jueves, 12 de julio de 2012

Cosechas de hoy; ejemplos de ayer



De forma recurrente, al hablar sobre política y el estado actual de las cosas, sobreviene una sensación de desasosiego, de impotencia, de una calma desesperación. Porque a como están las cosas, no sabe uno cómo ayudar, cómo aportar, cómo opinar. A veces hasta da ‘pereza cívica’ siquiera leer sobre los problemas que aquejan al país. La pregunta obvia que todos nos hacemos es: ¿Qué sucede en Costa Rica?
La coyuntura de los tiempos ha hecho que al entrar en escena, este gobierno haya tenido la ‘mala suerte’ de que salieran a la luz graves problemas, sembrados y cultivados por gobiernos anteriores. A doña Laura le tocó cosecharlos. Lo grave es que la cosecha ha sido abundante gracias a la falta de liderazgo mostrada por todo el aparato gubernamental (no solo el ejecutivo) y gran parte de los problemas que nos aquejan se derivan precisamente de esta carencia de líderes.
Históricamente hubo, líderes políticos ubicados en puestos claves del gobierno o fungiendo como diputados del gobierno o de oposición, solventando problemas, proponiendo soluciones, disipando dudas y dando la cara por tropiezos. Hoy, no hay uno solo. La oposición solo sirve para oponerse: no propone, no construye, no colabora con el proyecto-país. El PAC, que siendo la segunda fuerza política del país, debería tener una participación activa y estratégica en este gobierno, ha dejado pasar cientos de oportunidades y más bien se ha unido a la gradería de sol como uno más del montón. Para colmo de males, el propio Liberación Nacional le ha dado la espalda a doña Laura, probablemente para hacerse los desentendidos con los problemas del país y tener así una imagen ‘limpia’ para las próximas elecciones. Claro, apostando a la memoria cortoplacista del tico.
Un ejemplo del siglo XVI En la Costa Rica de los años dorados, tuvimos partidos políticos de peso, con hombres y mujeres reconocidos por su honradez y habilidad política, que fungían como eslabones de un engranaje político-administrativo, y que eran efectivos en sus labores. Hacían lo que debían y daban resultados a la ciudadanía. El poder legislativo era efectivo, creando leyes y ejerciendo control político. Hoy, los partidos políticos no tienen ni siquiera una línea ideológica definida. Entre todos ellos, no encontramos un solo candidato potencial, que mueva o motive a las masas. No existen caudillos. Y como lo señalé en su momento (¿Nos sirve el multipartidismo?, LN 15-05-2011), el exceso de partidos en el congreso solo ha servido para entorpecer la forma de hacer política en nuestro país.
Es muy atrevido señalar que durante los ‘años dorados’ las personas elegidas popularmente tenían una mayor conciencia sobre la importancia de actuar con rectitud y ética. Pero con las cosas que hemos visto en los últimos gobiernos y el actual, pudiera no ser tan atrevido. Aun así, sigo pensando que el mejor de los ejemplos del pasado, es Tomás Moro, modelo del político perfecto y paradigma de coraje moral y servicio público. A Moro se le conoce como el patrono de los políticos y gobernantes y el precursor de la Edad Moderna en la política. Insto al lector a buscar el artículo “Un hombre para recordar” LN 24-07-2011 pues ahonda en este gran hombre.

Ejemplo de tolerancia En la actualidad, discutimos por todo. Pareciera ser un deporte nacional. Un claro ejemplo es la discusión aireada que existe sobre la iglesia y la discriminación. En su libro Utopía, Tomás Moro hace gala de su tolerancia, justamente en los tiempos en que Lutero abría el sendero protestante. Moro escribió: “Cada cual puede adherirse a la religión que quiera; también es legítimo intentar convertir a otras personas a su religión, pero solamente de manera que se presente la propia opinión amablemente y sin presunción, fundándola en argumentos racionales, y no denigrando violentamente los demás puntos de vista…no se deberá usar la violencia y se tendrán que reprimir los insultos…”. Uso este ejemplo para señalar que 500 años después, hoy no existe en Costa Rica una persona con una claridad mental de ese calibre, en un tema tan delicado.  Moro era un hombre profundamente espiritual, cuya vida como servidor público iba de la mano con una estricta lealtad a los principios y valores cristianos. En nuestro país existen miles de hombres y mujeres con este perfil. Pero ninguno parece interesado en participar de los puestos políticos.
Dándonos la mano Decía Rosseau: “Había visto que todo tendía radicalmente a la política, y que, sea la que fuere la forma de considerarlo, ningún pueblo sería nunca otra cosa que lo que le hiciera ser la naturaleza de su gobierno”. Si lo anterior es cierto, ¿Cuál es la naturaleza de nuestro gobierno? ¿Cuál ha sido el aporte de los partidos políticos y sus representantes en este gobierno? ¿En qué nos estamos convirtiendo? Debemos dar un giro a la forma de hacer política en nuestro país. Nuestros políticos deberían dar un ejemplo a la ciudadanía, sobre cómo se puede gobernar y cogobernar dando prioridad a la conciencia y los principios éticos y morales.
Lamentablemente, debemos admitir que en este momento, todos los actores políticos están hincados por sus oponentes; y en vez de darse las manos para levantarse juntos, solo buscan cómo hundir aún más a los demás. La tarea es titánica. Esperemos que alguno se atreva a cambiar.