viernes, 30 de noviembre de 2012

El tico, el político y el civismo



Leí con interés un artículo llamado “Politics makes us worse” (La política nos empeora)  de Aaron Ross Powell y Trevor Burrus, en donde se señalan algunas de las razones por las cuales la política nos convierte en personas odiosas y rencorosas; y ellos mismos, los políticos, terminan siendo víctimas de su propio oficio. Los políticos ejercen una dosis de manipulación que involucra directamente al ciudadano y que de forma sutil nos lleva a asumir posiciones y juicios irracionales. En la mayoría de los casos los políticos hacen un constante llamado a sus seguidores a rechazar al rival, por el solo hecho de serlo, con tal de no darle ninguna oportunidad, por buenas que sean sus ideas.
Buscando manipular a sus seguidores y a la misma opinión pública, nos incitan a que pensemos y actuemos de una forma específica, lo cual, si se mira bien, resulta desconcertante, pues asumiendo que ellos son personas virtuosas y ejemplares – y por esta razón los elegimos para que dirijan nuestros destinos- hay una contradicción absoluta con el ideal que representan y aquello que nos incentivan a hacer. Señalan los autores del artículo, que luego de un proceso político, usted, como participante activo –léase votante- tiene una de dos opciones: o gana, o pierde. Si gana, probablemente piense que las cosas mejorarán. Pero si pierde, no solo se esfumarán sus esperanzas de las cosas mejorarían. La derrota hará que muchos piensen lo peor, y empiecen a crear problemas que antes no existían, proyectando con mayor gravedad las terribles consecuencias de que sean los ‘otros’ quienes ahora decidan por ‘nosotros’.
El ejemplo norteamericano Como lo señalan Powell y Burrus, el apoyo a ‘X’ o ‘Y’ candidato, ideología o partido, nos pone a pensar en blanco y negro. Utilizando el ejemplo norteamericano, los autores comentan que los republicanos pertenecen al partido “no regulación, odio al medio ambiente, odio a los pobres” mientras que los demócratas son del partido “socialista, gobierno-niñera, odio a los ricos”. Esto ayudó a que en las pasadas elecciones se profundizaran aún más las diferencias. Dado que las discusiones políticas están moralmente afectadas, las rivalidades se incrementan. Ya nuestro rival no lo es únicamente, sino que además, representa lo malo en el mundo. En el ejemplo, pese a que las ideas de ambos partidos podían ser lógicas y razonables, al agregar el elemento ‘política’ a la fórmula, la gente, al opinar, asumía la nociva posición del “nosotros queremos salvar al país y aquellos quieren destruirlo”.

Las agrupaciones políticas Los psicólogos consideran que una fuerte identificación de las personas con una agrupación -especialmente si es de carácter político- deriva en errores sistemáticos en la forma de pensar. Mientras juzgamos con bajos estándares de competencia a nuestros compañeros, a los ‘otros’ los juzgamos como mentirosos y sin virtud alguna. Lo anterior nos afecta tremendamente, pues debilitamos nuestra propia capacidad de juicio sobre lo que nos rodea. Opinamos con una alta dosis de prejuicio sobre  lo que nuestros rivales plantean. ¿Y para qué molestarse en opinar? El artículo señala que aquí entra juego el civismo de las personas. Sin importar ideologías  (izquierda, centro o derecha), todos nos sentimos impulsados a participar para ejercer nuestros derechos como ciudadanos. Un derecho que consideramos esencial y que nos da valor.
El tico y su civismo Cité dicho artículo porque pese a que lleva mucho de razón, en Costa Rica creo que hemos trascendido lo que en él se señala. Hemos superado, como ciudadanos,  las rivalidades partidarias y lo hemos canjeado por un rechazo generalizado hacia el político como tal. Ya no ‘comemos cuento’ tan fácilmente y estamos entrando en una etapa de madurez cívica que debería derivar en una generación de hombres y mujeres más preparados para llevar las riendas políticas del país de una forma más abierta, transparente y efectiva.
Hace falta modificar los procesos de elección de representantes y analizar bien los atestados de todo participante. Simultáneamente mejorar el salario de los diputados y ministros para atraer gente capaz. Gente, tal vez menos política pero sí mejor preparada que pueda dar a cada puesto una alta dosis de profesionalismo y proyección de crecimiento. Exijamos que esto se haga ya. Hoy mismo. No para que quienes ejercen los puestos actuales ganen más dinero. Sino para que quienes participen en el proceso electoral venidero, tengan las reglas del juego político bien claras. Y para que todo aquel tico que crea que puede aportar su capacidad y su granito de arena, no dude en participar.
De lo contrario, las elecciones del 2014 serán el inicio del fin.