sábado, 28 de julio de 2012

Un niño logra lo imposible

En agosto del 2010 La Nación tuvo la gentileza de publicarme este artículo en Página 15. Lo quiero compartir pues guarda un mensaje que es, además de cotidiano, atemporal y positivo...

Hace dos años, tuve la oportunidad de escuchar una anécdota que quiero compartir con ustedes. El testigo fue el compañero de un taller de motivación. Él, viajaba desde Belén hasta San Pedro los martes y jueves para participar en dicho curso. Y aprovechaba algunos minutos, para según él, sentarse en un poyo de la plaza de la Cultura y disfrutar mientras observaba la gente pasar, el vuelo de las palomas y en general, del ambiente y del momento.

Me comentó que un martes, veía a un niño aproximadamente de 3 años ‘cazar’ palomas y analizaba que, como todos los niños, las perseguía sin saber que las palomas no se dejan agarrar, pues si lo supiera, probablemente ni lo intentaría.
La hazaña del niño. Pues bien, el niño insistía en su persecución sin mucho éxito. Pero en un determinado momento, las palomas se sintieron acosadas y bordearon una macetera para evadir la persecución, sin percatarse que el niño había decidido irse por el otro lado de ella, de forma tal que se las topó de frente y logró agarrar una entre sus manos. La paloma comenzó a aletear con fuerza, pero el niño la sujetó firmemente sin dejarla escapar. Algunas plumillas, cuenta mi amigo, se veían volar por el aire.
Estupefacto por lo que acaba de ver, mi amigo se pone alerta pues teme por la suerte de la paloma y también por que el niño podría salir herido. El niño camina hacia su madre para mostrarle su hazaña. La señora no le presta atención pues está más interesada en la conversación con otra mujer y entonces el niño da media vuelta y busca un lugar para sentarse. Una vez que se logra sentar, abraza a la paloma contra su pecho, como acurrucándola, como quien tiene en sus manos lo más preciado. Así permanece por unos momentos, y luego la deja escapar.
Tres enseñanzas. La primera, es que mi amigo posee un puesto de liderazgo en una empresa transnacional ya que tiene bajo su cargo muchas personas y proyectos: debe capacitar y dirigir a su personal y lograr las metas de dichos proyectos. Para formarse aún más, había matriculado este curso de motivación y liderazgo, precisamente el que lo hacía viajar a San José. Pensar entonces, que este líder, abría un espacio en su agenda para hacer lo que muchos considerarían una vagabundería: sentarse en un parque una tarde cualquiera, un día entre semana, a mí más bien me pone a pensar si no será más bien que su liderazgo proviene de entender que lo valioso de la vida está en las cosas más sencillas.
La segunda, que la madre del niño, nunca le prestó atención durante toda la odisea que este vivió. Ni siquiera cuando su hijo se le acercó. ¿Será acaso signo inequívoco de estos tiempos, en donde la falta de atención que necesitan los niños se hace evidente hasta en estos escenarios? Yo mismo me lamenté luego, de mi propia reacción cuando escuché el relato. Al escuchar el comportamiento de esta madre, de forma negativa comenté: “como era de esperarse”.
La tercera, que nuestra naturaleza como humanos para estereotipar personas o encadenarnos a paradigmas es la tónica diaria que nos limita y no nos permite ver ni actuar más allá. Pareciera que como ciudadanos adoptamos la posición cómoda: ver lo imposible, criticar, destruir. ¿A quienes? Al gobierno, a las instituciones, a nuestros compañeros, amigos, familiares. Debemos mejorar nuestra actitud para ayudar, para ser positivos, proactivos.
Para sensibilizarnos y darnos cuenta que debemos superar esa barrera mental, que nos permita como país mejorar nuestra educación, nuestras carreteras, nuestra infraestructura, nuestra economía, en fin.
Hoy es un buen momento para empezar a superar esas barreras ‘imposibles’.
Y para ello, deberíamos usar el ejemplo de este niño, quien logró lo imposible: agarrar una paloma en sus manos.
Como no sabía que no se podía hacer, lo hizo.