Para mí, la mejor forma de descansar es quedarme en casa. Y como es costumbre, esta semana de vacaciones voló y no pude 'disfrutar' de las cosas que yo pensaba. No pude ir al gimnasio todo lo que quería; no jugué con mis hijos todo lo que quería; ni siquiera leí todo lo que quería y para colmos, la silla que compré el domingo pasado para leer en el jardín o frente al parque de la casa, sigo sin estrenarla.
Volviendo al tema, no entiendo cómo la gente dice descansar viajando a la playa. Yo, de solo imaginar las presas que hay que aguantarse al regreso, me siento cansado. Y ni qué decir del molote de gente que debe haber en cada rincón de cualquier playa de este país. Claro que debo confesar que hay algo que a mí me incomoda -por no decir que me molesta- y es estar alrededor de mucha gente. Puedo estar algún día o dos, sin problema. Pero varios días, bueno, no. Las aglomeraciones me hacen perder la cordura y la calma. En cambio, valoro muchísimo el silencio, el espacio (aunque sea reducido), la tranquilidad; y si he de compartir con otros, que sea con mi familia. O con mis amigos, que de por sí, no superan los cinco.
Lo cierto es que las vacaciones sirven para reencontrarse con uno mismo. Al menos eso he sentido yo en estos últimos días. Tanto trabajo, tantas cosas por resolver, tantos clientes por atender, tantas llamadas, tantos correos, tantos...¿y nosotros? ¿Adónde queda nuestra esencia? ¿Adónde nuestra mente y nuestro corazón?
Valoro mucho el tener la oportunidad de el 'reencuentro' conmigo mismo pues pese a que uno siempre cree que hace bien las cosas -ese es el afán cotidiano- no siempre es así. Y lo más importante que existe (esposa e hijos) probablemente no han tenido, últimamente, al mejor esposo ni al mejor papá que podrían tener.
La discusión de si se hacen cambios en la rutina laboral diaria para mejorar en esto que resulta ser algo medular -mi propio ser enfocado en ofrecerme a ellos como se debe- es definitiva. Y la priorización de tareas, pero sobre todo del amor que merecen, aún más. Porque afortunadamente, no hay que hacer esfuerzos para amarlos. Es más bien, dejar fluir lo que contengo y mostrarlo sin barreras.
Estar al lado de mis hijos solo hace que me enamore más de ellos. Y es que a cada momento me sorprenden con sus ideas, comentarios, pensamientos, juegos y travesuras. Le dan un sentido a mi vida a un nivel muy superior de lo que pueda yo intentar explicar acá.
Y poder compartir con mi esposa, a lo largo de los días (pues trabajando ambos, es difícil compartir en la cotidianidad más allá de las típicas carreras diarias), es una bendición, pues me doy cuenta no solamente del porqué me casé con ella y porqué me gusta tanto. Me doy cuenta de que sigo enamorado de ella. Y de que la amo.
Así que sí, no hice tanto ejercicio, ni leí tanto ni jugué tanto como quería. Pero estas vacaciones pusieron mi mente y mi corazón de vuelta adonde corresponden. Y eso, sin duda, es lo más valioso de todo.
-----***-----
Finalmente, como nunca, trato de vivir disfrutando de esto que Dios me da: una vida, que yo no pedí que me diera. Porque todo es tan efímero, que a veces siento temor por la rapidez con la que se consumen los años.
¿Soy realmente el hombre que quiero ser? Urge encontrar sentido a todo ésto. (El sentido real de todo, probablemente esté adentro de mi corazón, pero no me atrevo a cambiar. Y creo no estar solo...).
Al menos, de mi parte, lo menos que puedo hacer hoy en día, es dar gracias.
domingo, 31 de marzo de 2013
sábado, 16 de marzo de 2013
El Teatro de las Ausencias
Antes de aventurarse a leer, le confieso a usted, que no soy partidario ni seguidor del señor que aquí aludo (talvés sí, o al menos, más, del Notable). Mi intención, es hacer ver que dentro de los posibles candidatos, ninguno da la talla y solo él pareciera tener lo necesario para agregar, al menos, intensidad a la campaña política...
La
coyuntura de los tiempos políticos nos presenta tres escenarios: En el primero,
Johnny Araya gana las elecciones presidenciales del 2014. En el segundo
escenario, las fuerzas opositoras se unen alrededor de un solo candidato y
logran desbancar –en segunda ronda, eso sí- al candidato del PLN. El tercer
escenario, aunque suene a ironía pura, es que la mayoría no vote por ninguno y
sea ninguno, quien logre alcanzar la
mayoría.
