Me referiré brevemente a los partidos que superaron los 150 mil votos, a excepción del PLN y PSD, pues por ser finalistas, merecen un análisis aparte.
Frente Amplio: la configuración del partido ha tenido serios altibajos pues sus resultados del 2010 y 2018 no fueron muy halagüeños. Algunos aseguran sin embargo, que en el 2018 su caudal se cedió voluntariamente para sumarle votos al PAC y su agenda progresista (LGS y JMV son los representantes de Costa Rica en la organización internacional de izquierda progresista llamada Grupo de Puebla). En el 2014 Frente Amplio consiguió 354 mil votos, mucho mejor que los 159 mil de este 2022. Pero no nos engañemos: el futuro del Frente Amplio está garantizado y el análisis del Semanario Universidad lo confirma: su norte ideológico va de la mano con los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) que corresponden a la Agenda 2030 de la ONU. En otras palabras, siempre y cuando la ONU siga imponiendo su agenda por encima de la soberanía de los países, la izquierda progresista se manifestará culturalmente hasta conseguir que el Frente Amplio llegue al poder. (https://semanariouniversidad.com/universitarias/partidos-politicos-integran-agenda-de-desarrollo-sostenible-en-sus-planes-de-gobierno/).
PUSC: Inquieta el desenlace del partido, debido a dos errores puntuales: el primero, su candidata. El desempeño de la señora Saborío en los debates fracturó la confianza del votante, pues el concurso entre candidatos implica un dominio absoluto de los temas político-estructurales ante la rigurosidad que deriva cuando se está optando por la posición más importante que puede alcanzar una persona a nivel político. Existe un lobby en rr.ss. que asegura que a Lineth se le "castigó" en los resultados por ser mujer. Un argumento poco creíble cuando Laura Chinchilla arrasó en la primera ronda del 2010 con el 47%, gracias a su temple, su seguridad y su absoluto dominio de todos los temas que el puesto amerita dominar. El segundo error fue postular a Juan Carlos Hidalgo como diputado por el tercer lugar de San José. Era una gran pieza que lamentablemente fue relegada por razones ajenas a la preparación y la capacidad. Unidad pagó el precio por hacer malos cálculos políticos.
PLP+: Para los liberales era preocupante ver en la papeleta a cuatro partidos liberales diferentes, incapaces de unirse y sumar fuerzas y esfuerzos. A pesar de ello, el votante sabía que Eli Feinzaig era su máximo representante y los 225 mil votos conseguidos, lo demuestran (Unidos Podemos sacó 15 mil votos, Unión Liberal 6 mil y Movimiento Libertario, mil setecientos...). Y ahora corresponde al partido buscar los medios para consolidarse como fuerza política de respeto. Veremos si sus diputados se desempeñan a la altura.
Hay un detalle que no podemos dejar pasar: Cuando Eli Feinzaig fundó al Partido Liberal Progresista, su 'partner' era nada menos que Juan Carlos Hidalgo. ¿Qué habría pasado si Hidalgo no se hubiera alejado de las filas del partido? ¿Qué tal si hubiera aparecido como vicepresidente o diputado por el primer lugar en San José? ¿Qué impacto habrían tenido en los resultados de Unidad si JCH no se hubiera unido a ellos? Estoy seguro que el PLP+ habría sido más relevante, más poderoso. Y bueno, es inevitable que los cálculos políticos se entremezclen con egos y complejas relaciones interpersonales que impiden tomar la mejor decisión.
Nueva República: No fue suficiente que el voto comprometido de lo que algunos denominan "neopentecostales" se manifestara en las urnas como hace cuatro años. De hecho, aquí aparece un detalle sumamente importante: En la primera ronda del 2018, Fabricio consiguió 537 mil votos. ¿Ahora? 271 mil. Es decir, un 50% de su supuesto caudal "cautivo" por esta "circunstancia" religiosa. Eso sí, debemos aceptar que la campaña fabricista nunca se centró en un mensaje ni religioso ni mesiánico. Era más bien ambiguo (se movía del centro a la derecha pero nunca se afianzó como para darle certeza al votante); y aunque podríamos suponer que su "approach" es darle un tinte más político y menos religioso, no logró ni lo uno ni lo otro. Recordemos además que el candidato estuvo coqueteando con personalidades de la derecha latinoamericana (Agustín Laje y Pablo Muñoz Iturrieta, para citar un par) pero nunca supieron proyectarlo a nivel político. Y la incorporación de Iván "El Gurú" Barrantes como estratega de campaña, no surtió el efecto que se esperaba: nunca se vio una estrategia clara, nunca se manifestó ese concepto "outside the box" tan indispensable para desligar a un candidato de un perfil preconcebido. En fin, aunque los 'expertos' quieran separar la experiencia actual de la del 2018, lo cierto es que fue un fracaso en virtud del esfuerzo realizado.
Finalizo con un asunto que merece nuestra atención: la tolerancia entre los votantes, o mejor dicho, su ausencia. Nuestra incapacidad para escuchar opiniones diferentes, nos tiene muy limitados a la hora de hacer análisis de propuestas, si es que hacemos alguno. Las rr.ss. solo han servido para sentar las bases de una nueva cultura: la del odio al prójimo. Mientras la batalla cultural avanza y se convierte en una patología colectiva, normalizamos los insultos y las groserías, encerrados en nuestras ego-burbujas y creyéndonos seres humanos superiores a las generaciones que nos precedieron.