Si pudiese transportarme al pasado para hablar conmigo mismo, probablemente sería precavido al aconsejarme y asesorarme. No estoy seguro de que un consejo bien intencionado pueda realmente traer una mejora sustancial en la vida tal cual la conozco.
Normalmente cuestiono todo a mi alrededor y juzgo mucho pero en silencio. Aprendí que es difícil cambiar a las personas y me duele el no tener el poder para ayudar a quien lo necesita. ¿O es que no quiero ver que sí lo tengo?
Como todo es relativo, y la relatividad va en función de cada quien, puede que para algunos, un gran esfuerzo signifique para otros, algo cotidiano. Lo cierto es que luego repasaré mi primer intento fallido de querer ayudar, con un resultado inesperado por creer en la gente de forma tan ingenua. La próxima vez que extienda mi mano para ayudar a otros a crecer, surgir o superarse, tendré menos expectativas y seré más realista. Con 40 años encima, no soy tan maduro como lo eran los hombres de antaño...
