martes, 16 de octubre de 2012

Llueve

Hoy llueve. Ayer no. A veces parece octubre. A veces no.
Los inviernos ya no son lo que solían ser.
Hoy, llueve torrencialmente y luego llega la calma.
De niño, recuerdo que llovía torrencialmente y no llegaba la calma. Hasta horas después.
Y había temporales.
Y yo no escuchaba de inundaciones.
Las inundaciones, ¿son el resultado del crecimiento demográfico? ¿De la tala indiscriminada?
¿Del congestionamiento urbano? ¿Culpa suya? ¿Culpa mía?

Es octubre. Y hace 25 años, sí llovía en octubre.
Cuando era adolescente, tenía que esperar a que escampara, al atardecer, para salir
a dar una vuelta.
Todas las tardes.
Con el uniforme del colegio, las faldas por fuera y las manos en las bolsas, recuerdo
las tardes.
Todas esas tardes de colegio.
No usaba suéter. No lo necesitaba. Nunca sentía frío.
Y no usábamos condominios. Ni guardas. Ni cámaras para filmarlo todo.
Como ahora, tenía amigos y no los tenía. Eran contados con la mano.
Siguen siendo los mismos. Los que tengo y los que no.
Y caminaba solo.

Y apenas caía la tarde, volvía a casa. Para que mamá no se preocupara.
Y a terminar tareas. A sentarme en la mesa de la cocina.
Y ver a mamá preparar la cena.
Mamá decía que cuando era niña, llovía mucho. Temporales de días.
Y yo pensaba en 'esos' años, sin entender que era solo 25 años atrás.
Como yo y como ahora que le cuento a usted este cuento.
25 años.
Mamá nos hacía la cena. Con todo su amor.
Su cuchara era el cielo.
Es el cielo.

Las tardes lluviosas de octubre, me recuerdan que el tiempo vuela.
Que quiero salir a caminar, con las faldas por fuera y las manos en las bolsas.
Por el barrio.
Todavía hay tiempo.
Hoy es un buen momento.
Y como no soy yo quien lo decide, le pido a Dios que me regale vida.
Algunos años.
Bueno, muchos.
Pues ya no camino solo.
Y quisiera volver a escribir sobre las lluviosas tardes de octubre.
Dentro de 25 años.