Estamos en pleno Triduo Pascual y con todas las cosas que suceden allá afuera es importante repasar algunas.
Lo primero tiene que ver con el incendio de Notre Dame (Nuestra Señora) y nuestra tropicalización del tema. Y para entenderlo, nada mejor que respondernos algunas preguntas:
¿Quién juzga a los donantes para la reconstrucción?
¿Y si se nos cayera la Basílica de los Ángeles? ¿Donamos el dinero a los pobres? ¿Si soy ateo o no católico, debería donar o mejor celebro?
¿Y si la que sufre es la iglesita del pueblo? ¿La levantamos o la dejamos así?
¿Y quienes deciden en qué utilizo yo mi dinero? ¿A quienes o a cuantos ayudo yo, le importa a estos 'jueces'? ¿Lo divulgo para que no me juzguen; o si regalo todos mis ingresos a los pobres igual me juzgarán?
Muchos años antes de construir Notre Dame, los celtas celebraban en esas mismas tierras, sus propias ceremonias religiosas. Y luego, los romanos construyeron un templo dedicado a Júpiter (lo sabemos gracias al descubrimiento en Notre Dame, del llamado "Pilar de los Barqueros", el monumento más antiguo de París). Posteriormente los cristianos erigieron la primera iglesia de París: la Basílica de Esteban (528). Para 1160 el Obispo Maurice de Sully decide construir una iglesia acorde a la ciudad: Notre Dame. ¿Porqué?
Derivado de las escuelas catedralicias (desde San Agustín (354-430) que impulsa las artes liberales, esto es, gramática, dialéctica y retórica (trivium) y aritmética, geometría, astronomía y música (quadrivium); y luego Carlomagno (742-814), con su reforma educativa carolingia, hasta establecerse tres siglos después en todo occidente las "universidades medievales", Paris se convierte hacia el siglo XI en la ciudad con mayor desarrollo cultural, político y académico en todo Occidente. El símbolo más esclarecedor de los tiempos que vivía París es la fundación de la Universidad de París, nada menos que como un anexo adscrito a la Escuela Catedrática de Notre Dame en 1150. Recordemos que la Universidad de Paris (Sorbona) es la segunda universidad más antigua en Occidente después de Oxford.
Quemando a Nuestra Señora
En Costa Rica se ha desatado una discusión en torno a la necesidad de levantar Notre Dame de sus cenizas. Lo grave es que sin darnos cuenta, muchos de nosotros señalamos como innecesario ese esfuerzo, sin percatarnos de que somos víctimas del discurso neomarxista de la deconstrucción del hombre, la mujer, el niño y Dios. Así, cuestionamos sin querer nada menos que un templo que simboliza los valores y las tradiciones que nos hace ser quienes somos hoy en día.
Para peores, al negar la posibilidad de reconstrucción estaríamos dándonos la espalda a nosotros mismos, justamente porque hemos sido nosotros quienes hemos levantado estas iglesias y estas instituciones educativas a lo largo de mil años. El respeto por nuestros antepasados así como nuestra responsabilidad histórica de redimir su esfuerzo construyendo un mundo cada vez mejor, debería ser SIEMPRE nuestro norte. Por eso insisto: si usted se descubre defendiendo consignas contrarias a la Iglesia o los valores o tradiciones, está siendo presa del discurso marxista posmodernista que pretende destruir lo que tenemos y lo que somos. Aclaremos algo: Una cosa es querer que las cosas mejoren o cambien para mejorar (y es nuestro deber exigir que la Iglesia corrija y mejore). Otra muy diferente, desear que estas instituciones se destruyan o desaparezcan.
Fieles a su estilo, en La Nación siguen publicando artículos contra la Iglesia sacando de contexto temas puntuales con el agravante de utilizar además ejemplos de otras religiones y otras épocas. La victimización empobrece a las personas y en especial a los más jóvenes. Hay que tener cuidado y criterio para darse cuenta que los medios también viven su cruzada para "matar a Dios", es decir, el nihilismo transpira en el "cuarto poder". Así, mientras quemamos a Nuestra Señora en una camiseta, los medios defienden lo indefendible. No porque no tengan la libertad de hacerlo (la libertad de expresión consiste justamente en que los idiotas digan lo que quieran decir y estoy de acuerdo en que digan cuanta estupidez quieran), sino porque lo hacen escudados nada menos que en una Escuela de la UCR. Y es que, estas ideas, de por sí odiosas porque atacan directamente valores sagrados de otras personas, se toman no solo por verdaderas sino algo peor: se valida el odio por lo sagrado desde la misma Academia.
