A veces me sorprenden; a veces me confunden; a veces me engañan.
Sentimientos que juegan con mi propio ser.
Sentimientos que varían día con día.
Sentimientos que me dominan.
Ideas que confunden.
Ideas que convencen.
Y ellos.
Los cartujos.
¿Porqué?
Eso que me hace cantar.
Y la música que me alegra el corazón.
Es la música que me hace llorar.
El niño de dos años: Confía. Sabe. Se entrega. Exige. Ríe y llora. Es feliz. Es él mismo.
Mujeres que siendo ya mujeres, sufren porque piensan que siguen siendo niñas.
Hombres que siendo ya hombres, hieren porque juegan como si fueran niños.
El amigo que da su nombre. Pero no su cara.
El amigo que da su mente. Pero no su nombre.
El amigo que no es.
El amigo que no confía. No me conoce.
Hasta que confíe.
Cuanto tiempo perdido.
El recuerdo de música nostálgica.
La recuerdo para sentirme feliz.
Para sentirme mal.
Es la música que me hace llorar.
La máscara del conocido.
La máscara del amigo.
Mi máscara.
Hoy te quiero. Mañana te olvido.
El beso.
El abrazo.
El sentimiento que emociona. Que da vida.
El abrazo que supera al beso.
El corazón noble. El corazón bueno.
El corazón que nadie ve pese a estar ahí.
Tan bello. Tan radiante. Tan invisible.
Y la disciplina.
Del trabajo. Del amor. Del deporte. De la salud.
Del aprendizaje. Del sexo. Del dolor. De la soledad.
De la oración. De la emoción contenida. De la máscara.
Quiero ser un niño de dos años.
Quiero ser tu amigo.
Hombres que sufren como hombres.
Mujeres que sufren como mujeres.
Nadie me comprende.
¿Alguien te comprende?
La voz que me dice que no pida ayuda.
El tiempo me da la razón.
Hay que recuperar el tiempo perdido.
No queda mucho.
Nunca tenemos tiempo.
Y las curvas.
Te deseo.
Y yo, ¿te gusto al menos?
¿Existo?
Sonrío.
Me estoy haciendo viejo.
Pero creo que no.
El silencio entre dos amigos.
Es cuando se alcanza la madurez plena.
Me callo para no decirte lo que pienso.
Te escucho. Y no decís palabra.
La voz que dice que me calle.
La voz que me habla siempre.
La voz me dice que existo.
Aunque no me da esperanza.
Pero sí fuerza.
Y el corazón que grita. Sin voz.
Sin vos, ¿quién soy?
Nadie.
Soy como quiero ser.
Lo tengo todo.
No tengo nada.
Te amo.
No tengo dos años.
La mirada.
La sonrisa.
La belleza interior.
Las palabras que no se dicen.
La conexión.
Tu mirada.
Tu sonrisa.
Personas que son como calles.
A veces sorprenden; a veces confunden; a veces engañan.
Hay palabras que deben decirse.
Para ser amigos.
Para ser auténticos.
Para el amor.
Para ser.
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Soy hombre , he nacido,
tengo piel y esperanza.
Yo exijo, por lo tanto,
que me dejen usarlas.
No soy dios: soy un hombre
(como decir un alga).
Pero exijo calor en mis raíces,
almuerzo en mis entrañas.
No pido eternidades
llenas de estrellas blancas.
Pido ternura, cena,
silencio, pan, casa...
Soy hombre, es decir,
animal con palabras.
Y exijo, por lo tanto,
que me dejen usarlas.
Pablo Neruda