sábado, 23 de septiembre de 2017

70 años

Mil novecientos cuarenta y siete. Costa Rica ya tiene las bases para convertirse en un gran país y - siendo pragmáticos- podemos decir que casi casi todas las personas tienen en ese momento histórico la  misma oportunidad para salir adelante, pues hay algo que los une a todos: la pobreza.

Esta "pobreza" es solamente económica, porque sin duda la calidad de vida era inmensamente mejor. Si hablamos de las oportunidades, las había mayores y mejores. Esto debido al crecimiento demográfico, social, cultural, político, económico y educativo que se viviría en los años siguientes.  Y si vemos la vida desde los ojos de un niño de la época, la vida, aún con sus necesidades económicas, era perfecta: potreros para correr y jugar, árboles para escalar, amigos para compartir libremente en las calles sin los peligros de hoy en día, en fin. Y estas condiciones se daban no solo en la vida rural sino también en la urbana.

La familia Mi papá creció en Barrio México en una casa de madera y piso de tierra. Estas condiciones eran propias de la época y él me cuenta que fue poco a poco como se fueron haciendo mejoras en la casa, ya entrada la década de los '50. Al nacer lo llamaron Juan Rafael, como a mi abuelito, un hombre oriundo de San Juan de Santa Bárbara de Heredia (ahora ya entienden porque soy yo fiel aficionado al Team) quien no viendo muchas oportunidades en su pueblo, se viniera a probar suerte a San José. Y no teniendo mucha experiencia en un oficio particular, logró convertirse en policía por ser un señor de moral intachable. Además, por ser un hombre ya grande, rápidamente fue designado como Jefe del Resguardo Fiscal (tarea compleja porque debemos recordar que eran años en donde se daba una guerra sin cuartel contra el guaro de contrabando). Era entonces un trabajo cotidiano de condición peligrosa el que hacía mi abuelo, quien por cierto, tuvo que recorrer el país persiguiendo  a los que delinquían de esa forma.

Quienes conocen a mi papá entenderán que esa moral intachable fue heredada por su padre; pero no olvidemos que detrás de todo gran hombre, siempre hay una gran mujer. De ahí que mi abuelita Julia fuera igual o más severa que mi abuelo. De ella, mi papá aprendió a ser recto, ordenado, obediente; pero también de ella recibió el cariño y el amor que solo una madre puede dar a sus hijos. Pobreza, sí, pero solo económica, porque mi papá siempre vivió en familia con sus padres y hermanos. Y si vivir en familia es una bendición, vivirla llena de aventuras lo es más. Porque resulta que a raíz de la persecución que mi abuelo ejercía contra los contrabandistas, mi papá conoció el país entero, saltando de pueblo en pueblo y de escuela en escuela y viviendo esta gran aventura de su niñez a lado de su hermana Leida y su hermano German.

Pulso Claro que hay muchas anécdotas que mi papá vivió en esos pueblos y también en el Barrio, pero hay una en particular que refleja la dulzura que emana del corazón de mi papá. Resulta que en la casa, mi abuelo tenía una escopeta de balines que por lo vieja, disparaba de forma torcida, en curva. Es decir, había que tener destreza para calcular no solo la dirección sino también entender la velocidad y la curvatura del balín si querías acertar en el blanco. Un día papi vio un pajarito en la rama de uno de los árboles del patio y pensó: a éste me lo apeo con la escopeta. Fue, la trajo, hizo los cálculos correspondientes y ¡¡zás!! tenía tan buen pulso que se apeó al pobre pajarito en su primer intento. Ese día, un niño de 11 años se dio cuenta de la gran tragedia que representa arrebatar la vida a un ser vivo sin razón alguna. Esta lección se mantiene hasta el día de hoy y mi papá no es capaz de matar a un animalito o cortar un árbol si sabe que en él, hay vida.

Qué es ser cool Mi papá hizo la secundaria en el Liceo de San José, pues vivía a escasos 250 metros de distancia. A mi abuelo poco le importaban las notas del colegio a excepción de una materia: "No me traiga un cien en una y un cincuenta en otra; mejor me trae dos setentas. Pero en conducta...en esa me trae un 100". Esto le valió para tener siempre un perfil de buen muchacho, educado y respetuoso, valores que al momento de graduarse le abrieron las puertas para ingresar a trabajar al Instituto, pues en El Barrio vivía un señor que trabajaba en el INS y que le ofreció trabajo justamente por estas cualidades.

Justo cuando papi cursaba el quinto año del colegio Los Beatles invadían el país. Yo mismo no me puedo imaginar qué tan cool era vivir esa época con sus amigos del Barrio, esa época de música y moda, en que se imponían los zapatos estilo botines, trajes enteros que se vestían en el día a día (me cuentan que algunos le decían "dandy" por su forma impecable de vestir), cabello perfectamente recortado y peinado, y ese elemento "cool" con que los bombardeaban en anuncios de la prensa y en películas de cine y que no podía faltar: el cigarrillo. Confieso que tenía un folletín de fotografías de 1965 que he extraviado y me duele en el alma porque eran justamente las fotos que ellos se tomaban haciendo poses extravagantes y en donde más allá del vacilón, lo que se transpiraba en ellas era la juventud, la energía, las sonrisas de los muchachos y la dulzura que se respiraba en el aire.

