viernes, 27 de julio de 2012

Los retos de doña Laura

Siempre es bueno repasar algunas ideas y conceptos; y es por ello que considero importante publicar en el blog este artículo que amablemente me publicó La Nación en Enero del 2011. Señalaba la importancia de que doña Laura se desmarcara de la influencia de los Arias ya que ellos quisieron meter mano al gobierno de forma abierta, por medio de diputados y otros miembros del gabinete.
Al final, se impuso la postura de doña Laura, quien por supuesto pagó un precio: Ingobernabilidad, por ineptitud de quienes le pretendían servir a dos amos. Y nosotros, los ticos, el pueblo, hemos sido los más perjudicados. ¿O no? Yo diría que Liberación ha sido el más perjudicado, porque no debieron dar la espalda al gobierno 2010-2014.
Por ahora, no digo más: el último párrafo resume el mensaje central de esta publicación. Costa Rica lo merece.

En el ámbito político, el país está al inicio de un año conflictivo y difícil. Pese a que Doña Laura ganó con holgura y se preveía un camino allanado y sencillo para gobernar, el mayor problema que tiene hoy por hoy, es lidiar con el poder político de los Arias y su influencia en las decisiones gubernamentales, particularmente las legislativas.
Corresponderá a doña Laura orquestar su gobierno sobre tres bases para avanzar conservando su poder y dignidad como presidenta: convertirse en la figura alrededor de la cual se construyen ideas; llamar a cuentas a quienes quieran imponer ideas que vengan desde afuera; y que su gestión presidencial sea transparente y objetiva.
Cuando todo lleva un ritmo. La propia fracción oficialista pareciera que por momentos no tiene mayoría legislativa y si no sincronizan sus ideas, pronto veremos discusiones en el propio escenario parlamentario. Este año el preámbulo ha sido el intento de don Guillermo Zúñiga de renunciar, bajo el argumento de que no escuchan sus ideas. A la luz pública, se tiene claro de a quién le sirve realmente; pero también dio muestras del desajuste que este tipo de acciones generan dentro de la fracción.
En el Gobierno anterior, todo giraba en torno a una figura y no había apertura para escuchar otras opiniones. Hoy es diferente: Nuestra presidenta se ha decantado por tener un bajo perfil. No obstante, es el Poder Ejecutivo quien lleva el ritmo de los proyectos y es a través de la figura de doña Laura, que se puede concertar y amalgamar la mejor de las alternativas, ya que sin el apoyo presidencial, hasta el más pintado podría verse desteñido.
Cuando no se le sirve al país. La figura de don Rodrigo Arias se perfila en el horizonte liberacionista como uno de los futuros candidatos presidenciales. Pese a su falta de olfato político (criticó al Gobierno a menos de 40 días de gestión; su ansiedad por figurar ya resquebrajó la estructura legislativa del partido; se dice y desdice en verdades sobre las consultorías del BCIE), es urgente para él iniciar su candidatura. Una encuesta de Unimer publicada en La Nación en agosto del 2010 sostenía que un 61% de los electores daba de él una opinión desfavorable.
Algunos alcaldes y diputados parecieran no estar seguros de si servirle a doña Laura o a don Rodrigo. Y esta indecisión solo apunta a una cosa: No están enfocados en servir al país y por el contrario, obstaculizan el trabajo del Gobierno. Doña Laura debe imponer su firmeza y llamar a cuentas, a quienes no tengan la vocación de servirle al país.
Cuando los puntos de vista convergen. Lo primordial es sacar adelante proyectos que reflejen una mejora en la calidad de vida de los costarricenses. Doña Laura debe echar mano de su fortaleza, su templanza y su prudencia, virtudes cardinales todas ellas, y concertar diálogos maduros con todos los participantes de la política nacional. Porque el país no está en manos de algunos sino de muchos, y el deber de la presidenta es demostrar que toma decisiones objetivas y transparentes considerando a todos los actores y no que gobierna para servir solo a unos cuantos.
Es nuestro deber como costarricenses, mantener los ojos abiertos y darnos cuenta de quiénes sirven al país y quiénes, a un partido político o a intereses personales. Solo el tiempo dirá quiénes dicen la verdad y quiénes en verdad trabajan por Costa Rica. Como Winston Churchill decía: “La verdad es incontrovertible: la maldad puede atacarla, y la ignorancia puede negarla, pero al final, ahí está”.