Ahora que Johnny Araya se impuso como el candidato del PLN para las elecciones presidenciales del 2014 -por rebote, por renuncia, por encuestas, por falta de dinero, o por la razón que usted quiera señalar-, ¿existe en el país alguna fuerza política opositora que lo enfrente? Hablar del PAC, los libertarios, el PUSC y los demás partidos minúsculos, como posibles partidos opositores, francamente a mí me decepciona.
Porque seamos sinceros. No hay rivales. Ni uno solo. Ya no se trata de que don Johnny demuestre sus atestados personales. Ni sus logros en 20 años como alcalde de San José. Ni su línea socialdemócrataNi de si se va a desmarcar de los Arias o buscará acercarse a ellos (algo muy poco probable por las históricas diferencias entre don Luis Alberto Monge y don Óscar). Ni de que por tercer vez consecutiva el PLN llegue al poder; ni de sus propuestas como candidato presidencial. Es más: con suerte no propone nada porque ¿para qué proponer y ponerse la soga al cuello si a como están las cosas lo único que hace falta es juramentarlo?
No. Es que en Costa Rica, no tenemos un solo personaje político de peso que reúna lo necesario para enfrentar a otros candidatos. Lo necesario para convertirse en presidente del país. La debilidad de la oposición es absulta. Debilidad alimentada por varios factores:
(1) Son demasiados partidos. Esta fragmentación, en vez de dar mayor participación al ciudadano, lo que ha hecho es debilitar las fuerzas opositoras que de otra forma se reunirían alrededor de un mismo partido. Por ende, se diluye la fuerza con que una idea se plantearía frente al gobierno y/o un candidato presidencial;
(2) Muchas ideologías. Tanto partido implica ideologías heterogéneas que plantean soluciones diferentes para los mismos problemas. Y para el elector, un arroz con mango.
(3) Ausencia de líderes. No hay una sola figura política que al día de hoy, sobresalga como para asumir el reto de aglutinar a la oposición contra el PLN;
(4) La oposición está enfocada -si es que existiese la posibilidad de unirla- en vencer al PLN. No podría ser peor. La oposición ha gastado (y gastará) más cartuchos desprestigiando al PLN que dándonos, a los costarricenses, ideas, proyectos, soluciones.
Lo grave subyace en que más allá de buscar un potencial candidato opositor, ¿a quienes pondrán entonces como vicepresidentes? ¿A quienes como ministros y diputados? ¿Quienes serían los padrinos políticos y los que apadrinen el financiamiento de este esfuerzo opositor? Es el colmo que en Costa Rica no tengamos una opción sana, sesuda, inteligente, para las próximas elecciones. El futuro del país está en juego, y los políticos tradicionales más bien lo ven todo desde la perspectiva del juego y no del futuro.
Lo que se avecina es un refrito de ex candidatos y ex presidentes gastadísimos, desteñidos y viejos, quienes, a no dudarlo, se frotaban las manos mientras escuchaban a don Rodrigo retirarse de la contienda y ahora están prestos a lanzar sus candidaturas. Que Dios nos agarre confesados.
