha visto deteriorarse hasta el punto de someterse a nuevas normas sociales e inclusive leyes adversas a su moral e impulsadas por ideologías contrarias a la verdad y la razón; y por otro, la aparición de partidos populistas y / o autoritarios que, aprovechándose de la coyuntura histórica que hizo perder al ciudadano común, la fe en las instituciones y en los políticos tradicionales, prometen corregir los problemas derivados de dicha intromisión ideológica en el Estado. Un populista hábil, tendrá la mesa servida y solo requerirá de una estrategia electoral enfocada en avivar la esperanza a partir de un discurso incendiario, extremista y excluyente.

 

Estamos delante de escenarios poco analizados aún. Los sesudos criterios de pensadores de la talla de Lipset, Rustow, Przeworski, Hungtinton y Juan Linz, que planteaban el desarrollo económico, la legitimidad de las instituciones, la participación y la libertad como pilares de la democracia para evitar un colapso en los regímenes democráticos, son hoy insuficientes para prometer o proyectar la estabilidad democrática de un país.  El colapso inminente de la cultura occidental judeocristiana que se ha cultivado por al menos 50 años, está recogiendo hoy su cosecha. Y el enfoque académico debe hacer un giro sociológico.

El individuo del siglo XXI es decadente y reduccionista porque el globalismo lo convirtió en un ser vulnerable y débil. Sin esperanza, sin religión, sin familia, sin futuro, es el reflejo de una sociedad contemporánea competitiva, consumista y progresista. Delante de una realidad vacía de ritos y simbolismos, su vida carece de valor y entregará el poder a cualquiera que prometa devolverle sentido a su vida. Lo grave, sin embargo, no son los populistas, sino que como ciudadanos nos enfrentamos a un futuro incierto; a una lucha de extremos, en donde se manifestarán cada vez con más fuerza la agresividad capitalista y el socialismo tribalista.

¿Está en peligro nuestra democracia?

Vivimos en un país con una realidad ‘democrática’ que no cuestionamos; y quien lo haga, será señalado como traidor a la patria. Imagino que esta reacción deriva de aquella ‘democracia rural’ que heredamos de nuestros antepasados desde el s. XVI. Para nosotros, ser ticos es ser democráticos. Como sea, sorprende que el experto en el tema de democracia Larry Diamond, muestra con cifras y ejemplos, que desde hace 15 años vivimos una tercera ola de recesión democrática, esto es, un decrecimiento a nivel global en el total de países con regímenes democráticos. Algo impensable pero real en pleno siglo XXI.

 

Y es que el mundo sigue dando tumbos y cada pueblo, región y cultura ha tenido que escarmentar en cabeza propia, con serios desatinos y hasta catástrofes a nivel económico y social, derivadas de la incapacidad del hombre para consolidar un modelo estable que proteja al ciudadano de su propia vulnerabilidad, egoísmo e incompetencia. De hecho Siria es hoy el caso vigente que confirma lo señalado.

 

Veamos también la inestabilidad democrática en Latinoamérica de los últimos 50 años, en donde dictaduras de derecha e izquierda han subido y bajado del poder, sin que podamos señalar que exista estabilidad democrática en ningún país, con las excepciones de Costa Rica y Uruguay. Por el contrario, países como Bolivia, Ecuador, México, Perú, Brasil, Argentina, Chile y Guatemala han sufrido graves momentos de inestabilidad política, muchos de ellos con profundos casos de corrupción a nivel institucional y con el riesgo siempre latente de cúpulas, élites o fuerzas militares queriendo detentar el poder. Ni hablar de Cuba, Nicaragua y Venezuela, que merecen un capítulo aparte.

 

La cultura cívica de otras latitudes. Se podría pensar que los ciudadanos de África y Oriente Medio están acostumbrados a vivir sometidos bajo regímenes autoritarios, pero no es así. Como lo señala el Asian Barometer 2014-16, los ciudadanos de países como Argelia, Irak, Jordania, Kuwait, Marruecos, Sudán, Túnez, entre otros, sí tienen una noción clara de lo que representa la democracia. Lamentablemente, estas sociedades no tienen opciones a nivel político pues el poder lo ejercen pequeñas élites corruptas. Sumado a lo anterior, la baja escolaridad y excesiva disparidad económica impiden al ciudadano común acceder a recursos, información y medios para exigir resultados diferentes a sus gobernantes.

 

El fenómeno de la Primavera Árabe, que al día de hoy sigue sin resolver las demandas de los movimientos civiles, es un fiel reflejo de que el ciudadano anhela oportunidades, libertad e independencia, pero no tiene representatividad a nivel político; y aunque en algunos países celebran votaciones, las mismas se celebran bajo regímenes híbridos denominados “autoritarismos electorales”, cuyos gobiernos violentan las normas democráticas más elementales.

