En la serie televisiva “Batman” de 1966, el Bati-teléfono (de
color rojo) servía al Comisionado Gordon para contactar directamente al
superhéroe. La idea de contar con una línea directa –y la atención inmediata de
Batman -como recurso para combatir el crimen y resolver momentos de crisis en
Ciudad Gótica, venía a consolidar la imagen del teléfono rojo en el imaginario
colectivo, como el instrumento usado durante la guerra Fría entre los EE.UU. y la Unión
Soviética para comunicarse. Pero, ¿realmente existía el teléfono rojo? Lo
invito, estimado lector, a que conozca de esta fascinante historia.
Una estrategia de
paz Este lunes 10 de junio, se conmemoran
50 años del discurso que John F. Kennedy dictara en la American University
titulado "Una estrategia de Paz". El gesto de Kennedy -de anunciar el
desarrollo de un tratado para la prohibición de pruebas nucleares- fue algo
sorpresivo pues en ese momento se vivía un momento de alta tensión. Hay que
recordar que la Crisis de los Misiles se dio en Octubre de 1962, luego de la
cual, ambos líderes -Kennedy y Nikita Khrushchev- buscaron bajar el tono a las relaciones.
El primer gesto vino de Khruschchev en Noviembre de 1962,
cuando escribió a Kennedy una carta en donde le externaba su interés por acabar
con las pruebas nucleares. J.F.K. se entusiasmó con la idea y sugirió iniciar
las discusiones técnicas entre ambos países. Pero líderes Republicanos y su
propio Departamento de Estado se opusieron a la idea; y el paso que quiso dar
la Administración Kennedy se postergó por algunos meses más. Ya en Mayo de 1963
la oposición se diluyó y fue entonces cuando J.F.K. sintió que era el momento indicado
para preparar este discurso, de clara intención pacifista.
Otra forma de hacer política exterior Como ya lo había señalado en otro artículo (Lo
interesante de la política, LN, 4/7/2010), Kennedy siempre contó con la
ayuda de Ted Sorensen -consejero suyo desde antes de llegar a la Casa Blanca-
en la redacción de sus afamados discursos. Sorensen redactó buena parte del
mismo y luego revisaron y editaron juntos el documento final. ¿La intención? Señalar
los intereses comunes de ambas naciones y dar un nuevo norte a la forma de hacer
política exterior.
Este resumen del discurso –que agrupé en tres grandes
temas- pretende mostrar cómo 50 años después, las palabras de J.F.K. son tan
actuales, que sorprende lo atinadas que son sus ideas en el contexto mundial
actual. No es mi intención pretender comparar aquella época con la nuestra, en
la que enfrentamos escenarios que antes no existían, como el narcotráfico, el terrorismo
y las armas químicas y biológicas. Pero sirven para meditar sobre nuestra incapacidad
como seres humanos, para solventar nuestros problemas de convivencia y
seguridad. Problemas, que seguimos perpetuando pese al paso de los años.
I.- Hablando de paz Kennedy inicia el discurso señalando que no tiene sentido
hablar de paz, cuando las grandes potencias mantienen su poder nuclear y no se rendirán sin usarlas; cuando una sola
arma nuclear posee 10 veces la fuerza explosiva de todas las armas usadas por
los aliados en la II Guerra Mundial; cuando los venenos mortales derivados de
un intercambio nuclear, se esparcirán por aire, agua y tierra hasta los
confines del mundo y a las generaciones que aún están por nacer. Agrega que las
armas son la forma menos eficiente de asegurar la paz y que por eso, no hay
tarea más urgente que reexaminar actitudes, como individuos y como naciones.
Pensar que alcanzar la paz es algo imposible, no solo es irreal, sino además,
peligroso y derrotista. Quienes piensen así, dice, condenan a la humanidad, al
asumir que estamos atados a fuerzas que no podemos controlar.
Si nuestros problemas están hechos por hombres, pueden (y
deben) ser resueltos por hombres. Y no es que se requiera una revolución súbita
de la naturaleza humana. Propone para este efecto, siete pasos: (1) Una evolución
gradual de las instituciones humanas; (2) con acciones concretas; (3) de
acuerdos efectivos; (4) que sean de interés para todos; (5) en donde participen
muchos actores y muchos países; (6) de forma que el ‘Proceso de Paz’ sea
dinámico; y, (7) en donde cada generación asuma su rol.
