lunes, 22 de abril de 2013

En el Día de la Madre Tierra

Debería obligación de todos nosotros (sobre todo quienes ya somos padres, para enseñarlo a nuestros hijos) adoptar la estupenda costumbre de reciclar. No solo por ellos, sino por nosotros mismos. Al menos en casa, tenemos la costumbre de separar papel y plástico de la basura tradicional. Y claro, lo habitual: insistir a diario en no desperdiciar el agua y apagar las luces que no se están ocupando.

Pero la sola experiencia de visitar un restaurante de comida rápida, da al traste con lo enseñado, porque todos sabemos la cantidad tan absurda de papel que se consume con cada 'combo'. Más aún: el solo hecho de vivir en un mundo occidentalizado, obliga a hacer un 'mea culpa' absoluta porque lo queramos o no, cada uno de nosotros consume toneladas y toneladas de recursos.

¿Qué hacer?

A mí solo me ocurre una cosa.

Y no tiene que ver con los cambios que cada uno de nosotros debería hacer para disminuir, aunque sea un poco, la 'huella'.

Tiene que ver con el enfoque del problema.

Normalmente escuchamos a los medios y entidades enfatizar sobre la importancia de la ecología, y la contaminación del planeta, y los cambios climáticos, y etcétera. Todo enfocado en el daño que sufre nuestra Madre Tierra.

Aquí subyace el error de todo.

No es la Tierra quien sufre. Somos nosotros.

Al planeta no le importa si contaminamos, o si hay deshielo, o si nos quedamos sin fuentes de agua potable o atiborramos la atmósfera de CO2. En caso de que la humanidad desaparezca por causa de la contaminación,  el planeta hará los ajustes necesarios, se tomará el tiempo necesario (10 mil, 20 mil, 50 mil, 100 mil años) para reestablecer el equilibrio, y la vida de nuevo se renovará (aunque lo cierto es que la vida siempre existirá, solo que no la nuestra -como raza humana-).

¿Y nosotros? Desaparecidos por nuestra propia culpa.

Porque como siempre, el enfoque lo hacemos hacia afuera, como queriéndonos desligar de nuestras responsabilidades y nuestros problemas. Y esa actitud es la que debemos cambiar. Mientras no se insista en el daño que nos hacemos como humanidad, y llevarlo al plano personal de auto exterminio y desaparición de la raza humana, no haremos conciencia real sobre la gravedad de las cosas.