Lo cierto
es que hoy, el votante carece de entusiasmo pues no tiene a la vista candidatos,
esto es, líderes políticos que lo impulsen a participar. Y es que el voto, que
aquí siempre fue considerado algo fundamental para el ejercicio democrático, está
perdiendo fuerza y hoy más que nunca, se avecina un abstencionismo récord. ¿La
razón? Hoy, lo que tenemos en este teatro de escenarios sombríos, es una
paradoja: Por un lado, muchísimos de nosotros sabemos sobre la importancia de ejercer
nuestro derecho al sufragio, y tenemos toda la voluntad de votar; pero ¿por
quién?
Yo
confieso que por primera vez siento que no hay por quién votar. Al hacer un
análisis exhaustivo de cada candidato, nos damos cuenta que –sin mencionar la falta
de experiencia política que les caracteriza a todos- hasta el día de hoy, es
poco lo que cada uno ha mostrado al país en ideas y proyectos sobre los temas
de mayor trascendencia. La mediocridad ha alcanzado tal nivel, que ya no nos
dicen. Ni nos proponen. Ni siquiera quieren debatir. En pocas palabras, no los
conocemos porque no se han querido mostrar ante la opinión pública. Son
candidatos al puesto político más importante y de mayor relevancia, pero
pretenden nuestro voto sin mostrar sus capacidades para liderar el país. Y algunos,
como gran cosa, se nos insinúan sin ninguna otra propuesta más que el querer
sacar a Liberación Nacional del poder.
Una
campaña política de altura Echando un vistazo a los candidatos que pudimos tener, destacaba Rodolfo
Piza. Pero pese a su experiencia en la función pública y con gran capacidad
intelectual y ejecutiva, propia de un candidato de altura, los seguidores del
PUSC se encargaron de enterrarlo para dar paso a don Rodolfo Hernández, quien
deberá demostrar si tiene la capacidad, no solo de levantar un partido que no
llega al 6% del total de la intención de voto, sino además, de debatir con
ideas concretas su programa de gobierno.
Pero ya
poniéndonos sinceros y realistas, la única persona -y además ex candidato
presidencial- que en este momento tiene la capacidad para evitar una tercera
victoria consecutiva de Liberación Nacional y adicionalmente, poseedor de una clara visión de los problemas
que nos aquejan y la experiencia
política para ejecutar un proyecto-país de altura, es Ottón Solís. El único
problema, claro está, es precisamente que el señor Solís está convencido de que
un cuarto intento suyo por alcanzar la presidencia, no modificará el hecho de
que siempre alcance el 30% de los votos válidamente emitidos. Eso sin mencionar
el grupúsculo que lo enfrenta en el seno del propio partido político que fundó.
Su
obligación moral con el país, debería impulsarlo a admitir que solo él podría
mover las bases de esta campaña política que se pronostica aburrida y sin
contenido. Su sola participación generaría debates de altura, control en los
presupuestos y/o despilfarro de recursos de la deuda pública, en fin, una
campaña en donde se digan las verdades por encima de los discursos adornados de
utopías y falsas promesas. Y es que los discursos de don Ottón - siempre
enfocados en (1) propuestas concretas para un desarrollo estructurado, (2) ataques
directos a los programas de gobierno de sus contrincantes y (3) la insistencia
de la vocación del funcionario público para que haga su trabajo con ética y
transparencia- en caso de no lanzarse a una candidatura presidencial, no los
hará ningún otro candidato.
Cambios necesarios Claro que de proponer su
candidatura, don Ottón debería hacer un giro en su estilo, un cambio sesudo y
estratégico para proyectarse con más mesura en su verbo y dejando atrás ese
perfil de autócrata e intransigente con que se le ha estigmatizado por años.
Pues si algo le ha faltado, es la madurez para proyectarse con una imagen más
acorde a la investidura que tendría en caso de salir victorioso. Aunque esto es
en realidad una utopía. Pues mientras no se atreva a lanzar su candidatura y
logre consolidarse como candidato de la oposición, todo lo anterior no es más
que palabrería que se la lleva el viento.
Estas dos
ausencias –la de Piza y la de Solís- serán un gran vacío en la próxima campaña.
Pero en el caso de Solís lo será aún más pues todavía puede lanzarse. De no
hacerlo, su deuda moral con el país será inmensa. Y mientras tanto, preparémonos
para que Costa Rica viva la campaña política más deslucida y vacía de su
historia. Y la ausencia de ideas. La ausencia de programas políticos. La ausencia
de candidatos. La ausencia de votantes. Nuestro país, merece algo más que
ausencias en este teatro de escenarios sombríos.
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