viernes, 19 de julio de 2013

La revolución política

Como los cientos de miles de costarricenses decepcionados de la política en este país, no tengo por quién votar en las próximas elecciones. Profundizando en las razones, me he dado cuenta que no son los candidatos quienes me hacen sentir desidia; los partidos políticos se han encargado, en los últimos 15-20 años de acabar con el ánimo hasta del votante más entusiasta. Como lo señaló don Jorge Guardia en su columna esta semana, el problema podría ser la falta de claridad en la ideología de los partidos. Así por ejemplo, quienes se llaman liberacionistas, saben que dicho partido ya no se rige por los principios social demócratas, sino que ahora son neoliberales.

Lo cierto es que hay muchas causas más. ¿Cuáles? Eso ya no importa. La suerte está echada para los ticos y los próximos cuatro años. NI siquiera una alianza podría evitar lo inevitable, pues una alianza entre partidos (PAC, ML, FA, etc.) tan disímiles, que no tienen vínculos comunes entre sí, ni siquiera ideologías claras, podrán arrebatarle a Liberación su tercera victoria al hilo. (Y sinceramente, prefiero que no lo hagan).

Ha llegado la hora Ahora lo que corresponde es pensar en el 2018. Es hora de iniciar un proyecto más grande que cualquiera de los partidos existentes, que recoja los anhelos de todos y que promueva la participación de aquellos interesados y preocupados porque este país se proyecte a futuro, como un ejemplo a seguir en las democracias latinoamericanas. Un proyecto de gente experimentada y honesta. De gente inexperta pero ansiosa de cambiar al país.

Es hora de hacer ver, sobre todo a los más viejos, que ya no podemos recuperar aquella Costa Rica de los años dorados. Es hora de hacer ver, sobre todo a los más jóvenes, que no podemos construir la Costa Rica que queremos, mientras ellos se sigan alejando de la política. Ya es hora, de que todos nosotros, comprendamos que  ha llegado el momento de hacer un giro en la política. Que ya los partidos tradicionales murieron. Que debe surgir un nuevo partido que amalgame la sabiduría de los viejos que anteponen siempre la honradez y la justicia social y la energía de los jóvenes que quieren luchar por un país más equitativo y equilibrado.

Una propuesta limpia Todos los costarricenses sabemos que nuestra bendición como país subyace en la seguridad social y la educación, ambos pilares de nuestra sociedad por años. No obstante, hoy se ha debilitado por un desequilibrio entre el Estado benefactor que ha crecido de forma desmedida y la ineficiencia en el manejo de los recursos públicos. Todos sabemos que ha sido gracias a las oportunidades que el Estado de Derecho nos ha dado, que miles han podido desarrollarse según sus capacidades en negocios propios y es obligación del Estado, el seguir promoviendo más oportunidades para los ciudadanos que quieran surgir.

Por eso, es prioritario el equilibrio entre la salud, la educación y las oportunidades, pues la Costa Rica del siglo XXI deberá sustentar ambos escenarios, el de la izquierda y el de la derecha en una proporción tal, que este nuevo enfoque se ubique ideológicamente en el centro del espectro político. ¿Existe hoy alguna propuesta de algún partido político nuevo, que no involucre gente que ha manchado el honor del país? ¿No deberíamos buscar el espacio para crear dicha propuesta? Urgen ideas y personas honradas para empezar con esta revolución política.

miércoles, 10 de julio de 2013

Escala de valores

En ocasiones sucede que por experiencias propias o ajenas, volvemos nuestra mirada a lo que tenemos. A lo que es nuestro, en el sentido más egoísta. Y como no siempre suceden estas cosas, vale la pena aprovechar esa oportunidad al máximo y dar nuestro mayor esfuerzo para corregir errores, enmendar el rumbo y abrazar todo aquello que amamos.

Porque normalmente lo que más descuidamos es aquello que tenemos más cerca de nosotros. Imagino que deben ser la cercanía, la costumbre y la cotidianidad, los tres elementos que se confabulan para perder de vista lo hermoso y lo bello que son todas esas cosas que tenemos a mano y nunca valoramos. O mejor dicho, que sí valoramos pero no les prestamos la atención debida.

Es hora de dar a cada cosa su debido peso. Su debido valor y atención correspondiente. Y reorganizar la escala de valores para priorizar aquello que lo merece. El amor, por cierto, debería ser la moneda con la que realizamos las transacciones en esta escala de valores.

Para estar bien con nosotros mismos, deberíamos aprender a poner todas nuestras monedas en aquello que más amamos. Porque nos da equilibrio. Nos inspira el alma. Y nos regala ilusión.

Ilusión para vivir una vida plena.

Una vida juntos.