Hoy, 15/2/13, cambié algunas cosas -incluyendo el título- al artículo anteriormente llamado "Y a usted, ¿le importa?" sobre todo queriendo actualizarlo con la inclusión de mi opinión sobre lo que aportó don Ottón Solís esta semana, a la discusión del Informe de Notables.
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El
informe de los Notables es un gran trabajo por la sencilla razón de que fue
elaborado por costarricenses de gran capacidad y sin ningún afán político. Es
entonces cristalino por esa razón; pero también porque el mismo ha sido
entregado para que todos nosotros, desde el más sencillo hasta el más
preparado, lo estudiemos, analicemos y juzguemos con actitud constructiva. La
lista de 97 recomendaciones es sensata pues bien podrían ser, a como está el
país, de 500 recomendaciones. Además, se focaliza en proponer soluciones que
lleven al mejoramiento en materia de gobernabilidad democrática y la calidad
institucional, esto es, la interrelación de los tres poderes de la República.
Hasta aquí, qué bonito todo.
Presentado
desde el 10 de enero, ya transcurrió más de un mes sin que pasemos de la
exposición mediática de los señores notables. Y pese a que algunos analíticos opinan,
ninguno lo respalda y lo peor, no se están definiendo límites al análisis ni
fechas para decidir si se ejecutará alguna de las recomendaciones. A nuestros
diputados, a quienes el destino, de nuevo, les sirvió en bandeja de plata la
oportunidad para demostrar al país de lo que eran capaces, supuestamente
analizando el informe en estas últimas dos semanas, lamentablemente lo único
que demostraron –de nuevo- fue su incapacidad. Ni siquiera les preocupó atender
esa buena parte del informe (al menos treinta de las recomendaciones) en donde
se hace referencia directa a la inoperancia legislativa. Es decir, son parte
del problema pero no lo quieren reconocer.
El
Reglamento Todo costarricense sabe que nuestra Asamblea Legislativa
tiene serios problemas de acción y ejecución diarios. Pero no todos saben que
dicha ineficacia radica en un Reglamento obsoleto, anticuado y sobre todo,
hecho a la medida para que los filibusteros actúen a sus anchas. Por eso, la
sugerencia del Informe -de modificar el Reglamento- bien podría no haberse
hecho, ya que de todas formas es una tarea pendiente, que debe ejecutarse y
pronto. El Informe añade: "la calidad de la Asamblea Legislativa requiere
ser elevada, pues los problemas crecen en complejidad constantemente” (P8). Más
claro no canta un gallo.
Y para tener un panorama claro, cito ocho reformas que el editorial de la Nación del pasado
jueves 7 de febrero, señaló como urgentísimas: Primera, fijar plazos para votar
proyectos; segunda, reducir a la mitad el número de sesiones habilitadas para
presentar mociones en el plenario; tercera, eliminar las mociones de
reiteración; cuarta, reducir sesiones que los diputados tienen a disposición
para plantear mociones; quinta, exigir votación para devolver proyectos a
comisión; sexta, fijar plazo para nuevos trámites; sétima, otorgar potestades
al presidente de la Asamblea -y a los de las comisiones- para rechazar mociones
dilatorias, repetitivas o improcedentes; y octava, limitar el uso de la palabra
a un periodo de tiempo por fracción.
Ante
cambios tan evidentes, resulta sorprendente que los señores y señoras
diputadas no quieran poner de su parte. Y entonces sí, probablemente el estudio
a profundidad del Informe de los Notables, que todos creímos se daría en el
Parlamento, se tendrá que posponer. ¿Por qué nos cuesta tanto dar un giro en la
forma de hacer política?
Candidatos
a la presidencia Y no podemos dejar por fuera, a los
candidatos a la presidencia para las elecciones del 2014. Con un poco de
astucia -y una dosis de intrepidez-cualquiera de ellos debería haber saltado ya
a la luz pública haciendo y proponiendo reformas, propuestas y cambios
aprovechando la coyuntura del Informe y profundizando en cómo resolver las
necesidades y preocupaciones de todos los ciudadanos.
Dice el Informe que “el diseño institucional mal
concebido propicia la corrupción y dificulta, como lo sabemos, la modernización
que requiere el país en numerosos ámbitos”. Pero don Ottón Solís, el único
político que sí ha externado una opinión al respecto, pese a no ser candidato, lo
desvirtúa al insistir en el tema de la corrupción y la falta de ética en la
política. Si bien todos quisiéramos que su utópica idea de erradicar la
corrupción se hiciera realidad de la noche a la mañana, lo cierto es que el
Informe sí está enfocado en buscar una mejora institucional pretendiendo
combatir la corrupción. De ahí que don Ottón, enfrascado en su utopía, no
aporta absolutamente nada en la solución de los problemas de este país.
Y así, mientras sigan todas las personas involucradas
o con poder político evadiendo las acciones necesarias para ejecutar algunas de
las propuestas del Informe, seguirán perdiendo la oportunidad de sobresalir de
la mediocridad a la que los políticos nos tienen acostumbrados. Y nosotros,
perdiendo como país.
