lunes, 9 de abril de 2018

Sacrificio

Explica Peterson que el sacrificio es la forma como el hombre negocia con su futuro. No solo el futuro como tal, sino consigo mismo. Es decir, con el yo del futuro. Esta negociación se hace a expensas de obtener un mejor porvenir que el actual y bajo la mirada de quienes me rodean. Esta presunción, la de saber que quienes me rodean tienen una expectativa sobre el resultado positivo de mi sacrificio, no es sino el significado de algo más grande: el futuro es ahora un padre que me juzga.

¿De dónde proviene ese concepto del sacrificio? ¿Es algo bíblico? Ahorita le llegamos a eso.

Pero primero, debemos viajar  miles de años atrás, cuando el ser humano tenía la suerte de encontrar un mamut y matarlo para aprovechar su piel y su carne. Es cosa de la suerte suponer que un hombre, con tanta carne para consumir, se vea  muchas horas después todavía con mucha carne para consumir. Esta "suerte" le abre una posibilidad en su cabeza; un escenario en donde puede darse el lujo de no sentir hambre debido al exceso de comida que tiene frente a sí. El problema, es que esta carne se pondrá mala y deberá consumirla hoy mismo o la perderá. ¿Será que la pierde?

El hombre sabe que para no perder la carne debe compartirla. Primero lo hará con quienes él convive. Pero si aún sobra, ¿debería compartirla con alguien más? ¿Será esto sacrificar lo que tiene? Compartir la carne con alguien más significa transmitir dos mensajes: que  soy un proveedor y que soy de confiar. Y tal vez un tercer mensaje: que soy generoso y amable; y pudiera ser, que cuando al tercero le sobre carne, él tal vez se acuerde de mí y también comparta conmigo lo que le sobra de alimento.

Cuando el hombre sacrifica lo que tiene para darlo a los demás, crea una reputación en su propio ser, nace aquí el concepto de 'moral' y de paso, abre la puerta a lo que conocemos como 'contrato social'. Esto, claro, luego se hizo más sofisticado e inició como un ritual de sacrificio a los dioses, pues daba la apariencia de que aquel que más sacrificios hacía, recibía más beneficios del cielo. Nuestros ancestros no lo entendían bien pero lo actuaban con este rito - la primera forma de hacer arte del ser humano- ya que sí parecía dar resultado.

 Fue con el paso del tiempo que este concepto sofisticado de sacrificar algo para los dioses se profundizó en su entendimiento. Pues ahora parecía que aquellos que se sacrificaban más, les iba mejor. Quienes hacían sacrificios, tenían que guardar, hacer reservas, ahorrar. Sobreviene una idea articulada: el exitoso es quien hace sacrificios. Esto sin duda tomó miles de años. No es tan sencillo darse cuenta de quienes tienen éxito y quienes no. Pero todo se desarrolla de forma que aquel que se convirtió en una persona productiva y de confianza y que comparte lo suyo, tiene una reputación tal que cada vez mejora en su calidad de vida. Y quienes le rodean se ven beneficiados de esta forma de actuar. Y yo, ¿qué debo hacer para tener la misma suerte de los dioses? Lo mismo: ser productivo, ser confiable, ahorrar y hacer sacrificios al dios del futuro.

Luego, parece que el sacrificio toma otra dimensión. Yo juzgo mi vida de acuerdo a mi propia escala de valores, de forma que cuando me comparo con los demás, sé si estoy bien o estoy mal. Cuando mi escala de valores es pobre, me conformo con poco y la mediocridad se abre paso, probablemente porque me siento más a gusto divirtiéndome o haciendo cosas que son atractivas según mi propia escala, pero que, al fin y al cabo, son poco productivas. De esta forma llega un día en que me topo de frente a alguien exitoso, alguien que vive mejor que yo, alguien que tiene más fortuna que yo, que tiene más suerte, alguien a quien le quieren y le respetan más. Y yo, me doy cuenta que mi escala de valores está equivocada. Nadie me quiere, no tengo suerte ni mucho menos futuro. Y entonces hago conciencia en una cosa: que mi actual escala de valores ya no me sirve. Que debo sacrificar lo que más amo (según mi actual escala de valores: la diversión) si quiero convertirme en una mejor persona. Solo si sacrifico lo que más quiero podré tener un mejor futuro. Aunque hay que sacarle más detalle y profundidad (y punta al lápiz), esto se representa en forma de arquetipo en la historia de Abraham y su hijo Isaac.

Este Dios del mundo occidental, es exigente, es un padre que te juzga por tus sacrificios, que te exige moralidad en tus actos y también ética. Y también sacrificio para ser una mejor persona (Otro día escribiré sobre la revolución de lo que significó Dios y su Decálogo en tiempos en que para los hombres, tener dioses, era para ver cual era el dios más fuerte y poderoso, no el más ético). La conceptualización del dolor y el sufrimiento derivados del sacrificio son los pilares del arquetipo de la religión cristiana. El mayor sacrificio es dar tu propia vida por los demás. Es dar a otros eso que más amás.

El mundo no es 'felicidad'. Los progresistas y ateo-nihilistas, se han desenfocado al pensar que fin último de la vida es la felicidad; y cuando no la obtienen, sus vidas dejan de tener sentido. No. La vida es difícil, es de dolor y sufrimiento. Y ésto es lo que le da significado. Porque mi superación depende de mis sacrificios. El estudiante de medicina sabe que tendrá que sacrificar 10 años de su vida -en que podría salir y divertirse con sus amigos- con tal de tener un mejor futuro. Por eso no es solo 'creer' en Jesús lo que hace a un cristiano, sino seguir su ejemplo. Aunque suene un poco raro el ejemplo, el ateo que se sacrifica y trabaja horas y horas extra para dar lo mejor de sí a los demás en su trabajo, de algún modo sigue mejor el ejemplo de Jesús, que un creyente vagabundo, que teniendo talentos, no los aprovecha.

Cuando los padres toman la decisión de tener un hijo, lo saben perfectamente: ¿qué sentido tiene traer un niño a este mundo a sufrir? ¿No es una de las preguntas fundamentales que nos hacemos los padres? Hoy se celebra la fiesta de la Anunciación del Señor. Es el mensaje de aceptar la voluntad de Dios como lo hizo María. Ella sabía que su hijo vendría al mundo a sacrificar su vida por los demás. Y de nuestra parte, es entender que el fin último en nuestras vidas consiste en ser las mejores personas que podamos ser. Esa es la voluntad del Padre. Y cuando aceptamos el sacrificio, lo trascendemos. Como lo hace María.

¿Hacia adónde apuntan nuestros sacrificios y nuestro futuro?