Me comentaba mi hermano acerca de un compañero de trabajo de 40 años de edad, quien por segunda vez está batallando contra el cáncer. La primera vez, el cáncer de estómago hizo que se lo removieran. La segunda vez -hoy- los tumores crecieron alrededor del esófago y el doctor le diagnosticó, cuanto mucho, dos meses de vida. Es más, el doctor no le dio ningún pronóstico favorable. En otras palabras, lo sentenció a morir.
Este compañero, un extranjero, con esposa y dos hijos, lleva ya ocho meses después del fatal diagnóstico, viviendo su vida de una forma más relajada, más cerca de sus pequeños, apresurando experiencias familiares, y también más cerca de Dios. "¿Pero cómo has hecho para extender el plazo fatal del médico?", fue la pregunta esencial de mi hermano, quien según me decía, estuvo con el corazón oprimido con cada palabra que emergía de este impresionante relato. -"Bueno", dijo su amigo, "todo empezó confrontando de forma directa las dos cosas más básicas que los médicos insisten en hacer cuando se está con quimioterapia: la alimentación por ellos recomendada y el descanso para recuperarme rápidamente de la quimioterapia".
En cuanto a la dieta, este héroe -no encuentro otro adjetivo calificativo más apropiado para encasillarlo- insistió en eliminar permanentemente los cereales y granos tales como trigo, maíz, arroz, y por ende pastas, panes, harinas, etc., así como lácteos. Se alimenta de pescados, pollo, frutas, verduras, semillas, aceites, algo así como lo que recomienda la dieta paleolítica (un link entretenido al respecto es http://www.nerdfitness.com/blog/2010/10/04/the-beginners-guide-to-the-paleo-diet/).
En cuanto al ejercicio, no hay duda que depende de cada persona, cada estado de ánimo y personalidad, el poder llevarlo a cabo durante la durisima etapa de la quimioterapia. Y precisamente por eso, muchas veces los médicos recomiendan reposo absoluto, entendiendo que el paciente de por sí, no está en capacidad de practicarlo. En el caso que nos ocupa, nuestro 'héroe' decidió, la segunda vez que recibió quimioterapia, y pese al absoluto cansancio que sentía, hacer ejercicio. Primero salió a caminar y luego correr. Asegura que el cansancio que sentía por el debilitamiento del tratamiento lo superó rápidamente y le ayudó emocional y anímicamente, ya que se sentía mucho más dispuesto y positivo. Además, le explicaba a mi hermano que de algún modo, sentía y sabía que eliminaba más rápidamente todas las toxinas generadas por el tratamiento. Y está convencido de que dentro del grupo de personas que recibían el tratamiento en ese momento, fue quien más rápido lo superó. (Sugiero buscar varios artículos en la red al respecto: chemotherapy + exercise).
No tengo cerca a ninguna persona a quien pueda transmitir esta información, la cual según creo, es muy importante y relevante pues en escenarios como éstos, es sumamente valioso buscar soluciones alternativas que permitan a la persona encarar todas las posibilidades de una forma pro positiva. El testimonio de este muchacho (lo llamo así pues menor que yo) es inspirador. Y de algún modo espero que sirva para inspirar a quien así lo quiera, hombre o mujer, a que dé un paso más por buscar lo mejor para sí.
Hoy, este 'héroe' sigue haciendo su dieta y ejercicio...
