Que si hablásemos de mis proezas, logros o hazañas, no
podría yo endulzar el oído de mi interlocutor ni robar la atención de mi
lector; pues siendo sinceros, todo cuanto dijese no sería otra cosa que invenciones
propias de quien habiendo vivido una vida de indecisiones, tropiezos y errores –cual
si fuese yo un típico hombre del montón- no alcanzaría yo a llenar, ni siquiera
con un colorido relato de mi vida, la
corta imaginación de un inocente niño de dos años.
Otros hombres, partirán lejos de casa para alcanzar su
sueños; aspirarán a cruzar grandes metas; superarán fronteras que se pensaban
infranqueables; obtendrán condecoraciones; se convertirán en héroes; se les
reconocerá por sus maravillosos dotes de humanidad y solidaridad; serán ejemplo
para miles; serán recordados por la historia; cambiarán el rumbo de vida de
quienes les siguen…
Yo, ehhh.., mi vida, mi cotidianidad, no da para tanto.
Mas si usted presta atención a lo que aquí escribo, se dará
cuenta que ironizo en la base misma del argumento: pues no hay una mente más
fértil para la imaginación, que la de un niño de dos años, que vive y se
desvive por superar retos y alcanzar metas, conviviendo a diario con súper
héroes y como es lógico, queriendo ser uno de ellos. Un niño a quien de por sí,
cuando algo no le parece, vuela por los aires para irse lejos; y si algo le
desagrada, le dispara rayos para destruir eso que le importuna.
Por eso le advierto a usted, para que lo sepa y no le agarre
desprevenido, que yo, en ese campo fértil, también vuelo, soy poderoso, disparo
rayos cuando algo no me gusta y salvo a quien necesita ser salvado. Cruzo
fronteras, me condecoran, soy un héroe enfocado en ayudar a los demás. Y ante
todo y sobre todo, trato a diario de cambiar el rumbo de vida de ese niño de
dos años; y la de otro niño, un poquito más grande también.
En serio: si hablásemos de mis proezas, logros o hazañas, confesaría
que realmente no tengo una sola.
Pero en cambio, no necesito partir lejos para alcanzar mi sueño.
Mi sueño, es mi vida.
Mi
vida, mi mayor alegría.
Y mis hijos, el
fruto de ella.