 

Los valores asiáticos Con Asia nos llevamos otra sorpresa: los valores culturales de los países asiáticos son herencia taoísta, budista y confusionista, los cuales instan a los ciudadanos a ceder el poder y las libertades individuales a aquel individuo que sea leal, piadoso y digno para dirigir los destinos de la colectividad, con lo cual se dificulta cualquier intento de instaurar la democracia como modelo político. Los asiáticos rechazan el concepto de democracia pues encuentran ilógico que los ciudadanos -seres emocionales, irracionales e incapaces - sean los responsables de elegir a sus líderes. Además, consideran que la democracia incentiva las diferencias identitarias, con lo cual se promueven los conflictos étnicos, religiosos, lingüísticos y tribales. No es de extrañar que Japón sea la única nación asiática democrática mientras que las demás, viven bajo regímenes híbridos o autoritarios.

 

Y luego tenemos el caso de China, un régimen de opresión totalitarista que confunde a los más ingenuos al mostrarse ante el mundo como un modelo económico ejemplar, mientras aplasta a su población y violenta abierta y descaradamente las libertades más fundamentales del ser humano. China por sí sola representa el mayor de los peligros para las democracias occidentales, por la forma como ha venido manejando durante los últimos 20 años, los hilos de la diplomacia global, su hábil intromisión económica en Europa, Norteamérica y Latinoamérica y en especial su absoluto protagonismo dentro de los organismos internacionales, a través de los cuales ha logrado (últimamente con bastante suceso) penetrar sin dificultad por encima de la constitución política de las naciones de Occidente, hasta imponer sus ideologías.  

 

Un detalle final En nuestro caso particular, resultaría inaceptable como país, permitir a nivel diplomático y político la injerencia extranjera ya sea de naciones o de organismos que atenten contra nuestra soberanía, nuestros valores y pretendan pisotear nuestra Constitución. Dicho de otra forma, coquetear voluntariamente con fuerzas totalitaristas y ajenas a nuestra idiosincrasia y cultura de paz, jamás será una buena idea.

 

Haciendo un análisis comparativo a nivel global, Costa Rica sobresale por pertenecer a una categoría de consolidación democrática denominada “democracia liberal”. En nuestro país, el ciudadano manifiesta su autoridad a través de lo que se denomina soberanía popular, con la cual ejerce control sobre los gobernantes y su gestión (vertical accountability) para que gobiernen con efectividad. Simultáneamente el entramado institucional permite dispersar el poder, disminuye el riesgo de corrupción en la función pública y permite la competencia entre entidades e instituciones (horizontal accountability).

 

De una forma natural, el tico goza de la libertad de expresión, de prensa, de asociación, movimiento, pensamiento, credo, religión, lenguaje, e inclusive la libertad de manifestarse o protestar pacíficamente sin que por ello tenga represalias estatales ni políticas. La cultura cívica del costarricense se manifiesta a través del ciudadano que cree en la legitimidad del sistema democrático, que es leal a la Constitución Política, que conoce sus deberes y obligaciones como ciudadano, que participa del proceso electoral y respeta siempre su desenlace; que cuestiona pero respeta a la autoridad y que condena actos de intolerancia y violaciones a las normas constitucionales.

 

Solo hay un detalle: ¿realmente participa el costarricense del proceso electoral? ¿Usted qué piensa? Será tema para un futuro artículo.

 

La deconstrucción de Costa Rica


Larry Diamond, profesor emérito de la Universidad de Stanford, imparte un curso llamado “Condiciones en el desarrollo de la Democracia”, en el que hace referencia a las condiciones básicas de cualquier democracia moderna: un sistema multipartidista, la participación universal de adultos en el sufragio, el voto secreto, la ausencia de fraude electoral y el libre acceso y participación ciudadana en los partidos políticos. El elemento trascendental que le da legitimidad es la virtud cívica del ciudadano, de modo que el entramado democrático (instituciones, leyes y gobierno), está sustentado sobre tres pilares: la soberanía popular, la participación ciudadana y la sociedad civil.

 

Si repasamos la efectividad con la que nuestro modelo democrático en la Costa Rica se desarrolló y consolidó en el periodo comprendido entre 1955 – 1990, veremos que no fue casualidad. Dicho de otra forma, si hace 60 años, usted se acercaba con intenciones de ser partidario y militante de partidos como Liberación Nacional o Unidad (antes Republicano), debía conocer tanto sus estatutos como la ideología política ya que esto le daba cohesión y sentido de pertenencia. Un sistema democrático consolidado, sumado a la transparencia de los partidos políticos, es lo que impulsa al ciudadano a involucrarse en procesos políticos para aportar con ideas y trabajo.