Los rosetones de Notre Dame
Me sorprende que los amantes del arte no se hayan manifestado a favor de la reconstrucción de Notre Dame. Si bien no es la mejor manifestación de arte gótico en Francia pues hay muchos más, deberíamos referirnos al arte gótico, a sus arbotantes, arcos apuntados, bóvedas de crucería o de cañón apuntado. Al hecho de que estas iglesias góticas de hace casi mil años, merecen admiración por su belleza y también porque nosotros los occidentales hemos sido capaces de mantenerlas en pie todo este tiempo. ¿Cómo se nos fue a quemar Notre Dame?
Les presento un extracto con la explicación por demás interesante, de los tres rosetones que al parecer, no sufrieron daños:
"Estos tres rosetones son el del Oeste (1220), encima del órgano mayor que lo oculta a medias, y los dos rosetones simétricos de las naves Norte (1250) y Sur (1270) del crucero que, según la tradición, hubieran sido dados por San Luis. Los tres son en gran parte de origen, a pesar de las imprescindibles restauraciones y limpieza.
Está constituido el rosetón oeste de un medallón central que representa a la Virgen con el Niño, rodeado de tres grandes círculos concéntricos. En torno al hueco central está la serie de los doce profetas menores, que anunciaron la Encarnación de Jesús. Los otros dos círculos exteriores oponen en la parte alta doce virtudes y doce vicios y, en la parte baja, asocian las faenas del campo a los doce signos del zodíaco. El número de doce, producto de tres por cuarto (tres, símbolo de la Trinidad, cuatro, símbolo de lo terrestre) simboliza la Encarnación.
Está dedicado al Antiguo Testamento el rosetón Norte. Predomina el color morado, señal de espera y de esperanza de la venida del Mesías. En tres círculos, están representados ochenta personajes : profetas, reyes, jueces y sumos sacerdotes. En el centro, de nuevo se encuentra la Virgen con el Niño, realización de la promesa y, por eso, que une el Antiguo Testamento al Nuevo.
El rosetón Sur es el del Nuevo Testamento. Predomina el color rojo y su orientación lo hace mucho más luminoso. Lo constituyen veinticuatro medallones repartidos en cuatro círculos y que figuran apóstoles, mártires, obispos así como escenas del Evangelio. El medallón central, creación del taller de Viollet-le-Duc, representa a Cristo, el Cristo del Apocalipsis rodeado del tetramorfos..."
La fe para ser mejores personas
Tanto ateos como creyentes, todos tenemos siempre nuestra mirada puesta en Jesús. Él siempre es el referente, es el ejemplo a seguir. Su mensaje es tan potente, que dos mil años después seguimos sin comprenderlo a plenitud. Es innegable su existencia y su impacto en el ser humano. Y no me quiero desviar del tema ni entrar en lo que algunos llaman el misticismo de su resurrección (para nosotros los creyentes hay evidencia suficiente para depositar nuestra fe en la certeza de esto como un hecho histórico). Me parece que tampoco hace falta referirse a los milagros.
Somos los hombres y mujeres los responsables de todo lo bueno y todo lo malo que sucede en nuestro mundo. Nuestra avaricia, codicia, gula, envidia, egoísmo, lujuria, ira, es lo que ha hecho que miles vivan con necesidades. Y somos los responsables de todas las barbaridades que se han vivido desde el inicio de los tiempos.
Pero no todo lo hemos hecho tan mal. Nunca en la historia de la humanidad tantas personas viven tan bien como lo hacen hoy. ¿Tenemos que mejorar? ¿Podemos mejorar? Sin duda...y es nuestra obligación hacerlo. Para redimir a nuestros antepasados y para las futuras generaciones. Pero sobre todo porque haciéndolo, nos acercaremos más al ejemplo perfecto de humanidad que nos enseñó nuestro Maestro. Seamos ejemplo de lo bueno. Yo intentaré empezar por ahí.