Creo que al igual que la mayoría de las personas de la época, los muchachos se casaban muy jóvenes y ya para 1971 mis papás tenían un año de casados y un niño. Es ahí cuando la vida pasa la página y mi papá se convierte en un señor. Cuando yo veo -por ejemplo- las fotos de él siendo Regidor Municipal de Moravia en el año 1978, se ve un señor seguro, serio, maduro. Y en ese momento es solo un hombre de 31 años de edad. A partir de entonces, mi papá ha sido siempre el mismo y yo debo decir que si hay algo que admiro de él es su certeza en un principio que más allá del trabajo y las responsabilidades laborales, es un pilar que rige su vida desde siempre: la familia es primero.

Ser el mejor Sin importar los sacrificios que ésto implique y por encima de sus intereses personales o sueños, mi papá siempre ha estado ahí, para nosotros. Por esa razón es adorable, admirable, amado. Papi, por ejemplo, nunca ha sido un hombre particularmente religioso o espiritual. Sin embargo, fiel a la cultura cristiana en que vivimos, cumple -sin siquiera proponérselo- los 10 mandamientos al pie de la letra, pues son principios fundamentales en la vida de un hombre recto. En una época en donde lo cuestionamos todo, yo cuestiono a los hombres que hoy y siempre se van  a rasgar las vestiduras en una iglesia pero luego salen de ahí para ser malcriados con los demás, a ser hombres corrientes, sin valores o sencillamente malintencionados. Mi papá no es así. Él valora ante todo el respeto hacia las demás personas, la cortesía, la humanidad. Otra confesión: escribiendo ésto me doy cuenta que aunque siempre me he enorgullecido de nunca haberme emborrachado en 46 años de vida, lo cierto es que es por su ejemplo, pues nunca lo vi emborracharse. Su ejemplo, es mi obligación, no como si fuera una competencia para ser mejor nada más. Es para intentar ser un mejor hombre, como lo es él.

Un par de datos curiosos 

* Mi papá jugó beisbol al punto de que llegó a ser pitcher de primera división. En la casa de mis papás hay recortes de periódicos de la época, en donde se narra que el pitcher Juan Araya despacha a 18, 20, 22 jugadores en un solo partido, todos ponchados, porque usando la misma destreza y pulso para apearse al pajarito, aquí aplicaba su habilidad pero a los jugadores del otro equipo, ponchándolos a todos. Él me cuenta que cuando empezaba su carrera de beisbolista, la única vez que su papá los fue a ver a un partido (pues su hermano German también jugaba en el equipo), mi tío pegó dos jonrones y él, uno.

* En 1994 las nominadas al Oscar como mejor película fueron Forrest Gump, Pulp Fiction, The Shawshank Redemption y Quiz Show. Creo que nunca ha sido tan difícil escoger una mejor película como ese año. Pero entre todas hay una que encierra una lección de vida para mí. En Quiz Show, una película que narra hechos de la vida real, el prominente profesor de Columbia University, Charles Van Doren (Ralph Fiennes) participa en un concurso de TV llamado Twenty One de la cadena NBC (año 1958). Debido al éxito en los ratings con el ingreso de Van Doren al programa, NBC decide darle por adelantado, las respuestas a las preguntas del programa siguiente. Tarde o temprano se hace público este hecho, lo que se convierte en un escándalo.

El problema es que Charles tiene un papá, Mark Van Doren, quien es catedrático de la misma universidad. Cuando Charlie le confiesa al papá el problema en el que está metido, su padre con razón lo cuestiona; y éste se defiende diciendo que en todo caso si existieran implicaciones -sobre todo el cuestionamiento público de la ética profesional con la que ejercen su profesion como docentes- no le debería importar, porque es su vida, a lo que su padre le responde, que se equivoca: "Your name is mine". Para mí esta película marcó el inicio de mi carrera como agente de seguros, pues justamente un año después (Junio de 1995) decidí trabajar en lo mismo que mi papá, pero a sabiendas que yo jamás podría cometer ningún error ni falta, pues al hacerlo, no mancharía mi nombre, sino el de él.

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Hoy estamos de manteles largos. Mi papá cumple hoy 70 años de edad y aparte de la bendición que esto representa y que siempre tengo muy presente (pues con mucho dolor recuerdo a los amigos que perdieron a sus padres a muy temprana edad), pienso que aunque no ha sido un súper héroe, ni un activista social en favor de causas nobles, ni tampoco un aventurero, valoro mucho tenerlo a mi lado. Así, como es. Y estas líneas que le dedico a él, son para compartirle a todos ustedes, que lo amo.