De forma recurrente, al hablar sobre
política y el estado actual de las cosas, sobreviene una sensación de
desasosiego, de impotencia, de una calma desesperación. Porque a como están las
cosas, no sabe uno cómo ayudar, cómo aportar, cómo opinar. A veces hasta da ‘pereza
cívica’ siquiera leer sobre los problemas que aquejan al país. La pregunta
obvia que todos nos hacemos es: ¿Qué sucede en Costa Rica?
La coyuntura de los tiempos ha hecho
que al entrar en escena, este gobierno haya tenido la ‘mala suerte’ de que salieran
a la luz graves problemas, sembrados y cultivados por gobiernos anteriores. A
doña Laura le tocó cosecharlos. Lo grave es que la cosecha ha sido abundante
gracias a la falta de liderazgo mostrada por todo el aparato gubernamental (no
solo el ejecutivo) y gran parte de los problemas que nos aquejan se derivan
precisamente de esta carencia de líderes.
Históricamente hubo, líderes políticos
ubicados en puestos claves del gobierno o fungiendo como diputados del gobierno
o de oposición, solventando problemas, proponiendo soluciones, disipando dudas
y dando la cara por tropiezos. Hoy, no hay uno solo. La oposición solo sirve
para oponerse: no propone, no construye, no colabora con el proyecto-país. El
PAC, que siendo la segunda fuerza política del país, debería tener una
participación activa y estratégica en este gobierno, ha dejado pasar cientos de
oportunidades y más bien se ha unido a la gradería de sol como uno más del
montón. Para colmo de males, el propio Liberación Nacional le ha dado la
espalda a doña Laura, probablemente para hacerse los desentendidos con los
problemas del país y tener así una imagen ‘limpia’ para las próximas elecciones.
Claro, apostando a la memoria cortoplacista del tico.
Un
ejemplo del siglo XVI En la Costa Rica de los años dorados,
tuvimos partidos políticos de peso, con hombres y mujeres reconocidos por su
honradez y habilidad política, que fungían como eslabones de un engranaje
político-administrativo, y que eran efectivos en sus labores. Hacían lo que
debían y daban resultados a la ciudadanía. El poder legislativo era efectivo,
creando leyes y ejerciendo control político. Hoy, los partidos políticos no
tienen ni siquiera una línea ideológica definida. Entre todos ellos, no
encontramos un solo candidato potencial, que mueva o motive a las masas. No
existen caudillos. Y como lo señalé en su momento (¿Nos sirve el multipartidismo?, LN 15-05-2011), el exceso de
partidos en el congreso solo ha servido para entorpecer la forma de hacer
política en nuestro país.
Es muy atrevido señalar que durante los
‘años dorados’ las personas elegidas popularmente tenían una mayor conciencia
sobre la importancia de actuar con rectitud y ética. Pero con las cosas que
hemos visto en los últimos gobiernos y el actual, pudiera no ser tan atrevido. Aun
así, sigo pensando que el mejor de los ejemplos del pasado, es Tomás Moro,
modelo del político perfecto y paradigma de coraje moral y servicio público. A
Moro se le conoce como el patrono de los políticos y gobernantes y el precursor
de la Edad Moderna en la política. Insto
al lector a buscar el artículo “Un hombre
para recordar” LN 24-07-2011 pues ahonda en este gran hombre.
Ejemplo
de tolerancia En la actualidad, discutimos por todo.
Pareciera ser un deporte nacional. Un claro ejemplo es la discusión aireada que
existe sobre la iglesia y la discriminación. En su libro Utopía, Tomás Moro hace gala de su tolerancia, justamente en los
tiempos en que Lutero abría el sendero protestante. Moro escribió: “Cada cual puede adherirse a la religión que
quiera; también es legítimo intentar convertir a otras personas a su religión,
pero solamente de manera que se presente la propia opinión amablemente y sin
presunción, fundándola en argumentos racionales, y no denigrando violentamente
los demás puntos de vista…no se deberá usar la violencia y se tendrán que
reprimir los insultos…”. Uso este ejemplo para señalar que 500 años
después, hoy no existe en Costa Rica una persona con una claridad mental de ese
calibre, en un tema tan delicado. Moro era
un hombre profundamente espiritual, cuya vida como servidor público iba de la
mano con una estricta lealtad a los principios y valores cristianos. En nuestro
país existen miles de hombres y mujeres con este perfil. Pero ninguno parece
interesado en participar de los puestos políticos.
Dándonos
la mano Decía Rosseau: “Había visto que todo tendía radicalmente a la política, y que, sea la
que fuere la forma de considerarlo, ningún pueblo sería nunca otra cosa que lo
que le hiciera ser la naturaleza de su gobierno”. Si lo anterior es cierto,
¿Cuál es la naturaleza de nuestro gobierno? ¿Cuál ha sido el aporte de los
partidos políticos y sus representantes en este gobierno? ¿En qué nos estamos convirtiendo?
Debemos dar un giro a la forma de hacer política en nuestro país. Nuestros
políticos deberían dar un ejemplo a la ciudadanía, sobre cómo se puede gobernar
y cogobernar dando prioridad a la conciencia y los principios éticos y morales.
Lamentablemente, debemos admitir que en
este momento, todos los actores políticos están hincados por sus oponentes; y
en vez de darse las manos para levantarse juntos, solo buscan cómo hundir aún
más a los demás. La tarea es titánica. Esperemos que alguno se atreva a
cambiar.
