Hoy más que nunca debemos insistir en la importancia de participar de forma activa y positiva, si queremos un mejor país. Opinar destructivamente y pensar que de esa forma estamos construyendo algo, puede ser (y lo está siendo), una forma muy sutil de traerse abajo el esfuerzo de sostener con buen rumbo a Costa Rica.
Una de las falacias más comunes en Twitter (el tico, claro está) es precisamente el opinar negativamente y simultáneamente pensar que de esta forma se está contribuyendo con el desarrollo del país. Lo cierto es que tanta crítica ha socavado el inconsciente colectivo y el pesimismo ha llegado a su punto más alto. Y es que sucede que los medios periodísticos sustentan una buena parte de sus opiniones, en tuits de personas inescrupulosas que tienen como hobby criticar. Los ejemplos sobran, al punto que hoy mismo, los ticos nos hemos dedicado a criticar nada menos que a Nery Brenes, baluarte de nuestro selecto grupo de atletas élite.
¿Qué relación tienen los tuiteros con los periodistas?
¿Qué relación tienen los tuiteros con los periodistas?
La responsabilidad de los periodistas es muy similar a la de los políticos, pues sus puestos y opiniones son de caracter público; y la retórica con que algunos periodistas dirigen sus progamas (particularmente los de más alto rating -en especial los radiales y un poco menos, los televisivos-,) ha contribuido enormemente a la percepción negativa que todos tenemos del gobierno, la economía, la educación, la seguridad, etc., etc. Y como bien lo señaló un conocido, si alguien leyese los tuits ticos, sin conocer el país, pensaría que Costa Rica es algo así como Ciudad Juárez.
Si el pequeño grupo de tuiteros tiene tanto impacto en la opinión nacional -pues los periodistas retuitean verbalmente, extrapolando una idea hasta hacerla permear a un gran segmento poblacional- es hora de poner cuidado al periodista y su opinión. Porque siendo todos responsables del rumbo de nuestro país, debemos ser más críticos de nuestros periodistas, y no solamente del gobierno...
Estamos a once años de convertirnos en una nación bicentenaria. No hay un mejor momento histórico para fortalecer en nuestros niños y jóvenes los valores patrios, la emoción cívica de celebrar fechas conmemorativas de días cruciales para nuestro país. Porque los méritos de nuestros antepasados están ahí para ser admirados por todos. Méritos que deberían señalarnos a cada uno de nosotros, el camino que debemos recorrer si queremos construir una patria que se reconozca por contar con ciudadanos optimistas, solidarios, emprendedores.
El discurso presidencial de doña Laura señalaba, como “' un imperativo ético escuchar, poner oído atento y deliberar. Esta premisa orientará la acción de mi gobierno. Guiado por ella, abriré las puertas a todas y todos los costarricenses; no sólo a los partidos políticos y a los gremios sociales o empresariales, sino también a los ciudadanos que a menudo nadie representa. Mi gobierno se esforzará en ser de todas y de todos, en procura siempre del bien común, con respeto y mente abierta'”.
Otro discurso. Y tengo la sensación de que no hemos visualizado la importancia del mensaje. Porque si en verdad queremos lo mejor para el país, debemos aprovechar el espacio y el ofrecimiento a participar. Y hacerlo con responsabilidad. El mismo discurso señala que vivimos en un período de múltiples desafíos, los cuales, no hemos podido controlar, sino que con el paso del tiempo han ganado terreno, tal vez porque no nos hemos querido comprometer ni con los gobiernos pasados, ni con el país.
EL discurso presidencial de John F. Kennedy del 21 de enero de 1961 es y ha sido desde siempre considerado como uno de los mejores de la historia moderna. Una obra maestra. Es un discurso poderoso y bien orquestado. Congruentemente menciona las palabras “libertad”, “nuevo”, “generación”, “planeta”. Es un señalamiento de las implicaciones de la Guerra Fría y la responsabilidad de sus actores. En resumen, una verdadera disyuntiva: el poder del hombre para abolir toda forma de pobreza y al mismo tiempo para suprimir toda forma de vida humana.
Los propósitos que Kennedy quería transmitir, sus metas, su entusiasmo, guiaron gran parte del siglo XX. Y dentro de estos propósitos, hacía un llamado al servicio a los demás. Una promesa a los pueblos del mundo que quisieran derribar la miseria, “a ayudarlos a ayudarse a sí mismos”. Aquí está la clave. Porque podemos tener las mejores intenciones de ayudar, o de cambiar a otros. Pero nosotros no podemos hacerlo. Son ellos mismos quienes se ayudan y se cambian a sí mismos. Nosotros somos ese instrumento, ese puente, que lleva la oportunidad a la persona necesitada, para que salga adelante. Y hacerle ver, que debe esforzarse si quiere mejorar su vida y la de su familia. Decía Kennedy: “Si una sociedad libre no puede ayudar a los muchos que son pobres, no podrá salvar a los pocos que son ricos”.
Ayer y hoy. Y así, quien tenga hoy 75 años de edad, era un muchacho en 1961. Y hoy, cincuenta años después, los muchachos de ayer y los muchachos de hoy, seguimos buscando alcanzar los mismos objetivos, los cuales nos hacen a todos, sin importar la edad, miembros de una sola generación, la cual será juzgada en los años por venir como esos hombres y mujeres que heredaron un mundo, con desafíos, sí, pero al mismo tiempo lleno de oportunidades para ayudar, para opinar y deliberar, para aportar'”así pues, compatriotas: pregúntense, no lo que su país puede hacer por ustedes, sino lo que ustedes pueden hacer por su país'”.