II.- Reexaminando la actitud hacia la U.R.S.S. Mientras
propagandistas y autoridades soviéticas informaban a sus ciudadanos, de que los
E.E.U.U. quería incentivar guerras con el único afán de esclavizar económica y
políticamente a Europa y otras naciones, los norteamericanos –advierte Kennedy
ante tales mentiras- deben ser cautos, y no caer en la trampa de juzgar sin criterio a ‘los
otros’, pues esto llevará a un conflicto inevitable. Porque (1) ningún gobierno
o sistema social es tan malo como para pensar que su gente no tiene virtudes;
y, (2) porque pese a considerar al comunismo repugnante –pues niega la libertad
personal y la dignidad- eso no desmerita a los rusos, como gente que ha
alcanzado altos niveles de desarrollo científico, espacial, económico,
industrial y cultural. Además, reconoce el coraje de este pueblo, que sacrificó
20 millones de ciudadanos en la II Guerra Mundial.
Reconoce que ambas naciones aborrecen la guerra y que
ambas, son los mayores poderes del mundo. Pero en caso de otra guerra mundial,
ambas serán el blanco principal, y por ende, las que llevarán las más altas
cuotas de sacrificio y de devastación. Ahora, en vez de invertir el dinero en
armas, deberían invertir combatiendo la pobreza, la ignorancia y la enfermedad.
Ambas deberían convertirse en aliadas, pues tienen un interés profundo en
alcanzar la paz genuina y detener la carrera armamentista. No ser ciegos a este
interés mutuo, sino buscar resolver diferencias. Y hacer del mundo un lugar
seguro. “Habitamos en este pequeño planeta” –dice Kennedy. “Todos respiramos el
mismo aire. Todos compartimos el futuro de nuestros niños. Y todos somos
mortales”.
III.- Conviviendo con la Guerra Fría El discurso señala que se debe aceptar el mundo tal como es.
Que no hay espacios para señalar a los otros, sino que se deben buscar cambios
constructivos, negociados con el Bloque Comunista, aunque en principio parezcan
inalcanzables.
Por eso, E.E.U.U. adopta 10 medidas para convivir en medio
de la Guerra Fría: (1) No dejarse provocar; (2) controlar cuidadosamente sus
armas nucleares, (3) diseñadas para uso preventivo y (4) selectivo; (5) con
fuerzas militares comprometidas por la paz y (6) disciplinadas en autocontrol;
(7) los diplomáticos evitan irritaciones y retórica, y (8) mantienen la
tranquilidad sin bajar la guardia; (9) el país no infunde temores como
estrategia de política exterior; (10) ni imponen el sistema democrático a quien
no lo quiera.
Además, Kennedy comunica a la prensa que él, Khrushchev y
el Primer Ministro Inglés Macmillan ya han acordado iniciar discusiones de alto
nivel en Moscú para un tratado de prohibición de pruebas nucleares. Así fue
como dos meses después, en Agosto de ese mismo año, ratificaron el “Tratado de Prohibición Parcial de Ensayos Nucleares
en la Atmósfera, en el Espacio Exterior y Bajo el Agua (TPPEN)”, el cual entró
en vigencia el 10 de octubre de 1963.
El Teléfono Rojo Al cerrar el discurso, Kennedy sorprende al proponer un
nuevo escenario para la discusión mundial de los problemas: una línea directa
entre Moscú y Washington (mejor conocida popularmente como el ‘Teléfono Rojo’)
ya que de esa forma aumentaría el diálogo y el entendimiento y disminuiría el
riesgo de malos entendidos. La línea directa se ratificó con la firma del
“Memorándum para el Entendimiento según el Establecimiento de una Línea Directa
de Comunicaciones” entre los Estados Unidos y la Unión Soviética en la sede de
la O.N.U. en Ginebra, el 20 de junio, solo diez días después de este afamado
discurso.
Finalizo con dos datos curiosos: el primero, es que durante
la Crisis de los Misiles, Estados Unidos se demoró 12 horas en descifrar un
mensaje que Khrushchev había enviado con el propósito de llegar un acuerdo para
acabar con la crisis de una sola vez. La demora, sin embargo, hizo que el Kremlin
enviara otro mensaje más amenazante. Fue cuando comprendieron la importancia de
una línea directa de comunicación. Pues de haber tenido un “teléfono rojo”, la
Crisis no habría llegado al nivel tan alto de tensión que llegó. Y el segundo,
es que desde que se instaló la línea directa Moscú-Washington, nunca se utilizó
ni existió un teléfono –mucho menos de color rojo- ya que la comunicación se
dio, desde siempre y por muchos años con un equipo telegráfico, que a finales
de los años ochenta, fue reemplazado por un telefax.
Desde el 2008, Washington y Moscú mantienen contacto a
través del correo electrónico.