Pero los tiempos cambian y la voluntad altruista del ciudadano por aportar al país se ha desvanecido por completo. El tico del siglo XXI ya no quiere involucrarse con ningún partido político. Su apatía al llamado cívico es tan profunda, que para el TSE resulta una epopeya homérica conseguir voluntarios dispuestos a colaborar en las mesas de votación el “Día E”. Aunque todavía no lo podamos ver ni proyectar, este deterioro paulatino tendrá consecuencias nefastas para la sostenibilidad de nuestra democracia en el mediano y largo plazo si seguimos ausentándonos de las urnas. Damos por sentado que Costa Rica es un país democrático, desconociendo la realidad global, la latinoamericana y la regional, que nos demuestra cómo la fragilidad del sistema permite que los enemigos de la democracia muevan los hilos de un país para dar un giro al sistema de gobierno. Ante esta sincera preocupación, deberíamos recapacitar sobre el valor más importante que tiene el tico: su patriotismo cívico. Pero, ¿queda hoy algo de virtud cívica en el costarricense? 


La deconstrucción. En el año 1991, el sociólogo de la Universidad de Virginia, James Davison Hunter publicó un libro llamado: “Culture Wars – The Struggle to Define America”. En él señalaba que temas como el aborto, el control de armas, el Estado laico, el matrimonio igualitario, la legalización del consumo de drogas, etc., habían tomado el escenario de la discusión política, haciendo a un lado los temas político-electorales tradicionales: desarrollo humano, crecimiento económico, distribución económica, etc. Ahora, estos nuevos parámetros definen la afiliación política basados en las convicciones morales del ciudadano. Tal fue el impacto de esta idea, que durante la Convención Republicana de 1992, el ex candidato presidencial Pat Buchanan fundamentó su discurso de apoyo al candidato electo George H.W. Bush basándose en las ideas de Davison Hunter y sentenciando que la "guerra cultural” no solo era una realidad sino que culpaba al Partido Demócrata de impulsar una agenda que no era política sino ideológica. El objetivo, era y sigue siendo la deconstrucción de los valores culturales y morales de Occidente.

 

Esta corriente filosófica que inició a finales de los años sesentas bajo la tutela de filósofos tales como Lyotard, Foucault y Derrida, busca derribar los pilares de la cultura occidental judeocristiana. El fenómeno de polarización social que viven los países incluyendo Costa Rica son muestra de este esfuerzo intelectual e ideológico que se ha manifestado en la academia, la política y los medios. A nivel político, basta repasar las últimas dos elecciones presidenciales de nuestro país, que han estado enfrascadas en discusiones de carácter moral y alejadas de los problemas estructurales que nos afectan como nación. Pero cuidado: que esto no es solamente un fenómeno electoral. La guerra cultural permea en todos los ámbitos y por eso a diario vemos una creciente polarización en redes sociales, en donde se manifiesta un profundo conflicto moral que divide a las personas en colectivos que se agrupan según sus valores: conservadores y progresistas, ateos y creyentes, pro vida y pro aborto, “zurdos” y “fachos”, marxistas y capitalistas, etc.

 

Dos retos. Este debate de “economía versus cultura” es la realidad del siglo XXI en nuestros países. Localmente, los diputados de oposición y el Gobierno han vivido distraídos por años y han sido incapaces de trazar una línea clara para la atención de los verdaderos problemas.  Más aún, nuestros partidos políticos, carentes de intelectuales y pensadores que exijan al gobierno de turno implementar un programa de trabajo, han sido incapaces de negociar e implementar un proyecto-país que nos dé algo de esperanza. Citando de nuevo a Larry Diamond,  la cultura política se define como “la forma como las personas evalúan a los políticos y su propio rol en el sistema político”. Pero acá, los ciudadanos ya no se involucran y los partidos no son otra cosa que cascarones vacíos, maquinarias electorales de poca monta. Por eso, el peligro en el que vivimos es latente.

 

Ante esta realidad, tenemos dos grandes retos: Primero, exigir a la casta política que abra los ojos y despierte ante esta realidad de deconstrucción cultural global que domina la discusión política de los países de Occidente; y lo segundo, ser precavidos, ya que mientras la decepción y la frustración social sigan avanzando, se seguirán sentando las bases para fraguar un estado de crisis que podría llevar al ciudadano, en el mediano o largo plazo a considerar otras opciones alternativas a la democracia liberal. A falta de 14 meses para elegir al futuro presidente de Costa Rica, el diagnóstico previo nos desnuda. Urge iniciar un proceso electoral inteligente y transparente que permita conocer de los partidos, sus candidatos y sus propuestas. Si no atacamos este problema político-estructural a tiempo, el desinterés en el proceso electoral se profundizará aún más y el ejército de compatriotas desencantados con la política seguirá reclutando más y más ciudadanos a sus filas. Recordemos que en las últimas elecciones, la tasa de abstencionismo alcanzó una cifra récord de 33.8%. Ya no nos podemos dar el lujo de mirar hacia otra parte.